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Plácido Domingo en Tokio

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Desde el desastre del terremoto y del tsunami de la región de Tohoku del pasado 11 de marzo y la consiguiente crisis nuclear surgida en la central nuclear de Fukushima, muchos artistas extranjeros se han abstenido de visitar el país y han anulado sus conciertos en Tokio por el temor –a veces infundado- a una supuesta influencia nuclear que les pudiese afectar.

Por mucho que el gobierno japonés siga insistiendo en que la zona de influencia directa nuclear se limita, de momento, a la parte costera de Fukushima en una circunferencia con un radio de unos 30 kilómetros y que para la inmensa mayoría del pueblo la vida sigue igual como hasta ahora, muchos de los artistas extranjeros se mantienen escépticos ante esta notificación oficial y la precaución parece llevarles a anular los contratos ya firmados. Es fácil de suponer que las noticias y las imágenes de las horrendas escenas del terror del tsunami difundidas por el mundo entero a través de la prensa y la televisión quizás les hayan producido la sensación algo exagerada de terror como si todo el país entero se encontrara al borde de una completa quiebra y hundido en la miseria. Y es muy probable que esa falsa impresión les impida psicológicamente tomar una decisión firme y venir a actuar en Japón.

Es natural y comprensible esa postura y tendremos que acatar las decisiones tomadas muy ‘sabia y prudentemente’ por ellos. Porque sus decisiones están apoyadas en general por los responsables de la diplomacia de su país de origen y de su embajada en Tokio que les desaconsejan la visita. Pero también es verdad que esas advertencias oficiales no parecen estar avaladas por un análisis sereno y equilibrado de la situación y me temo que estén motivadas probablemente por aquella típica actitud burocrática de prudencia para evitar situaciones problemáticas que les puedan comprometer a los burócratas a asumir responsabilidades ante sus ciudadanos por si acaso.

Pero a pesar de todo, hay por fortuna algunos artistas de renombre que piensan de otra manera. Son conscientes de la situación en que se encuentra el pueblo japonés y saben que ahora es precisamente el momento propicio para ofrecer ayuda a los que sufren y levantarles el ánimo con su música a través de sus actuaciones directas ante el público japonés, que les había recibido siempre con cariño en sus visitas anteriores.

En la tarde del 10 de abril, la sala de conciertos de NHK Hall de Tokio rebosaba de un auditorio que llegaba al número de 3.700 para escuchar la cálida y entrañable voz de Plácido Domingo, a quien acompañaba en el escenario la soprano argentina Virginia Tola. Y seguidamente el 13 de abril la sala Suntory Hall estaba también materialmente repleta del público que acudió y aplaudió con entusiasmo la magnífica y emocionante actuación del tenor. Era la auténtica agua de mayo a la que esperaba el público de Tokio, que en una temporada de ‘sequía mental’, por decirlo así, buscaba unos ratos de tranquilidad y de consuelo en medio de estos momentos difíciles para sus amigos y familiares de la región del nordeste del país.

Interpretó arias de opera (Verdi, Léhar, Puccini…), zarzuela (Sorozábal, Moreno Torroba, Barbieri…), piezas de musicales americanos (Bernstein, Richard Rogers…) y otras canciones conocidas. A pesar de la edad ya avanzada con sus 70 años cumplidos y de la operación de cáncer de colon que había tenido el año pasado, el artista demostró ante el público japonés que su voz sigue con su habitual brillo y potencia acompañada de una gran fuerza expresiva.

Me pareció -es verdad y hay que decirlo- que su voz manifestaba una tonalidad más grave que antes y de hecho hubo en el programa más arias para la voz de barítono que de tenor. Por ejemplo, de Il Trovatore de Verdi, interpretó, no el aria de Manrico, sino la del Conde Luna. De Rigoletto cantó, no el dúo entre el Duque de Mantova y Gilda, sino el de Rigoletto y Gilda, etc., etc.

