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Apostar por Túnez

viernes 13 de mayo de 2011, 12:19h
Dos recientes visitas de trabajo a Túnez me han permitido volver a un país que está viviendo una esperanzadora revolución de la dignidad. El elemento central de la agenda de ambas consistía en un examen comparado de su transición con la española. El interés por parte tunecina era contrastar experiencias y sacar consejos útiles más que recibir lecciones externas de cómo hacer su propio proceso de cambio.

Túnez merece que España y la UE apuesten de manera decidida por apoyar su proceso por muchas razones. En primer lugar por tratarse de un levantamiento pionero que ha roto el síndrome de la impotencia e incapacidad del mundo árabe para acceder a la modernidad. De hecho, se trata de una espectacular movilización sobre todo de la juventud que en pocos días fue capaz de derribar con planteamientos democráticos y laicos similares a los nuestros una dictadura cleptocrática.

Cuando Occidente temía una extensión del fanatismo teocrático islamista de Al Qaeda, resulta que los jóvenes quieren vivir como ciudadanos con las libertades fundamentales en su propio país con esperanza de futuro. Muy destacable es el papel central de la mujer en todo este proceso en el país árabe donde tiene el mejor status legal que, con la alfabetización generalizada, es la mejor herencia de Burguiba,y la mejor defensa frente a un islamismo retrógrado.

Sin duda, el hecho más destacable es una arraigada conciencia ciudadana que da pleno sentido a la afirmación de revolución de la dignidad con que designan su proceso. Transición que es un aprendizaje de libertad, con avances y retrocesos como todas, pero en la que el nivel de autodisciplina general contrasta de modo ejemplar con la brutalidad represiva de regímenes como el de su vecino Gadafi o la Siria de Assad jr.

La instancia técnica que pilota el inicio del proceso constituyente bajo la guía del Prof. Ben Achour se ha ampliado al Consejo de Defensa de la Revolución, cuyas fuerzas esenciales son el colegio de abogados y los sindicatos. De momento, ha tomado decisiones tan valientes como las listas cremallera. Sus principales escollos son como integrar en la vida política democrática a los procedentes del disuelto partido único, el RCD, con 2 millones de afiliados de una población de 10, y a la vez ayudar a configurar una mayoría y la preocupación femenina por la posible fuerza del islamismo. Es de esperar que las elecciones se puedan celebrar en la fecha prevista del 24 de julio.

Para reducir incertidumbres y asegurar la estabilidad es prioritario reforzar la seguridad ciudadana, lo que exige la reconversión y el cambio de imagen de la policía, así como un acuerdo entre los interlocutores económicos sociales que incluya elementos en la línea de los Pactos de la Moncloa ( reforma fiscal, cobertura del desempleo, mejora de la administración, educación ) con la diferencia de que la fuerza esencial son los sindicatos y no los partidos como en España. A corto plazo, la estabilidad de cara al turismo y las inversiones en un país con potencial es imprescindible.

Dos frentes particularmente importantes son : la enseñanza en la línea planteada por el Premio Nobel egipcio Ahmed Zewail cuando señala que “Túnez y Egipto son el modelo para el cambio en Oriente Medio y la base de la revolución tiene que ser un esfuerzo masivo en educación” (Financial Times, 25/4/11). El segundo, es la vertebración del país reduciendo la brecha entre un litoral mediterráneo más desarrollado y próspero con un interior marginado y pobre que requiere un plan de infraestructuras de transporte y comunicaciones.

España está acompañando activamente el proceso tunecino. Gobierno, instituciones culturales como el Cervantes o la Fundación Transición, partidos y sindicatos como UGT y CC.OO. están presentes, reestableciendo y fortaleciendo los lazos de simpatía con un país orgulloso de su herencia morisca y andalusí .

Lo más importante es que la Unión Europea en su conjunto se movilice activamente. De momento, la actitud de Francia e Italia, los dos países más directamente concernidos por la llegada de emigrantes irregulares, no es de recibo cuando Túnez ha acogido cerca de 250.000 refugiados de Libia. Tiene razón el veterano Primer Ministro Essebsi cuando dice que “estamos ante un dilema: no podemos dejar a esas gentes morir en el desierto, somos los primeros en pagar la incertidumbre de la situación Libia. Al mismo tiempo, sabemos que el viento de la libertad no conoce fronteras” (entrevista con Sami Nair, Le Monde, 12/5/11). Muchos de ellos están volviendo a sus países gracias al esfuerzo solidario internacional, pero el riesgo de contagio y desestabilización es real.

Túnez, por su experiencia pionera en el mundo árabe y su lugar central en el Mediterráneo es un país absolutamente estratégico que merece un decidido apoyo político y económico español y europeo.

Enrique Barón

Doctor en Derecho y Economía

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