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Zapatero busca cobijo a los asesinos

domingo 27 de marzo de 2011, 17:10h
El Gobierno ha dado el pego ante la opinión pública con la ilegalización de Sortu. La Fiscalía y la Abogacía del Estado se han mostrado firmes y, sin demasiados problemas, han podido demostrar que la formación política no era más que un nuevo brazo político de la banda terrorista. La actitud de Zapatero ha hecho creer a muchos que está decidido a impedir que los asesinos se cuelen de nuevo en las instituciones. Pero Sortu era un mero señuelo.

Zapatero y Eta se necesitan. El presidente, por lo que parece, se resiste a dejar la poltrona en manos de Rubalcaba o de Chacón y a la chita callando, se escabulle del debate sobre la sucesión. Como le dijo a Botín, “todo depende del marcapasos del Gobierno”. Y el marcapasos consiste en que la economía dé un respingo, en recuperarse en las encuestas y en su sueño de pasar a la Historia como el presidente que logró acabar con el terrorismo.

Eta está ya boqueando. La política antiterrorista tiene contra las cuerdas a los asesinos. Cada día son menos, más torpes y más pobres. La extorsión a los empresarios ha menguado considerablemente, los cabecillas caen como moscas en manos de las Fuerzas de Seguridad cada vez que pretenden levantar el vuelo. Están acorralados y en desbandada. Pero todavía pueden matar.

Mayor Oreja, que se las sabe todas, insiste en que Zapatero y Eta nunca han perdido el contacto. Que las negociaciones, más o menos subterráneas, se han mantenido y que Eguiguren todavía lucha como un loco para que ese acercamiento fructifique en una supuesta “pacificación”.

Y, para eso, lo primero que debe hacer Zapatero es aceptar que los asesinos, camuflados de demócratas tras cualquier sigla, se cuelen en los Ayuntamientos y mantengan así la suculenta financiación que obtienen de las instituciones, de los impuestos de todos los españoles. En tal caso, los terroristas están dispuestos a hacer algún gesto que no sea humillante para sus seguidores, pero que permita al Gobierno pavonearse de haber acabado con Eta.

Este mismo domingo, el diario Gara, su diario, ha publicado un comunicado en el que aceptan “una verificación informal del alto el fuego”. Y eso de informal, qué significa. ¿Dejar unos petardillos en una cuneta para que los recoja Rubalcaba y lo convierta en una entrega de armas en toda regla? Más bien, parece ser un nuevo gesto de Eta para allanarle a Zapatero el camino.

Hasta ahora, el paripé ha consistido en que el Gobierno ha pretendido dar una imagen de firmeza frente a los terroristas, mientras éstos criticaban a Zapatero por no apoyar la legalización de Sortu. El marketing perfecto para ambos. Pero, casualidades de la política, al día siguiente de la ilegalización por el Supremo, los proetarras ya tenían preparado otro partido, con las mismas intenciones y con el mismo espíritu: Bildu es el nombre elegido y la triquiñuela consiste en que EA se ha ofrecido en un mitin en Navarra a “dar cobijo a un nuevo sujeto electoral”; esto es, aglutinar a la izquierda abertzale, antes Batasuna y siempre Eta.

Es verdad, que el movimiento abertzale tiene derecho a formar un partido político que defienda sus retrógrados principios. Nadie discute la legalidad de ERC, el partido catalán cuyo único objetivo es la independencia de Cataluña y que ha gobernado con los socialistas hasta que CiU les ha arrollado en las urnas. Porque, al margen, de las barrabasadas políticas, de las majaderías de Carod Rovira y compañía, ERC representa a una parte de los catalanes que desea esa independencia. Pero la diferencia con Batasuna, o como quieran llamarlo, los integrantes de ERC no tienen las manos manchadas de sangre como los proetarras que ahora juegan al póker de la política con Zapatero.

Y en el País Vasco es prácticamente imposible que un partido abertzale, un partido independentista radical, pueda crearse sin la complacencia de Eta. Tan imposible como encontrar para ese partido a políticos que no estén contaminados o dirigidos por los terroristas. Y eso, no lo quiere ver Zapatero. Sencillamente, porque, además de aspirar al Nobel de la Paz, está convencido de que le interesa electoralmente, pues ese soñado y falso fin de Eta podría servirle para obtener un buen puñado de votos, unos votos que debilitarían al PNV, favoreciendo al PSE.

De momento, los pasos de Eta y el Gobierno parecen ir en la misma dirección. Si mantienen el paripé, la trampa está servida. Eta, ahora llamada Bildu, se presentará a las elecciones, seguirá en las instituciones y a la primera de cambio volverá a asesinar. Pero el Gobierno, para entonces, ya habrá obtenido los llamados réditos electorales. Queda poco tiempo para resolver el enigma, para descubrir si esa alianza macabra entre un gobierno democrático y una panda de asesinos llega hasta el final. Zapatero ya lo hizo.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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