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Crítica de ópera

El público del Teatro Real dice sí a [i]Tosca[/i] en el final de la temporada

miércoles 13 de julio de 2011, 12:31h
Una brillante y conmovedora Violeta Urmana protagonizó anoche con gran éxito la ópera de Puccini a la que su personaje da nombre, y que es la encargada de cerrar este año la temporada del coliseo madrileño, con la reposición del montaje dirigido por Nuria Espert en 2004.
Anoche, la soprano lituana Violeta Urmana conquistó al público del Teatro Real con una interpretación vocal y actoral llena de fuerza y de equilibrio, conmovedora y exquisita, que mereció los primeros bravos de la noche nada más interpretar el bellísimo aria “Vissi d’arti” durante el segundo acto. Junto a ella, un soberbio barón Scarpia, el barítono georgiano Lado Atanelli, y un mucho menos convincente Mario Cavaradossi a cargo del tenor Marco Berti - que no logró emocionar en un aria tan desgarradora como “E lucevan le selle”- , se llevaban los aplausos unánimes de un público entregado a la magistral y apasionada obra de Puccini, mezcla de sexo, religión y celos, sobre un fondo de historia bonapartista, desde la formidable resolución del grandioso “Te Deum”, al final del primer acto.

No pareció importar que se tratara de una producción que los aficionados de Madrid ya habían tenido la oportunidad de ver en 2004; todas las localidades estaban vendidas desde hace días, y bandos pro Puccini o anti Puccini aparte, lo que quedaba patente anoche en la primera de las doce representaciones programadas hasta el próximo 28 de julio es que Tosca sigue, desde su estreno en Roma el 14 de enero de 1900, y seguirá siempre atrayendo a muchos amantes de la lírica. Y si es con artistas de la talla de Urmana, con bastante más razón.

Unos días antes del estreno, el director artístico del Real, Gerard Mortier, matizaba en este sentido que, dejando aparte sus gustos personales y sus apreciaciones acerca del compositor italiano, el problema principal de Tosca radica en que son demasiadas las veces en que la misma está mal interpretada. Y, por ello, se mostraba muy satisfecho con esta producción, que había conseguido traer a la capital a dos sopranos consideradas como de las mejores Toscas de la actualidad.

A la espera de escuchar a Sondra Radvanovsky, la soprano que encabeza el segundo reparto junto al tenor Marcello Giordano y al barítono George Gagnidze, Violeta Urmana demostraba que, definitivamente, no puede haber Tosca sin una gran Tosca, capaz de destilar el torrente de celos, de amor, de arrepentimiento, de honor, valentía y, finalmente, de dolor, que precisa el que es uno de los personajes femeninos más famosos de la historia lírica, nacido de la fascinación que por ella sintió Puccini cuando vio representado el drama original que había escrito Victorien Sardou para que fuera protagonizado por la gran Sarah Bernhardt.

Triunfó anoche también la Orquesta Titular del Teatro Real, Orquesta Sinfónica de Madrid, que a las órdenes de una de las batutas más expertas en la dirección de las obras de Verdi y Puccini, Renato Palumbo, supo interpretar con igual dosis de pasión, tragedia y dulzura la complicada partitura de Puccini; una partitura cargada de tensión dramática, que demasiadas veces se cree, equivocadamente, fácil de ejecutar en todos sus matices.



Únicamente el capítulo escénico fue anoche objeto de discrepancia a la hora de valorar la obra una vez caído el telón. La directora de escena Nuria Espert, que confesaba haber vuelto a ponerse al frente de este reestreno por la amistad que siente por Mortier, con quien coincidió hace años trabajando en una Elektra que dirigió en Bruselas, a pesar de haberse retirado del mundo de la ópera definitivamente, fue recibida, al final de la representación, por un público claramente dividido. Su presencia en el escenario levantó los aplausos de quienes habían valorado positivamente su particular lectura de Tosca, que incluye, por ejemplo, un barón Scarpia que deja la piel de policía lujurioso en la que le metió Puccini para meterse en la de un clérigo, igualmente malvado y poseído por un incontrolable y violento deseo carnal, y abucheos procedentes de aquellos aficionados que, por el contrario, estaban en desacuerdo con el personal punto de vista de la directora.




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