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Empate entre Fujimori y Humala

Elecciones en Perú: entre la "chavezfobia" y la "fujimofobia"

martes 31 de mayo de 2011, 14:45h
Comienza la cuenta atrás para que los peruanos elijan finalmente al próximo presidente del país, cargo que se disputan las dos caras opuestas de una moneda: Keiko Fujimori y Ollanta Humala. Los dos candidatos han prolongado una resaca electoral al borde de la migraña, en cuyas campañas no han faltado los reproches de un pasado dudoso y los “trapos sucios”.
Dos modelos políticos distintos se enfrentarán el próximo 5 de junio en las urnas para escribir o reescribir la historia de Perú. Tanto la aspirante de “Fuerza 2011”, Keiko Fujimori, como el cabeza de cartel de “Gana Perú”, Ollanta Humala, han de hacer frente al peso de su pasado.

La primera, por ser hija de una de las figuras más controvertidas del país y de América Latina: Alberto Fujimori. El hombre que se anotó importantes victorias como la captura del líder de Sendero Luminoso (SL), Abimael Guzmán, y la operación “Chavín de Huantar”, en donde el Ejército liberó a los 72 rehenes que el Movimiento Revolucionario Tupac Amarú mantenía retenidos en la embajada de Japón en Lima en 1996. Pero que a su vez es sinónimo de una era cuestionada que lleva su nombre, la cual le ha conducido a cumplir una condena por crímenes de lesa humanidad y que ahora Keiko busca limpiar, aspirando a darle al “fujimorismo” nuevos aires a través de una segunda oportunidad.

Para Ollanta Humala, la historia no es diferente. Su pasado militar ha empañado su andadura política. Pese a haber luchado contra los rebeldes de SL, se le acusó del asesinato y el abuso de civiles en el departamento de Huánuco a principio de la década de los noventa, pero años más tarde el caso se cerró por falta de pruebas. Sin embargo, fue el levantamiento que protagonizó junto a su hermano Antauro el 1 de octubre de 2000 contra el segundo gobierno de Fujimori, y algunas coincidencias con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, lo que marcaría su carrera fuera de las filas castrenses.

Dos historias que se han ventilado sin pudor a lo largo de ocho semanas de campaña, en la que “los trapos sucios” y los reproches sobre un pasado dudoso han primado por encima del debate de Estado y del futuro de Perú. Ambos candidatos han jugado con el factor miedo como la variable que podría determinar el resultado final de estos comicios, en los que los dos se encuentran técnicamente empatados con una ligera ventaja de tan sólo un uno por ciento a favor de la líder de “Fuerza 2011”.



“Raspando la olla” de los votos

A pocos días de la segunda vuelta y con un 20 por ciento de indecisos acuestas, tanto Fujimori como Humala intentan “raspar” el fondo de la olla de los votos para atraer el mayor número de nuevos electores posibles. En este sentido, la aspirante “fujimorista” se ha apropiado de una leve ventaja.

Mientras Keiko se ha mantenido firme en su programa inicial de gobierno, Humala, en un gesto por acercarse al centro, ha cambiado de piel edulcorando su discurso y modificando en varias ocasiones su plan gubernamental para aproximarlo más al “lulismo” que al “chavismo”, lo que le ha valido apoyos importantes como los del ex candidato Alejandro Toledo, así como los de un destacado grupo de intelectuales encabezados por el Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa.

Sin embargo, esto no ha contribuido a fortalecer la imagen del líder nacionalista dentro de las encuestas que auguran un final cerrado que hasta la fecha, no se decanta hacia ningún candidato.

Ni Fujimori ni Humala gozan hasta el momento del beneplácito de los votantes. Las denuncias de espionaje por parte de la campaña de “Fuerza 2011” y el presunto apadrinamiento del presidente Chávez a “Gana Perú” aumentan el sentimiento de incertidumbre entre los peruanos, que acudirán a las urnas guiados más por el temor que por la razón.



La “chavezfobia”

A lo largo de esta campaña presidencial se ha podido observar un fenómeno interesante en donde Hugo Chávez ha sido el principal protagonista. La “chavezfobia” es el común denominador de la propaganda electoral dentro de estas elecciones. La abierta empatía que el mandatario venezolano ha manifestado hacia Humala, a quien apoyó en sus aspiraciones presidenciales en los anteriores comicios, le ha dado al “fujimorismo” y a sus detractores políticos la excusa para empañar la popularidad del candidato nacionalista, quien no se ha podido librar de su pasado “chavista”.

Muchos peruanos aún recuerdan las latas de atún distribuidas a los damnificados del terremoto de Cusco en 2006 con la imagen de Humala y Chávez en la etiqueta.

No obstante, esto resulta anecdótico frente a los datos arrojados por el informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), “Los documentos de las FARC: Venezuela, Ecuador y los archivos secretos de ‘Raúl Reyes’”, en el que se desvela los nexos entre el candidato de “Gana Perú” y el mandatario suramericano. Polémica que se suma a las denuncias llevadas a cabo por el diario peruano Expreso el pasado 27 de mayo sobre el presunto ingreso al país de 13,3 millones de dólares por parte de un ciudadano venezolano y otro cubano, que habrían sido utilizados para financiar campañas políticas y acciones en favor de Humala, quien semanas atrás admitió públicamente su “error” de haberse relacionado con Chávez.

Pero la “chavezfobia” irónicamente se le ha revertido a la propia Keiko Fujimori, quien también se vio salpicada por la mala fama que tiene el presidente de Venezuela en Perú. Una foto de ella bailando el “trenecito” con el mandatario durante la Cumbre del Grupo de Río en el año 2000 dio la vuelta al mundo y ensució más su imagen que los huevos que le lanzaron unos partidarios de Humala durante un mitín en la localidad de Bambamarca, a 800 kilómetros de Lima.



La “fujimofobia”

Ollanta Humala no es el único escollo al que tiene que hacer frente Fujimori, a quien el legado político de su padre le persigue como un mal karma. No sólo la portavoz de su campaña en materia de Derechos Humanos, Milagros Maraví, trabajó para el gran fantasma del "fujimorismo, Vladimiro Montesino, sino que el diario La República la acusó de utilizar los servicios de inteligencia peruanos para beneficiar su candidatura.

Sus detractores le atribuyen una personalidad “egoísta y autoritaria” , la misma a la que se la acuña a su progenitor, lo que ha desencadenado varias manifestaciones y marchas bajo el estandarte “Fujimorismo nunca más”, entre los que se encuentran los cien mejores escritores del país, que firmaron un manifiesto en contra de la líder de “Fuerza 2011” y de quien se teme que, de llegar a la presidencia, le otorgue el indulto a su padre, que cumple una condena de 25 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad.

El domingo la decisión final la tendrán los peruanos. Pero, hasta que ese día llegue, sendos candidatos aprovecharán el tiempo de campaña que les queda para decantar la balanza a su favor en unas elecciones acentuadas más por las fobias que por la esperanza de futuro, en un país que a escasos días de acudir a las urnas se sigue preguntando por quién votar.