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¿Quién pilota el mundo?

jueves 31 de marzo de 2011, 19:57h
En 1991, cuando se disolvió la Unión Soviética, el liderazgo mundial dejó de ser “bipolar”, es decir ruso-norteamericano, y pasó a ser supuestamente “unipolar”, es decir norteamericano. Fueron tiempos de euforia en Occidente, cuya expresión más representativa fue el libro “El fin de la historia” que Francis Fukuyama publicó en 1992 (“The End of History and the Last Man”, The Free Press; hay traducciones castellanas). Si entendemos, con Fukuyama, que la historia es el choque entre opuestas concepciones del mundo, su tesis fue que, así concebida, la historia terminó en 1991 con la desaparición de la Unión Soviética y el triunfo universal de la democracia y de su portavoz natural, los Estados Unidos.

Pero a veinte años de distancia, venimos de decir que el nuevo mundo anunciado por Fukuyama lo es sólo “supuestamente” `porque, de un lado, la segunda gran potencia económica que ha emergido en estos años es China, que es una potencia no democrática y, del otro, el perfil del liderazgo norteamericano es todavía borroso.

Para que una nación sea tenida por líder mundial, como lo fue por ejemplo el Reino Unido en el siglo XIX después de las guerras napoleónicas, debe reunir dos condiciones. Una, la supremacía militar (en el caso inglés, la supremacía fue naval) y la otra que sus gobernantes estén a la altura del exigente rol que les ha tocado desempeñar como lo estuvo, en el caso inglés, Benjamín Disraeli.

Los Estados Unidos tienen, a no dudarlo, una rotunda supremacía militar en el campo nuclear, pero no en el campo de las armas convencionales. Alguna vez, cuando comenzaba la guerra de Vietnam en los años sesenta, el ex presidente Eisenhower se preguntó cómo se podría ganar una guerra “sin la infantería”. Una vez que los aviones han impuesto su ley, en efecto, falta “ocupar” el territorio bombardeado. Esto, que es militarmente imposible sin infantes, es políticamente dudoso si la potencia supuestamente dominante es una democracia porque los votantes no quieren que sus muchachos mueran fuera de casa. Y así fue como los Estados Unidos, después de haber perdido la guerra de Vietnam, hoy no están ganando las guerra de Afganistán. Retienen, es verdad, la supremacía nuclear, pero emplear las armas atómicas en cada ocasión sería como disparar un cañón contra cada invasión de mosquitos.

¿Tienen hoy los norteamericanos, además, grandes líderes como Disraeli? Ronald Reagan, presidente entre 1981 y 1989, lo fue sin duda y por eso arrodilló a la Unión Soviética. Pero el verdadero liderazgo político es un término medio entre la temeridad y la cautela, es un excepcional compuesto de lucidez y de firmeza. Entre 1977 y 1981 el presidente Carter resultó, por idealista, cauteloso y finalmente débil. Por eso perdió Irán a manos de los ayatolas. En el otro extremo, el presidente George W. Bush, que gobernó entre 2000 y 2008 fue, por militarista, temerario. Ni aquél ni éste le dieron a los Estados Unidos el Disraeli que necesitaban.

¿Será acaso Barak Obama, hoy en medio de su primer mandato presidencial, el líder lúcido y firme que requieren los norteamericanos? En un artículo inquietante que lleva la firma-seudónimo de “Lexington”, la revista “The Economist”, al analizar lo que llama “el factor coraje” se pregunta si Obama es, en definitiva, un “presidente bravo”.

Obama ha evitado hasta ahora reproducir la peligrosa temeridad de Bush. ¿Basta empero con no ser temerario para liderar al mundo, o al presidente norteamericano le falta dar un paso más? Si se aleja con prudencia de Bush, ¿evitará también la timidez de Carter?

En la crisis de Libia, Obama evitó lanzarse por las suyas a las aguas procelosas de este grave conflicto, sin incurrir en la imprudencia en la que probablemente habría incurrido Bush. Así logró aunar las voluntades antifascistas de los gobiernos de Francia, el Reino Unido y del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pero al mismo tiempo dejó en manos de la OTAN el mando efectivo de las operaciones militares contra el feroz Gaddafi, quien había cometido un enorme crimen de lesa humanidad al bombardear desde el aire a su propio pueblo, cruzando de este modo la frontera de lo tolerable. Queda por demostrar si Obama le ofrecerá a su país la lucidez y la firmeza de un Reagan o si recaerá en la ingenuidad de un Carter. A la luz de este interrogante, el liderazgo de Obama, y con él la primacía de los propios Estados Unidos en el mundo de la posguerra fría, atraviesan todavía su período de prueba.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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