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Alimentos antidepresivos

domingo 26 de junio de 2011, 18:57h
Dicen que somos lo que comemos. Sin llegar a tanto, nadie duda que la alimentación influye decisivamente en nuestro estado de salud. La salud es un estado de bienestar físico y psíquico, y una alimentación sana y equilibrada no sólo nos aporta los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo sino también de nuestra mente. Al fin y al cabo somos una unidad radical y las funciones psicológicas no son otra cosa que la expresión del funcionamiento de nuestro cerebro.

El estado de ánimo, los sentimientos y las emociones son, entre otras muchas, funciones cerebrales. Es cierto que dependen en gran medida de los acontecimientos externos, pero es también evidente que están condicionados por factores endógenos de naturaleza biológica. Hay sustancias que afectan negativamente a nuestro estado de ánimo; todos los médicos sabemos, por ejemplo, que algunos fármacos utilizados para el tratamiento de algunas enfermedades producen como efecto secundario depresión; y todos sabemos también que hay sustancias que elevan nuestro estado de ánimo, todas las culturas tienen conocimiento de sustancias estimulantes utilizadas para producir euforia, las bebidas alcohólicas son el ejemplo más extendido. La Medicina ha conseguido en las últimas décadas sintetizar fármacos que sin ser euforizantes consiguen elevar el estado de ánimo de personas deprimidas, independientemente de la causa de la depresión.

Pues bien, hoy comenzamos a tener una constatación científica de que algunos alimentos son necesarios para mantener un buen tono en nuestro ánimo. Podríamos hablar en este sentido de alimentos antidepresivos, porque posibilitan un buen funcionamiento cerebral en el área que llamamos genéricamente afectividad. Sabemos que las dietas hiperproteicas, aquéllas en las que se eliminan casi por completo las grasas y los hidratos de carbono, producen con frecuencia estados depresivos. Es el caso de la dieta de moda, la dieta Dukan que se extiende como la pólvora y que dañará probablemente a muchas personas imprudentes. Los hidratos de carbono son necesarios para una correcta alimentación y son fundamentales para mantener un buen estado de ánimo. Los más aconsejables serán los llamados de metabolización lenta y semilenta, entre los que encontramos el arroz, la pasta y los cereales. Sin estos hidratos de carbono la neurona no fabrica la suficiente serotonina, que es una sustancia que permite la conexión entre las neuronas, un neurotransmisor implicado en los trastornos depresivos y ansiosos.

Otros alimentos que podemos considerar antidepresivos son los ricos en Triptófano, un aminoácido necesario también para la síntesis del neurotransmisor antes mencionado, la serotonina. Los plátanos y el aguacate son ejemplos de alimentos con gran contenido de Triptófano.

Un capítulo aparte lo constituyen las grasas. Nuestra sociedad tiene una especie de lipofobia, las grasas están mal consideradas y creemos que son las causantes de todo tipo de enfermedades. Todos andamos preocupados con que no nos suba el colesterol y evitar así la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares. Eso está bien. Pero casi nadie sabe que los niveles excesivamente bajos de colesterol también son “malos”, hay estudios recientes que incluso relacionan los niveles muy bajos de colesterol con el suicidio. Las grasas en exceso son nefastas, pero también son del todo necesarias para mantener un buen funcionamiento cerebral. Habría que recordar que el cerebro es un órgano extraordinariamente graso, en cuya constitución los lípidos representan un papel predominante. Por estas razones podemos decir que hay alimentos grasos antidepresivos, como el aceite de oliva, todo un tesoro para la salud; y todos los alimentos ricos en ácidos grasos poliinsaturados de la familia omega-3, como son el pescado azul, los frutos secos y las nueces.

Y hablando de nueces, permítanme contarles una historia que me fascina. Tenemos que remontarnos dos mil años atrás, a la Roma de Galeno. Este médico griego es considerado el padre de la Medicina, hasta tal punto que a los médicos aún se les llama “galenos”. A Galeno no podemos considerarlo aún como un médico científico, pero era un gran observador y la Medicina tiene mucho de disciplina empírica. Lo curioso es que el “divino griego” tenía mucho de mago, uno de sus principios era que lo semejante cura a lo semejante. Y guiado por ese principio, utilizaba para tratar a los enfermos de corazón una preparación hecha con hojas de una planta que tenía forma de corazón, la digital; y los pacientes mejoraban de una manera espectacular; y dos mil años después seguimos utilizando las mismas sustancias, los digitálicos, para tratar a los pacientes con insuficiencia cardíaca, aunque ahora los fármacos los hagamos en el laboratorio. De un principio mágico, lo semejante cura a lo semejante, se obtuvo un tratamiento eficaz. La mayoría pensará que es casualidad, fruto del azar. Yo no creo en el azar, creo como Borges, que azar es el nombre que nuestra inevitable ignorancia da al tejido infinito de causas y efectos. Creo también que la ciencia es una manera de acercarnos a la verdad, pero no es la única.

Y volviendo a las nueces, ¿hay algo más parecido en la naturaleza al cerebro que una nuez abierta? Recuerda, lo semejante cura a lo semejante. Toma cada día tres o cuatro nueces.
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