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El photoshop electoral

domingo 08 de mayo de 2011, 20:09h
Ya cuelgan de miles de farolas, ya sonríen desde las enormes vallas publicitarias, desde casi todas, desde todas las paredes, desde todos los rincones. Por tierra, mar y aire. Ya nos abruman con sus caras maquilladas y retocadas por el photoshop. Y, de paso, ya nos han agujereado los bolsillos con el mordisco que le han dado a los Presupuestos al alquilar también palacios y estadios para reunir a sus votantes más convencidos. Ya estamos en campaña electoral. Horror.

La primera novedad de este despliegue electoral consiste en el esmero o, mejor, el exceso de photoshop aplicado al rostro de los candidatos. Esperanza Aguirre no tiene por qué parecerse a Scarlett Johansson para conseguir votos. Casi tendría más garra una foto de la candidata madrileña con el dedo en el ojo de Zapatero y con cara de fiera. Aunque no saliera tan joven y tan guapa. Aunque se le notara alguna arruguilla.

Se ajustaría más a la realidad y en eso, entre otras cosas, reside su valor y su peso político y, por eso nadie discute que seguirá de presidenta de la Comunidad de Madrid. Porque Esperanza Aguirre se ha convertido en la mejor y más corrosiva oposición que ha tenido el Gobierno desde el PP. A menudo, alejada de la blandenguería de Génova, pero casi siempre con verdades como puños lanzadas a la nariz del adversario. O directamente a puñetazos con todas las barrabasadas que ha cometido este Gobierno.

No se ha callado ni una. Este mismo domingo ha dicho que el “crédito del Gobierno de Zapatero consiste en dejar una España arruinada, dividida y con Eta en las urnas”. Y Rajoy ha contestado que “hará oídos sordos a la estrategia del PSOE de enfangarlo todo”. Lo dicho: lo mismo.

De Camps, la gente sólo se fija en las solapas del traje; Cascos, aunque se empeñe su retocador, nunca tendrá aspecto bondadoso y simpático; Barreda ni con photoshop puede parecer Richard Gere; Griñán, tampoco; Gallardón pone como pose intelectual, profunda mirada a lo Einstein. Pero el photoshop, Gallardón aparte, pretende hacer parecer a unos candidatos electorales en atractivos actores de Hollywood. También los eslóganes parece que los ha escrito Einstein. Se han pasado.

Pero en lo que de verdad se pasan es en el descomunal saqueo a las arcas del Estado. Y el PP y el PSOE tienen la obligación moral de ponerse de acuerdo en reducir de forma drástica el dineral que se gastan los partidos en decir las mismas tonterías en tantos y tan dispersos sitios. Lo ha escrito cien veces el maestro Anson. Ellos lo han prometido. Algún amaguillo han hecho. Pero el agujero negro en los bolsillos de los españoles sigue aumentando de tamaño. Para nada, además.

Es verdad que los partidos necesitan hacer llegar a la opinión pública sus propuestas electorales. Porque de promesas, mejor ni hablar. Pero para ello, ahí están las televisiones y radios públicas y autonómicas y todos los medios de comunicación. Que torramos diariamente a los pobres lectores al dedicar párrafos y párrafos, horas y horas a las palabras de una clase política más bien mediocre. A bobadas.

Y, además, los electores, en su mayoría, tienen el voto decidido. Saben lo que han hecho o lo que harán. Y aunque le escuchen a Zapatero decir que ha presidido uno de los mejores Gobiernos de la democracia ya nadie le creerá. Si Gallardón dice que va a ser austero y no va a levantar más aceras y ni más toneladas de polvo no le creerán. Y si Tomás Gómez acusa a Esperanza Aguirre de fascista, tampoco le creerán. Ni los del PSOE. Porque, y esa es otra, los partidos dedican la mayor parte de sus discursos a insultar a los adversarios. Y cuanto más grosero sea el insulto más le aplauden esos fieles militantes que llenan estadios y plazas de toros por doquier con la papeleta del voto ya entre los dientes.

Pero los millones de euros que se gastan los partidos en movilizar tanta gente y tanto aparato propagandístico suponen una vergüenza, siempre. Y un escándalo morrocotudo, en plena crisis económica. “Que le den ese dinero a los parados”, decía hoy mi hija Marta “y así ayudarían a los parados y ganarían más votos”. Pues, seguro que no harán tal cosa. Porque creen que todos esos millones les dará la victoria. Y porque hay ya muchos intereses creados y mucho dinero en circulación. Muchísimo dinero que pasa de mano en mano. Y ya sabemos lo que hacen algunos políticos cuando les cae un buen fajo de billetes en el bolsillo. Y porque hay que aplicar a fondo el photoshop. Tienen que parecer atractivos jóvenes, simpáticos, seductores. Eso, lo primero.

Y así, y eso lo peor, nadie es lo que parece.


Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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