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Crítica de cine

[i]Las Reliquias de la Muerte. Parte 2[/i]: el espectacular hechizo final de Harry Potter

sábado 16 de julio de 2011, 10:08h
El estreno este viernes de la última cinta que adapta los libros escritos por J.K. Rowling y protagonizados por el mago más famoso de la historia es, sin duda, el acontecimiento cinematográfico estrella de este verano. Ningún periodo mejor que el de vacaciones para ir con los amigos, las veces que el bolsillo lo permita, a ver la espectacular cinta que acaba por desvelar todos los misterios que quedaban pendientes acerca de Harry Potter y dar alguna que otra sorpresa, antes del épico final.


La segunda parte de “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte”, octava película de la saga, promete, como no podía ser de otro modo, arrasar con todos los record de taquilla. No será una tarea difícil, el protagonista y todo su espectacular mundo mágico cuentan con una legión tremendamente fiel de seguidores que, además, acuden a las salas, en esta ocasión, con el reclamo adicional de saber que se acabó, que también Harry Potter tiene que despedirse y que su adiós no puede ser un adiós cualquiera. Tanta expectativa siempre es peligrosa, porque puede que los más fieles estén dispuestos a ver la cinta en cualquier caso, pero, además de ellos, hay mucho público y, sobre todo, muchos críticos, que siempre parecen estar esperando los filmes que más prometen a nivel comercial para estudiarlos con lupa y sacar a la luz todos los defectos.

Con “Las Reliquias de la Muerte, II Parte”, y por complicado que parezca, las expectativas se cumplen, a todo el que asiste le cuesta mantener la boca cerrrada y la crítica en general parece hechizada con tanto despliegue de buen hacer. El cineasta británico David Yates, director de las cuatro últimas cintas de Harry Potter, firma con la película que acaba de estrenarse en nuestro país un cuidado y maduro trabajo que, se mire por donde se mire, no va a decepcionar ni al más exigente de los espectadores: siempre y cuando el que entra al cine sepa, por lo menos, lo indispensable acerca del mundo mágico de tan especial protagonista. Que a estas alturas todo el mundo lo sabe, será lo que estén pensando ahora ustedes, pero les aseguro que en este mundo hay para todo y que ayer también hubo alguna persona - todos más que adultos, claro – que se salió de la sala antes del final, pensando seguramente que el resto de los que seguíamos allí, pegados a la butaca con la boca abierta, aunque ya se hubiesen acabado las palomitas, y escondidos como clones detrás de unas curiosas gafas oscuras, nos habíamos vuelto locos de remate.

En realidad, la película es tan buena – hasta la crítica se ha rendido a este último hechizo – que, aún no sabiendo nada de Potter, se puede ver disfrutando de lo lindo, pero también es comprensible que tanta barita sembrando fuego, mientras se buscan desesperadamente los horrocruxes que faltan, despiste a quien, llamado por el incesante aluvión de informaciones acerca del esperado estreno, haya acudido a ver el final de una historia, cuyo principio y nudo principal son tan importantes y están tan llenos de matices, de complejos personajes y de antecedentes mágicos, llegando a crear durante la última década un mundo paralelo al nuestro. Tanto los libros, como las películas de la saga han conseguido que nada de lo relatado parezca “irreal”, y para la despedida, el experimentado equipo encabezado por Yates parece haber cuidado con profundo esmero cada detalle para llegar a un resultado que no deja resquicio a la mala crítica. La fotografía del portugués Eduardo Serra es elegante, precisa y a la vez llena de fantasía; la banda sonora es una combinación acertada del clásico Hedwig’s theme con otros nuevos y el veterano guionista Steve Klover es, como siempre, bastante fiel al libro, aunque ha sabido qué historias sacrificar en aras de la trepidante acción y qué cosas añadir a lo escrito por J.K. Rowling para que la película sea todo lo impactante que un épico final, con magnífica batalla entre el bien y el mal incluida, necesita.

También los actores, desde el protagonista y sus compañeros, Daniel Rattcliffe, Emma Watson y Rupert Grint, a quienes hemos visto crecer en la pantalla, junto a los secundarios de lujo - gran acierto de la saga - están aquí mejor que nunca y convencen de lo que en realidad nunca nos deberían haber convencido: que desde el andén secreto de la estación londinense de King’s Cross sale el expreso de Hogwarts hacia un mundo muy especial en el que manda la magia, la buena y la mala.




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