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Messiaen or not Messiaen

domingo 10 de julio de 2011, 19:36h
Se viene fraguando en facebook un grupo a favor la dimisión de Gérard Mortier, director artístico del Teatro Real de Madrid. Después de Messiaen, lo van a crucificar. Del 6 al 13 de julio la ópera “San Francisco de Asís” de Olivier Messiaen se representa en el Pabellón Madrid Arena de la Casa de Campo de Madrid. Es una producción del Teatro Real, es una súper-producción sólo apta para incondicionales de la ópera y de la música francesa. Estuve en el ensayo general del día 4 julio y era curioso, tengo que decirlo, la mixtura a las once de la noche de público que salía del Pabellón y del público que pasea y conduce lentamente por los senderos de La Casa de Campo, digamos que parecen no tener los mismos intereses pese a compartir espacio.

La representación comienza a las 18 h y dura seis horas, con tres pausas programadas. En los descansos, hay bebida, comida, paneles expositivos y hasta salas de protocolo. De María Sharapova a Camilla Tilling, sin transición. Tilling es el ángel de la pieza, que aparece espectralmente por los laterales del escenario y que inunda con su voz el espacio del pabellón. En el escenario sólo hay 250 músicos y cantantes, dirigidos por un director de orquesta, semioculto tras la pasarela de tramex que hace las veces de escenario.

No puedo hacer crítica musical porque no tengo la formación necesaria. Haré las observaciones a un espectáculo arriesgado, difícil de comprender. Si ya la ópera, en general, necesita de una suspensión de la incredulidad, de un distanciamiento brechtiano, al estilo V-effekt, aquí lo necesita a plomo. Cuando la ópera tiene lugar en el Teatro Real, sueles llegar en metro, corriendo, con la cabeza llena de problemas y conversaciones y de repente, te sientas, y contemplas gente que arriba a Taúride y no reconoce a su propia hermana, quien está a punto de ordenar su muerte y te parece normal. No se produce de manera inmediata la fusión, pero va llegando y en las pausas de pasillos alfombrados y vistas sobre la Plaza de Oriente, paulatinamente comprendes a Ifigenia.

Este proceso es bastante difícil de llevar a cabo en el Pabellón de hormigón y vigas a la vista. Cerca de la cúpula, se oía cantar a algunos pajarillos, que no formaban parte del atrezzo (había una gran jaula con palomas en el escenario). Los silencios, la dureza del texto sobre la idea de predestinación en San Francisco de Asís y la duración de la obra no eran ingredientes fáciles. Aún así, el resultado me parece arriesgado, que revuelve la concepción de la ópera y supone un desafío para el espectador habitual. La crucifixión de Mortier, tal vez necesite de la intercesión de San Francisco.
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