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el imparcial entrevista a su autor, alberto granados

[i]Los vigilantes de los días[/i], una ficción muy real sobre periodismo, narcos y crimen

domingo 17 de julio de 2011, 14:28h
Los vigilantes de los días presenta un México de contrastes, donde se puede gozar pero no exento de peligros.

Para hacer un México creíble había que partir de todos los elementos. La zona Caribe nada tiene que ver con D.F. o con el norte, con Durango o Ciudad Juárez, de donde llegan noticias aterradoras. Si vas a México, en algún momento tienes que toparte con esta cruda realidad, y si quería uno hacer algo real -desde el cariño, porque soy un apasionado de México- había que tener en cuenta estos ingredientes.

En el libro se narran crueles sacrificios humanos. ¿Sólo ficción?

La semana pasada, sin ir más lejos, decapitaron a 15 personas y echaron las cabezas en medio de la calle. Es algo que encontramos a diario, esa cultura ancestral que tenían los pobladores mexicanos hoy en día se sigue viendo en las noticias, no de la misma manera que antiguamente, que era para ofrecérselo a los dioses. En este caso, es para saciar una venganza.

En las páginas también se halla impunidad, una policía corrupta y una ciudadanía habituada al crimen que prefiere no involucrarse cuando asiste a él.

Es una situación que diría que es mundial, la gente cada ve está menos comprometida y si vemos un robo o historia violenta a nuestro alrededor la gente actúa mirando hacia otro lado. En Nueva York, se dejó un cadáver -o lo que parecía un cadáver- en la calle y allí permaneció varias horas. México no es una excepción, la gente no quiere meterse en problemas. Los narcos en la zona norte controlan la situación. Hace apenas dos meses, fueron detenidos 1.500 policías corruptos. La ciudadanía tiene sensación de inseguridad, incluso los periodistas. Han muerto muchos en este tiempo por decir la verdad, por hacer su trabajo.

¿Cómo es el día a día de los profesionales allí?

Muy difícil. La mayoría que ha tocado este tema está amenazado, necesitan de medidas de seguridad porque la situación es muy comprometida. Somos los primeros que caemos cuando hay una situación de estas características. Salir adelante, intentar ganarte la vida como periodista en Ciudad Juárez o Durango es muy complicado.

¿Richard Cappa es Alberto Granados?

Tiene muchísimas cosas en común. Primero, la edad, que es lo más fundamental, o su amor por la gastronomía. Es más valiente que yo, se mete en más fregados, pero los dos somos curiosos, está siempre indagando. La máxima en mi vida es preguntarme el porqué de todas las cosas.




En su labor de periodista, investigó en México como Cappa lo hace en la aventura que narra el libro. ¿Hasta que punto fue consciente de la peligrosidad de su tarea?

El reportaje que hicimos en la Santa Muerte fue bastante complicado, dese cuenta de que está en el peor barrio de D.F., que es Tepito, y más para un equipo de televisión que se quiere meter en esa especie de gueto. Hubo sensación de peligro y resulta que el sacerdote que entrevistamos, el padre David Romo, fue detenido y encarcelado por hacerse pasar por un narco y extorsionar a familias.

¿Cree las profecías? ¿Se acaba el mundo, según el calendario maya, el 12 de diciembre de 2012?

Les doy muy poca credibilidad. Hemos tenido tantos fines del mundo a lo largo de la Historia… Será un cambio de calendario, los mayas, cuando planteaban un cambio de calendario, empezaba el siguiente, otro periodo diferente. Son cambios de ciclo y de pensamiento que, viendo nuestras calles, parecemos estar viviendo: los países árabes se levantan, hay gente que no quiere lo estipulado o los pilares económicos se están derrumbando.

Para equilibrar lo negativo, Cappa disfruta de buena comida, buena bebida y de un país hermoso.

Es un país apasionante que entra por los cinco sentidos, un país de muchos contrastes, colores, con gente muy alegre, simpática, hospitalaria. Pasear por D.F., por el Zócalo, es una experiencia que todos deberíamos tener al menos una vez en nuestra vida.

¿Les ha gustado el cameo a Kike Sarasola, a Bruno Oteiza o a Jon Sistiaga, personajes en Los vigilantes de los días?

Están contentos, aunque no habituados a estar dentro de una novela. Si uno fuera a México podría encontrarse con ellos, uno tiene un hotel, otro un restaurante y al tercero le llamaría cualquier periodista en el terreno. Con realidad, la ficción encaja mejor.

¿El tiempo libre que deje la radio lo dedicará a ensayo o a novela?

La novela termina con un 'fin' entre interrogaciones. Si todo sale bien, habrá segunda parte, y por supuesto continuaré con mi mundo curioso, que gusta mucho y espero que siga siendo así.


Los vigilantes de los días. Alberto Granados. 375 páginas. Espasa-Calpe. 19,90 euros
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