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Las caras y los caras de Bélmez

miércoles 06 de julio de 2011, 21:37h
Las caras de Bélmez vuelven estos días a estar de actualidad. En realidad, durante los últimos 40 años nunca han llegado a marcharse del todo y eso que cuatro décadas dan para mucho y algunas de las cosas que hoy nos parecen normales, en 1971 ni se imaginaban o, en todo caso, se suponían más “de brujería” incluso que esas caras que empezaron a brotar en el suelo de la humilde cocina de María Gómez Casas, ama de casa cincuentona, que, a partir de entonces, se hizo más famosa que la serie de televisión “Crónicas de un pueblo”, recién estrenada.

Fue un caluroso día del mes de agosto. María trajinaba entre fogones, según la versión de los defensores del carácter paranormal de los rostros filtrados a través del cemento y el hormigón, cuando descubrió la cara de un hombre de inhiestos y finos bigotes a lo Hércules Poirot, que si de verdad no esperaba debió de darle un susto de muerte. La primera noticia sobre tan particular fenómeno apareció en un diario local dos meses después y, desde ese momento, se convirtió en lo que hoy llamaríamos un “trending topic”. Aún no había globalización, ni mediática ni de ninguna clase, pero hasta revistas extranjeras especializadas en la materia esotérica escribieron sobre el suceso y mandaron corresponsales a Bélmez de la Moraleda, el pueblecito jienense que caprichosamente habían elegido las misteriosas caras para darse a conocer. Porque la del señor que se parecía al detective belga de Agatha Christie no fue la única, hubo más caras que aparecían y desaparecían del suelo y de las paredes del pasillo, se desplazaban de un lugar a otro y hasta se transformaban en otras.

La prensa española al principio se dividió a la hora de calificar el asunto, tratándolo bien de insondable misterio, bien de un fraude como la copa de un pino. El caso es que junto a las noticias más importantes de aquel año en el que Pablo Neruda ganó el Nobel de Literatura, nacieron Greenpeace y Médicos sin Fronteras, murieron Coco Chanel, Louis Amstrong e Igor Stravinski y Karina quedó segunda en el Festival de Eurovisión, las caras de Bélmez seguían atrayendo a la audiencia. Incluso cuando empezaron a aparecer informes que hablaban de restos de sustancias recogidas en las caras, que indicaban que las mismas habían sido pintadas, probablemente con nitrato y cloruro de plata, un método que produce que lo pintado aparezca de forma paulatina, tiempo después de haberse marchado el “artista”.

Sin embargo, Bélmez ya había ocupado su lugar en el mapa del esoterismo nacional e internacional y al pueblecito continuaron llegando turistas curiosos y supuestos expertos en fenómenos poltergeist, cargados de chismes con los que después aseguraron haber grabado psicofonías, y de picos para levantar el suelo de la cocina de la señora María, debajo del cual dijeron que se habían hallado restos de huesos humanos. Y así siguieron pasando los años, el pueblo se había hecho famoso, María cobraba a los medios de comunicación por sacar imágenes de sus concurridos suelos y paredes, y a los turistas les dejaba entrar, a veces, pidiéndoles sólo “la voluntad”. No se trató de un gran negocio, pero la cosa siempre continuó dando lo suyo al recóndito pueblo de la Sierra Mágina, especialmente desde que programas como “Cuarto Milenio” dedicaran reportajes especiales a asegurar que eso del fraude nunca había quedado definitivamente demostrado y que aún había muchos interrogantes que ningún científico había contestado con rotundidad.

De modo que volvió a prender la llama, ahora también en aquellos que ni siquiera habían nacido en el 71. Tampoco el fallecimiento de María en 2004 acabó con la historia, porque de repente aparecieron las denominadas “Nuevas caras de Bélmez”, ya no en la casa de la calle Real número 5 en la que había vivido la mujer, sino en aquella cercana que la vio nacer en 1919. Estaba claro que las caras no le iban a dejar. Ni a ella ni, por supuesto, al pueblo.

Ahora, pasadas cuatro décadas de aquel lejano año en el que el litro de la súper costaba 12 pesetas con cincuenta céntimos, la noticia de que se van a destinar 858.000 euros para la creación de un museo dedicado a la interpretación de las caras de Bélmez vuelve a poner al pueblo y a “sus caras” en boca de todos. Que en época de crisis, un proyecto consiga reunir tal cantidad de fondos, procedentes en un 70% de la Unión Europea, un 25% de la Diputación y el 5% restante del Ayuntamiento de la población, sí que resulta todo un fenómeno paranormal.
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