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Réquiem por el ñoñostiarrismo

viernes 27 de mayo de 2011, 13:22h
No hay nada más donostiarra que el meta-donostiarrismo. Los donostiarras estamos tan embelesados por nuestra propia condición de habitantes de la “ciudad más bonita del mundo” que nuestra conversación más recurrente es siempre la que gira en torno a esa ciudad-maqueta en la que desarrollamos nuestra existencia donostiarril. Desde el amor, el hastío, la ironía o incluso el odio, lo que nos iguala a todos los donostiarras es la obsesión por la ciudad que nos vio nacer y crecer. Nos sentimos víctimas, privilegiados, esclavos y dueños de esta ciudad que nos mira y nos juzga, cual Gran Hermano.

Y es precisamente de ese meta-donostiarrismo que vestimos de cínica ironía del que hemos sido víctimas en las pasadas elecciones. San Sebastián, la ciudad que se asoma al Cantábrico acomodada en su marco incomparable, en su Concha perfecta, con su aire de lánguida gauche divine, se levantaba hace una semana asustada de su propia imprudencia. El primero, Odón Elorza, el alcalde eterno, quien mejor encarna los valores de esa San Sebastián arrogante y pagada de sí misma, aparentemente crítica y despegada respecto a lo que representa pero enganchada sin remedio a ello.

Los donostiarras que renegaban de Odón son los primeros que se han echado las manos a la cabeza desde que el candidato a la alcaldía de Bildu, un tal “Txapela” –cuya trayectoria política se ha centrado en conseguir la independencia del barrio de Igueldo de la ciudad de San Sebastián – amenaza con convertirse en el más que probable alcalde de la Bella Easo. Las señoras que pasean sus venerables cabezas de peluquería por las aceras de la Avenida ya se están temiendo que les obliguen a cambiar su cuidado look discretoperochic por el jaitu-perrofláutico. La gente joven teme que el Ayuntamiento deje de subvencionar los conciertos de música indie-rock y los ciclos de cine que tan bien quedan –pero a los que tanta pereza da ir un día cualquiera entre semana- para dejarse la pasta en verbenas kalimotxeras de esas que copan la provincia o festivales de trikitrixa. Hay quienes hablan de que se va a sustituir la banda ancha por la txalaparta de toda la vida.

Tantos años criticando al ñoñostiarrismo, a Odón y a todo lo que representaban para acabar dándonos cuenta de que lo que somos no es otra cosa que eso. Pijos con ínfulas de cinismo existencial que, en el fondo, no quieren que les toquen el Festival de Cine, el helado de después de los fuegos y el paseíto del domingo por La Concha.

El primero al que se le ha quedado cara de tonto es a Odón Elorza, que ni en sus peores pesadillas podía imaginarse, no ya que iba a perder la alcaldía, sino que se la fuera a arrebatar el candidato de Bildu. Y es aquí donde se retrata la gente, en los momentos de crisis reales. Cuando tienes que reconocer que el rollo demócrata y pro causas perdidas sólo mola si se queda en el terreno de las ideas. Ahora resulta que lo de no gobernar si la suya no era la lista más votada sólo valía en caso de que le ganaran PP o PNV. Parece ser que Odón también cree que Bildu no son del todo válidos para participar en un sistema democrático con todas las de la ley.

Soy la primera que creo que desde el principio se debería haber legalizado a Sortu, por cuestiones de mera higiene jurídica. Pero si defiendes eso, también tienes que asumir que pase lo que ha acabado pasando: que los “radicales” amenacen con quitarle el poder a PNV y PSE. Defender la corrección democrática de Bildu hace dos semanas y tachar su posible llegada al poder como una hecatombe una vez que han sido la lista más votada, es pura hipocresía. Pueden participar, siempre que no ganen. Así cualquiera, ¿no?

Hasta el mismo PNV que tan a pecho se tomó la sentencia del Supremo ilegalizando a Bildu, ahora se da cuenta de que, en el fondo, lo que une y separa no son las ideas respecto al euskera o la nación vasca sino la forma en la que se maneja el dinero. La posibilidad de que los “izquierdistas revolucionarios” de Bildu controlen las jugosas cuentas de Guipúzcoa –con todo lo que ello conlleva para las grandes familias nacionalistas- produce a Urkullu and co más urticaria que irse de pintxos con Aznar . Digan lo que digan y lo disfracen como lo disfracen.

Pura hipocresía. Como la de todos los donostiarras que ahora nos asustamos de lo que se nos puede venir encima. Los que pasaron de votar, los que por un rollo romántico votaron a Bildu, como un acto de rebeldía que nunca creyeron que llegaría a algo más que un mero incordio para Odón, vuelven sus ojos hacia el que hasta hace una semana era “el calvo” del que todos renegaban y, cuya abrupta salida de la política se antoja el fin del ñoñostiarrismo. Y yo, que quieren que les diga, hasta le veo cierta gracia al asunto.
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