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La primavera, la sangre altera

martes 22 de marzo de 2011, 10:40h
Aunque no tienen calendario, las aves silvestres tienen un reloj biológico muy exacto y, puntualmente, ponen sus huevos en primavera. Esto es así porque existe una vía neurológica que va desde la retina ocular hasta el hipotálamo, una zona situada en el centro del cerebro desde la que se regula la secreción de todas las hormonas. Los días de Abril a Junio tienen muchas horas de sol y la luz que llega a la retina activa a través de esa vía el hipotálamo y se despierta la actividad hormonal. Esa vía neurológica no está sólo en las aves, también la poseemos nosotros, hombres y mujeres, y ha de tener una función similar.

Las hormonas son sustancias con acciones muy diversas, metabólicas, de crecimiento, sexuales y psicológicas. Aunque reguladas desde el cerebro, las hormonas se fabrican en las glándulas endocrinas repartidas por todo el cuerpo, como el tiroides, las suprarrenales, los ovarios o los testículos. Cada glándula fabrica sus hormonas específicas y las vierten a la sangre que las lleva a todas las células del organismo. El saber popular lo capta y lo dice a su manera, la primavera la sangre altera.

Es verdad que hay otras razones menos neurológicas para que se nos altere la sangre en primavera. Y es que el frío del invierno cede, la ropa de abrigo sobra, la moda de primavera llega, los cuerpos se broncean y… estallan las flores. Bendita alteración que todo lo llena de vida. Los árboles desnudos que parecían sin vida despiertan cargados de flores. Los animales entran en celo y se aparean. Y algunos humanos, siempre en celo permanente, se encelan más si cabe.

Los cambios de estación son, por otro lado, períodos propicios para otras alteraciones, esta vez de carácter patológico. Las alergias por ejemplo son mucho más frecuentes y adquieren en primavera su intensidad máxima; otro tanto ocurre con muchas enfermedades llamadas psicosomáticas, como las úlceras gástricas, el colon irritable o las dermatitis; y aunque parezca paradójico es también un periodo propicio para la depresión. Los pacientes depresivos endógenos, es decir aquéllos en los que su trastorno afectivo tiene una causa fundamentalmente genética, se descompensan más con los cambios estacionales. Pero todos, en mayor o menor medida, podemos advertir cambios en nuestro estado de ánimo relacionados con ciclos meteorológicos, formamos parte de un sistema global llamado Naturaleza y cuya esencia es lo circular.

Cualquiera de nosotros puede padecer una depresión, dicen que para sufrir un trastorno depresivo sólo hace falta una cosa; ser buena persona, porque los malos nunca se deprimen. Pues bien, las depresiones clínicas y también los bajones en el estado de ánimo pueden prevenirse. Hay medidas preventivas muy diversas como diverso es el trastorno depresivo. Decimos que las depresiones son bio-psico-sociales, porque en ella intervienen factores tan diversos como la genética, la personalidad o la cultura. Pero hay medidas muy básicas que todos podemos poner en marcha y que resultarán muy saludables.

Cada día la Medicina sabe más sobre la fisiología de los estados de ánimo y últimamente se está dando mucha importancia a la alimentación. Hay alimentos que podríamos llamar antidepresivos, porque son necesarios para mantener un buen tono en la transmisión neuronal. Las neuronas cerebrales se comunican unas con otras a través de unas sustancias llamadas neurotransmisores. La serotonina es el más conocido de los neurotransmisores cerebrales. Es una sustancia que fabrica la propia neurona, pero para ello precisa de triptófano, un aminoácido que se encuentra en las proteínas que ingerimos. Los plátanos y el aguacate son especialmente ricos en triptófano. Pero hay más, para que el triptófano entre en la neurona y pueda ser utilizado en la síntesis de serotonina es necesaria la presencia de la insulina, y ésta es segregada por el páncreas cuando ingerimos hidratos de carbono. Por lo tanto una dieta sana y “antidepresiva” debe contar con una buena proporción de carbohidratos, los más aconsejables serán los llamados de metabolización lenta y semilenta que están en el arroz, la pasta y la patata.

Otro aspecto muy interesante es el de los niveles de colesterol. Todos sabemos que los niveles altos de colesterol son un peligro para nuestra salud, porque provocan arteriosclerosis y con ella todo un sinfín de enfermedades circulatorias. Pero lo que muy pocos saben es que los niveles muy bajos de colesterol son malos para el estado de ánimo. Las grasas son necesarias para un buen funcionamiento cerebral, de hecho el cerebro es un órgano “muy graso” con gran contenido de fosfolípidos. Los alimentos grasos más aconsejables para mantener un buen estado de ánimo serían el aceite de oliva, el pescado azul, los frutos secos y especialmente las nueces. Es curioso que las nueces sean tan buenas para el cerebro y tengan forma de cerebro. El viejo Galeno hace casi veinte siglos ya lo decía en uno de sus principios médicos: “Lo semejante cura a lo semejante”.
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