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España en el limbo

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
La mayor parte de los gobiernos europeos lo están pasando mal –no hay más que ver los niveles de popularidad de sus dirigentes- porque la salida de la crisis es dura, aunque casi todos los países han regresado ya a la senda del crecimiento sostenido y tienen niveles de paro en torno al 9-10 por ciento, envidiables, por cierto, desde esta degradada España. El crecimiento medio de la zona euro está en el 2 por ciento (mientras España no llega ni al 1 por ciento) y su nivel medio de paro es del 9’9 frente al más del doble, 21 por ciento, español, lo que hace subir esa media que sin el lastre hispano sería aún mucho más baja. El IPC medio de la zona es del 2’7 por ciento, mientras que el español es del 3’6 por ciento. Y eso quiere decir que estamos en esa situación que lleva el horrible nombre de “estanflación”, estancamiento más inflación, una situación tan poco deseable como ese “índice de miseria” (paro más inflación) que tan poco le gusta a Zapatero y que, no hace mucho, se permitió, en su ignorancia, considerar que era un índice sin categoría intelectual. Que le traduzcan el trabajo del veterano y gran sociólogo y politólogo Seymour Martin Lipset (fallecido el 31 de diciembre de 2006) publicado nada menos que en 1984 (“The Economy, Elections and Public Opinion”) en el que, tras definirlo, afirma que “con pocas excepciones, siempre que la suma de inflación y desempleo -el llamado índice de miseria- se sitúa en el 10 por ciento o más el partido en el gobierno o la coalición gobernante han sido derrotados”.

No extraña que los funestos augurios que - para el PSOE y cara a las próximas consultas electorales- supone esta afirmación, le lleven a Zapatero a ignorar, pretender ignorar o despreciar lo que no le gusta. Unos augurios, por otra parte, que no hacen más que confirmar lo que ya ha sucedido en las elecciones europeas y en las autonómicas gallegas y catalanas. Sin olvidar que si en el País Vasco hay un lehendakari socialista, es gracias al PP y que si se cayera en la tentación de “tinelizar” aquella comunidad sería para ponerse a las órdenes de un lehendakari del PNV. Machadaniamente Zapatero desprecia cuanto ignora y cuando no ignora, miente, como cuando decía que no había crisis. No puedo por menos de recordar las sesiones de un seminario de la OCDE en París a mediados de febrero de 2008, en las que los economistas de esa organización internacional advertían ya que llegaba una crisis larga y complicada. De vuelta en España, en plena campaña para las últimas elecciones generales, Zapatero no tenía otro discurso que el de insistir en que la crisis era un invento del la malvada derecha, a la vez que prometía el pleno empleo y otras lindezas por el estilo. Y cuando la crisis se hizo innegable el recurso fue echarle la culpa a la misma malvada derecha. Lo más triste es que todavía haya un estimable número de españoles que se crean o hagan como que se creen esa patraña institucionalizada que es el sistema socialista.

Pero lo más grave no es que España esté a más o menos distancia de los países más importantes de la UE. Lo verdaderamente preocupante es que se halla a otro nivel: España está por debajo de la superficie en que se mueven esos otros países, es decir en el infierno o por lo menos en el limbo. Y de ahí se sale con muchas dificultades y sólo al cabo de bastante tiempo. España podrá salir con otro gobierno porque éste está totalmente desacreditado y es absolutamente incapaz de devolver a la sociedad y a su sistema económico ese lubricante fundamental que es la confianza. Veo que todavía hay algunos columnistas que denominan “socialdemócrata” al partido que gobierna, pero creo que se equivocan. El PSOE de Zapatero no tiene –o muy poco- que ver con la socialdemocracia europea. Practica un socialismo radical, propio de los años treinta del siglo XX que tanto añoran, pero que ya huele –huele mal- de puro rancio que es. Es un socialismo faltón y tramposo que utiliza el insulto, la descalificación, la exclusión y la mentira como instrumentos políticos, por no hablar de la corrupción que, en determinados lugares, como Andalucía, no consiste en casos individualizados, ovejas negras que pueden existir en todos los rebaños, sino que se convierte en parte esencial del sistema institucional de gobierno. En cualquier país de Europa occidental a un partido de estas características le echarían al corral, como al mal ganado en una tarde de toros. Pero España sigue siendo diferente, aunque la democracia vaya camino de los cuarenta.

Ignorante del arte de gobernar –mucho más complejo de lo que Zapatero parece ser que decía cuando llegó a La Moncloa- el PSOE se dedica a lo único que sabe: Hacer oposición a la oposición. Hace nada menos que treinta años J.F. Revel escribía que, para los socialistas, los responsables de todos los desastres que ellos provocan son siempre tres: el enemigo interior, el enemigo exterior y el enemigo anterior. El enemigo interior son los especuladores, esos mercados tan vituperados por Zapatero; el enemigo exterior, escribía Revel, son los americanos. Y aquí hemos visto como se atribuía a los Estados Unidos el desencadenamiento de la crisis. Finalmente, el enemigo anterior es, por supuesto, la malvada derecha que gobernaba antes. Decía Revel que eso valía sobre todo para la primera etapa, tras la llegada de los socialistas al poder. ¿Qué diría si viera cómo los socialistas españoles, tras siete años largos de disfrute y aprovechamiento del poder, siguen echando la culpa de todo al PP? Ahí tienen al ministro de Trabajo, don Valeriano, que acaba de atribuir la culpa de la escandalosa cifra del paro a una ley aprobada por el Gobierno del PP. Si era tan mala, ¿por qué no la han derogado a lo largo de estos siete años?

Hemos perdido lamentablemente esos siete años y esta gente no es que haya dejado a España en el furgón de cola europeo, es que la ha situado en el limbo. Y no precisamente en el de Abraham de la vieja teología sino ese limbo socialista, producto de todas las políticas de esa ideología, que el mismo Revel cifraba en tres resultados inesquivables: hacer bajar el nivel de vida; incrementar las desigualdades y restringir las libertades. Apliquen esa plantilla al caso español y verán como cuadra… a la perfección, si se puede utilizar esta palabra. Una perfección como la de la joroba del cuento, porque “jorobados”, sí que han dejado a la mayoría de los españoles.
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