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La renuncia de ZP: la indeterminación histórica

jueves 07 de abril de 2011, 16:55h
La renuncia del presidente del Gobierno a presentarse a las próximas elecciones, tiene los componentes de este momento histórico de cambios en la política. Aunque Aznar hizo lo mismo en su segundo mandato, lo había advertido previamente, y decidió personalmente quién debía sucederle.

Con Zapatero, obviamente, su decisión no es enteramente suya. Los acontecimientos negativos se han acumulado contra el presidente, haciendo imposible su continuidad. Desde que en las navidades pasadas insinuó que se iba, Zapatero conocía que su credibilidad estaba muy baja, y que una parte de los dirigentes nacionales y autonómicos del PSOE percibían su candidatura como un inconveniente en estas próximas elecciones municipales y regionales.

El brutal cambio en los “modelos o paradigmas políticos” que se produce con la crisis económica deja a Zapatero sin el discurso con el que había alcanzado el poder: primero, en el Partido, y después, en el Gobierno. Los “paradigmas políticos” que entrarán en crisis (afectando a otros dirigentes, como Gordon Brown) quedan resumidos en una manera de gobernar que se ha denominado “la democracia instantánea”. Según esa práctica, los gobernantes atendían a los ciudadanos conociendo inmediatamente sus deseos mediante las encuestas de opinión. Fue un método de gestionar el poder que no tenía conciencia de los límites que la Historia imponía. Y eso era debido porque la riqueza, entonces, fluía como nunca, haciendo posible que hasta lo imposible pareciese estar al alcance de los poderes políticos. Si la Historia no era un límite, por lo mismo, los cálculos sobre el futuro (en aquella etapa de abundancia), no tenían necesidad de marcar prioridades; y la síntesis en el pensamiento político fue virtual, alejado de la lógica científica (la matemática). Era la lógica del punto y aparte. Se podían sumar peras con manzanas; cañones y mantequilla; y en el ámbito partidario, se creía, por ejemplo, que era compatible un partido disciplinado con sistemas electorales novedosos por su apertura, como el sistema (mal llamado) de las “primarias”: la elección por los militantes del candidato a las elecciones.

Zapatero decidió (y anunció en el Comité Federal) varias cosas, con una lógica personal: que no será candidato; que culminará la legislatura; y que abrirá un proceso de “primarias” para decidir quién será el candidato que le suceda. Esas tres importantes propuestas las puede hacer porque sus poderes siguen intactos, y siguen siendo plenamente personales. Más aún, en este plano, su poder aumentará durante este próximo año.

Como presidente del Gobierno, ya no decide en función de las encuestas electorales. Ahora gobernará con una decisión, y con una libertad que no ha tenido hasta este momento. Ha vuelto a la Historia para sus decisiones. Acertará o no, pero se equivocan enteramente los que afirman que es un gobernante acabado.

Como secretario general del PSOE -ya lo estamos avizorando-, los militantes han comenzado a canonizarlo, y además, le consideran el autor de la convocatoria que elegirá al candidato socialista para las elecciones de 2012. Esa decisión sorprendió a bastantes dirigentes de su partido. El recuerdo de las primarias que ganó Borrell al secretario general, Almunia, por sus parecidos con la situación actual, inclinaba a muchos, tal vez a la mayoría, a preferir cualquier otro método que asegurase el debate y la elección con un cierto control. Todavía dos días después, algunos miembros destacados del PSOE opinaban que las primarias no tendrán lugar. Efectivamente, si hubiera un solo candidato, así sería. Pero habrá, posiblemente, más de uno, y como acaba de opinar un dirigente regional del partido, “las primarias pueden ser cosa de más de dos”. Conociendo una de “las almas” del PSOE, después de la decisión de Zapatero, ahora, participar en las primarias es preferible a quedarse quieto, esperando otra coyuntura. Para la generación de Zapatero, para los que han colaborado directamente con él, la oportunidad es ésta. Hay una generación más joven que está dispuesta al relevo.

¿Será esa generación la que saque las consecuencias de estas próximas “primarias? ¿Podrá el PSOE organizar unas primarias parecidas a las norteamericanas, eligiendo candidato, y al mismo tiempo, optando por un programa electoral diferenciado? ¿Se podrán otorgar los derechos electorales a los millones de potenciales electores socialistas? Yo creo que la única manera de devolver a los partidos políticos su función de instrumentos de representación del pluralismo de los ciudadanos, será abriéndolos a la participación política de los electores. El partido político, heredado de las distintas revoluciones de los dos siglos pasados, con su idea de la organización y de la “disciplina militar o militante”, no tiene sentido en nuestros días.

Es posible que en este año que tenemos por delante experimentemos, una vez más, que el futuro nunca está determinado. Y el presidente Zapatero siempre ha sorprendido.
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