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DIPLOMACIA Y DIÁLOGO EN LIBIA

lunes 25 de abril de 2011, 13:10h
El Papa Benedicto XVI ha declarado su hostilidad a la guerra en Libia y ha solicitado “diplomacia y diálogo, en lugar de las armas” para resolver el conflicto. Me ha producido especial satisfacción la declaración pontificia. Esa posición es la que vengo defendiendo desde el pasado 22 de marzo. Reproduzco a continuación el artículo que publiqué en esa fecha, un mes antes de las palabras del Papa, en el diario El Mundo:
“Ángela Merkel le ha dado una nueva lección a José Luis Rodríguez Zapatero. El presidente socialista, en un esfuerzo inútil por restaurar su imagen internacional hecha trizas, ha embarcado a España en una guerra de muy complejos perfiles. Zapatero ha comprometido bases, barcos y aviones en el acoso militar a Libia. Alemania ha sorteado las impaciencias de Sarkozy y, mientras el dadivoso presidente español lo ofrece todo, ha renunciado a participar en la guerra, condenando, claro es, la tiranía de Gadafi. Zapatero y Carmina Chacón, los exaltados pacifistas de antaño, nos han metido de hoz y martillo en una nueva guerra. Antes de convertirse en presidente por accidente, el líder socialista afirmaba, con razón, que “toda guerra es un fracaso”.
Mariano Rajoy podía haber asumido la lección de Alemania, o sumarse a la discreta posición de Su Santidad el Papa. Pues no. Temeroso de que le recordaran pasados errores ha apoyado sin condiciones la atolondrada decisión de Zapatero. El presidente circunflejo se ha frotado las manos. A punto de hincar la rodilla ante los barones del PSOE y anunciar su retirada, Zapatero ha pastoreado a Rajoy y le ha metido en el redil monclovita.
Aún más. Ni el presidente circunflejo ni el líder merengoso del PP han tenido imaginación suficiente para que España jugase un papel determinante en la crisis libia sin necesidad de comprometer nuestras bases, nuestros buques y nuestros aviones. Por muchas razones históricas y actuales, Madrid podía haber propuesto a los aliados convertirse en intermediario para una no descartable salida de Gadafi a través de la negociación. Venezuela, Nicaragua, Bolivia, incluso Cuba, son naciones dispuestas a acoger al tirano. España tenía la posibilidad de gestionar, la fórmula para evitar la prolongación de la guerra, para restañar la sangre sin fin que se derrama sobre la nación africana.
Ni a Zapatero ni a Trinidad, pobrecita mía, se les ha ocurrido que podían jugar ese papel relevante. La anosmia política se ha extendido a Mariano Rajoy. El líder popular debió atajar la precipitación zapatética y ofrecer una intervención de España en el terreno de la negociación y la diplomacia. No lo ha hecho y ha perdido una gran ocasión. Como consecuencia, España está metida de lleno en una guerra que nadie sabe cómo va a acabar.
Ah, y menos mal que Gadafi carece de pilotos kamikazes, capaces de estrellar sus aviones cargados de explosivos contra el Vaticano, el Palacio Real de Madrid o el Louvre de París. Si dispusiera de ellos, este tirano terrorista, este sanguinario payaso, daría sin vacilar la orden”.
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