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Ben Laden tenía un plan

miércoles 04 de mayo de 2011, 12:37h
La madrugada del 2 de mayo de 2011 pasará a la historia de Estados Unidos como la fecha en que sus míticos Navy SEAL acabaron con la vida de Osama Ben Laden. Sin embargo, se equivocan quienes piensan que eso debilitará a los terroristas islámicos. Acusarán el golpe -más moral que efectivo-, eso es cierto; pero una de las características de Al Qaeda es su capacidad operativa, con o sin cabeza visible. Queda Al-Zawahiri, el médico egipcio que fuera mentor de Osama y, para muchos, verdadera eminencia gris del terrorismo islámico. Quedan otros, bastantes, no tan conocidos para el gran público, aunque sí con una gran experiencia en el negocio de la muerte. Y queda, además, la estructura de una organización sumamente asentada tanto económica como militarmente.

Todo comenzó cuando el joven Osama acudió a Afganistán para luchar contra los invasores soviéticos. Su formación y dotes de liderazgo hicieron que la CIA pusiera los ojos en aquel saudí de buena familia y con amplio bagaje occidental. Empezó a manejar una base de datos donde figuraban los nombres de los principales muyahidines que allí combatían. A esa misma base de datos recurriría posteriormente, cuando se decidió a actuar contra aquellos infieles norteamericanos que ahora mancillaban suelo musulmán durante la Guerra del Golfo. En árabe, “La Base” es “Al Qaeda”; de ahí su nombre.

No obstante, las intenciones de Osama iban más allá de atentar contra intereses estadounidenses e israelíes. Occidente, en general, era objetivo prioritario, y tampoco se libraban los musulmanes chiítas. Aunque detrás de lo que era la actividad terroristas había otra, no tan manida, pero de un calado mucho más preocupante. Ben Laden tenía un plan: hacer proselitismo con la Sharia, imponiéndola a machamartillo entre los infieles. Su ataque contra las Torres Gemelas fue devastador; casi tanto como el que está llevando a cabo desde hace algún tiempo de manera sutil. Apenas se nota, y eso es lo verdaderamente peligroso.

Gadafi, que no da puntada sin hilo, dijo hace poco: “los vientres de nuestras mujeres han iniciado la conquista de Europa”. Profesores denunciados por hablar del jamón ibérico en clase, solicitudes de que los “impuros” perros lazarillos no monte en autocares públicos, necesidad de pedir permiso al consejo escolar para cantar villancicos en Navidad y una larga ristra de majaderías podrán parecernos eso, majaderías, mas no lo son tanto. Muchos musulmanes dicen abominar de los métodos de Ben Laden…casi tantos como los que musitan un “sí, pero” cada vez que se habla de él. Porque no nos engañemos; hay un Islam moderado, de acuerdo, pero parece subordinado al otro Islam, el que más se deja oír. Ese que lapida a las mujeres adúlteras, justifica la violencia doméstica, ahorca a los homosexuales, prohíbe casi en su totalidad la música y justifica que se asesine de la peor forma posible a todos los que piensan distinto.

¿Afganistán? No, Europa. Mezquitas de Londres, París y Madrid albergan a exaltados así. Se han criado aquí, entre nosotros, aunque se consideran diferentes. De hecho, los terroristas que atentaron contra el metro londinense eran británicos, nacidos y educados en Inglaterra. En el Islam actual sólo se oye la voz de los imanes y mulás más radicales. No hay, como entre los católicos, un Papa que atempere y conduzca, ni un patriarca ortodoxo que se haga escuchar, ni tampoco un Consejo Rabínico al que recurrir. Y hasta que no surja entre las filas musulmanas alguien que ponga cordura, Ben Laden seguirá vivo. Con la inestimable ayuda de la cohorte de memos progresistas que le ríen las gracias a los adalides del burka y profanaiglesias de turno.
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