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“DEMOCRACIA REAL, YA” Y LA ESPAÑA DE ZAPATERO

sábado 21 de mayo de 2011, 19:40h
Reproducimos a continuación el artículo que el pasado martes publicó Luis María Anson en el diario El Mundo:

“Entre los diez grandes problemas que atosigan a los españoles, la clase política, según el CIS, ocupa el tercer lugar, y el Gobierno Zapatero, el quinto. Es decir, los políticos y los gobernantes que deberían ser la solución a los problemas de España se han convertido ellos mismos en el gran problema. El ciudadano medio rechaza la política como negocio. Tiene razón al hacerlo pero no se puede generalizar. Nuestra clase política es muy mediocre, no corrupta. En líneas generales predomina la honradez aunque se multipliquen últimamente las trapisonderías.

Los partidos políticos, eso sí, gastan sin freno, y de ese derroche imparable, el 90% está pagado por las subvenciones directas o indirectas de las tres administraciones, no por las cuotas de los afiliados. La democratización real del PSOE o el PP pasa por reducir sus gastos a los ingresos procedentes de las cuotas y, en todo caso, del 0’7% que les dediquen los ciudadanos de forma voluntaria en el casillero correspondiente de la declaración de la renta.

El desprecio de la opinión pública española por los partidos, por su parafernalia desproporcionada, por la vanidad de sus dirigentes, está creciendo de forma alarmante. Las manifestaciones del domingo en favor de la democracia real son solo la punta del iceberg, el mar de fondo que hoy agita a la opinión pública contra los partidos políticos.

No puedo ocultar la intranquilidad que me producen esas manifestaciones, sin duda bien intencionadas, tal vez no manipuladas. Está claro que es necesario atajar los abusos de los partidos, las prebendas de todo tipo que se han otorgado a sí mismos los políticos. Menudo escándalo. Pero hay que evitar a toda costa que se cree un clima contrario a la existencia de los partidos. En la Europa dorada, tras la I Guerra Mundial, se exacerbó de tal manera la crítica contra los partidos políticos que se cocinó así el caldo de cultivo para que se impusieran, incluso por la vía electoral, los totalitarismos nazis, fascistas y comunistas y, con ellos, los sistemas de partido único. El dictador Franco se inventó el Movimiento Nacional, que fue la fórmula para cegar las opiniones diversas y para gobernar desde la autocracia militar. La crítica franquista a los partidos políticos durante la Monarquía alfonsina y la II República anegó los medios de comunicación de la dictadura.

No nos equivoquemos. No tropecemos con la misma piedra. No existe democracia pluralista plena sin los partidos políticos. La tentación totalitaria, alarmante ya en Francia, en Austria, en Finlandia, incluso en Alemania y otras naciones europeas, pone los pelos de punta. Habrá que esforzarse, de forma inteligente, en evitar la crecida en España de la crítica contra los partidos. Y eso pasa por embridarlos, democratizarlos, reducir sus gastos, limitar la publicidad desmesurada, acercarlos al pueblo. Sí rotundo, por consiguiente, a los partidos políticos, no a sus abusos, al despilfarro y al derroche de sus dirigentes”.
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