Pero hay que decir por otra parte que de Otello, interpretó enérgicamente “Niun mi tema” de la última escena de la muerte de Otello con su voz auténticamente de tenor. Y lo mismo hizo por ejemplo con “E lucevan le stele” de Tosca de Puccini y con “Dein ist mein ganzes Herz” de La tierra de sonrisas de Franz Léhar.

El momento culminante y más emocionante fue cuando al final del concierto interpretó en japonés la popularísima y tradicional canción japonesa de Furusato, o sea “Mi entrañable tierra natal”, con su previa presentación al público en inglés: “Este concierto está hecho para todos ustedes para que puedan encontrar unos ratos de consuelo. Para nosotros los artistas es un privilegio poder llegar a sus corazones. Así que voy a cantar una canción japonesa que seguramente conocen todos ustedes, llamada Furusato.

Una gran ovación. Y todo el público poniéndose de pie cantando a unísono la tierna canción que les llegaba al alma. Las mujeres lloraban de emoción y a los hombres les temblaban la voz al unirse al coro.

Plácido Domingo, que en 1985 en el gran terremoto de México había perdido a algunos de sus familiares y que se había dedicado casi todo un año a realizar conciertos para poder ayudar a los damnificados, ahora comenta en español en una entrevista para la televisión estatal NHK emitida hace unos días: "El mayor privilegio que tenemos los artistas es poder llegar al corazón y al alma de las personas y poder ayudar en momentos difíciles...

Seguramente estas personas necesitan, más que cualquier otra persona, de la comprensión, del cariño, de la colaboración y de la solidaridad de todo el pueblo japonés y de todo el mundo en general. Mi cariño más profundo. Y espero que puedan encontrar algún día consuelo que necesiten.” y añade: “Creo que cada persona tiene que tratar de ayudar aunque sea con un granito de arena o una gota de agua - en el desierto la arena y en el océano la gota de agua-. Poco a poco se hace algo, ¿no?”.

Yo personalmete le he oído cantar varias veces en lugares distintos, pero noté que su voz de estos conciertos de Tokio era algo especial y tenía una fuerza mágica para transimitir al público su fuerte voluntad de apoyo y de solidaridad con ellos.

Y afortunadamente Plácido Domingo no es el único artista que nos da ánimo y valor para que podamos enfrentarnos a una tarea dura y larga de reconstruir la zona afectada por el desastre.

Zubin Mehta, afamado director de orquesta, visitó Tokio por su expresa voluntad propia para dirigir la Orquesta Sinfónica de NHK en un concierto de beneficencia para los damnificados. Tocaron el 10 de abril el Aria en sol, es decir el segundo movimiento de la Suite para Orquesta Núm.3 de Bach, a modo de oración para las víctimas del últmo desastre y a continuación la novena sinfonía de Beethoven. La sala de conciertos de Ueno (Tokio) estaba más animada que nunca con el público que llenaba el local. El maestro, en un mensaje dirigido al público, se expresaba así: “He venido pensando en la manera de poder ayudar a la maravillosa gente de aquí después de la catástrofe que había azotado a este gran país que es Japón. Mis palabras de agradecimiento a todos los que me han ayudado para proporcionarme esta oportunidad para poder ayudar y dar ánimo a los que se encuentran en una situación muy dura en estos momentos.”

Cyndi Lauper, conocida cantante estadounidense de música popular, que había llegado a Tokio justo después de ocurrida la catástrofe, continuó como si nada su gira por Tokio, Nagoya, Osaka de unos diez días para los fans que le acogieron con entusiasmo y que le agradecieron su noble espíritu de solidaridad con los que sufren. Comenta la cantante: “Japón es el país del Sol Naciente. El pueblo japonés se levantará de nuevo sin duda con esa confiaza que tiene de sí mismo. Con mi música ojalá que pueda ofrecer algo para dar ánimo a la gente de aquí.”
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