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crónica cultural

[i]Camas y mesas[/i] en el Teatro Arenal

Estreno de Camas y mesas en el teatro Arenal (Madrid) hasta el 28 de mayo. Dos libros sobre el placer del fumar, la novela Mis ceniceros, (editorial Demipage) de Florence Delay y La cruzada antitabaco vista por los infieles, (editorial Sepha) de Susana Rodríguez Díaz.
Empezaron en teatros pequeños, salieron a provincias, volvieron a Madrid y, de repente, llegó la oferta de presentar la obra Camas y mesas en el Teatro Arenal, donde podremos verla hasta el 28 de mayo. La obra del dramaturgo Emilio Williams (Madrid, 1971) ya ganó el año pasado el IV Premio Espectáculo Teatral y fue estrenada con gran éxito en la Sala Triángulo durante el Festival La Alternativa. La obra obtuvo el apoyo de la crítica, mientras hacía pensar y reír a los espectadores.

Con ese título responde a la pregunta: ¿Dónde y cuándo habla usted con su pareja? Alrededor de una mesa o tumbado en la cama. Sobre el escenario, cuatro espléndidos actores: Isabel Pintor, que es también la directora, Juan Antonio Molina, Xavier Olza y Carlos Pontini dan vida a dos parejas, una heterosexual, la otra gay. Entre ellos también son mejores amigos y forman una extraña familia en el Manhattan de Nueva York. Representan a la generación en torno a los 35-40 años que ya tiene un pasado y que ha establecido su vida profesional y amorosa.

Insatisfechos, surge el conflicto. ¿Quién está contento con lo que tiene? ¿Quién se imaginaba que su pareja no iba a ser como en los cuentos de hadas o como en la novela de Anna Karenina, que uno de los personajes lee mientras se desarrolla la representación? El amor no es ni tan bello como nos lo han pintado ni nos podemos permitir dejarnos llevar por un romanticismo a lo Walt Disney.

La obra es moderna, inteligente, divertida, muy bien interpretada. Camas y mesas habla del amor hoy en día, tal y como todos nosotros lo vivimos. ¡O lo soportamos! Y la repercusión que toda experiencia pasada puede tener sobre él.

Para finalizar, en tiempos de prohibición del tabaco, me gustaría recomendar dos libros. El primero es Mis ceniceros, (editorial Demipage), de la académica de la lengua francesa, Florence Delay (París, 1941). Hija del célebre psiquiatra y escritor Jean Delay, en 1962 interpreta a Juana de Arco en la película de Bresson. Profesora durante más de treinta años de Literatura Comparada en la Sorbona, en 1983 obtiene el Premio Femina con Riche et légère, el Premio François Mauriac por Extremendi y el Premio de Ensayo de la Academia Francesa por Dit Nerval. Ha sido parte del jurado del Premio Femina (1978-1982), del Comité de lectura de Éditions Gallimard (1979-1987), así como del consejo de redacción de Crítica (1978-1995). Paralelamente a sus novelas y ensayos, ha mantenido sus lazos con el teatro y la literatura española. En 1999, traduce a San Juan para la Biblia de Bayard.

Mis ceniceros es uno de los primeros libros que se traducen al español de la académica e hispanista Delay. Dedicado al placer del fumador, a medio camino entre el ensayo autobiográfico que apenas revela de la existencia de la escritora, y la novela, se descubren anécdotas, historias, encuentros y desencuentros en pequeños párrafos, tan cortos como los que se tarda en fumar un cigarrillo.

El segundo libro dedicado estos días al tabaco es el ensayo La cruzada antitabaco vista por los infieles, (editorial Sepha) de la doctora en sociología y profesora en la Uned, Susana Rodríguez Díaz. El texto de la tesis doctoral, que está en el origen de este libro, ha sido aligerado de carga académica sin perder por ello rigor. Muy bien argumentadas las dos lógicas implícitas en el término “cruzada” –la lógica bélica y la lógica religiosa, se va contando –con toda profusión de datos, documentos y anécdotas– lo que la cruzada antitabaco ha ido consiguiendo.

Susana Rodríguez Díaz recuerda que el tabaco, la planta del tabaco, no es lo insano. Nació en la América precolombina, muy apreciada por sus propiedades mágicas, medicinales, terapéuticas, empezó como moneda de cambio y siguió siendo un símbolo de amistad, valor que continúa manteniendo hoy en día. Fomenta la sociabilidad, y se utiliza como sedativo, acompaña el ritual amoroso, subraya la virilidad y marca posiciones sociales.
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