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¿Cuándo se creará empleo?

William Chislett
sábado 16 de julio de 2011, 12:25h
A un año de la reforma laboral, no sorprende que ésta haya tenido un impacto mínimamente positivo, por no decir nulo. La tasa de paro sigue por encima del 20%, el doble de la Unión Europea, 4,9 millones de desempleados o cuatro de cada 10 personas menores de 24 años.

Hasta la reforma, impuesta por el Gobierno por falta de acuerdo entre los sindicatos y la patronal, existía una figura de contratación desde 2001, denominada contrato de fomento de empleo, que permitía una indemnización de 33 días por año trabajado en caso de despido improcedente y se aplicaba sólo a jóvenes de entre 16 y 30 años, mayores de 45 años, mujeres desempleadas, personas con más de seis meses en el paro y discapacitados.

La reforma laboral amplió el número de trabajadores que dejaban de estar protegidos por una indemnización de 45 días por año trabajado, engrosando el de la nueva figura de contratación, y acogió a otros trabajadores a lo que no se reconocía el derecho. Así, a los colectivos ya mencionados, se sumaron los trabajadores con más de tres meses en las listas del desempleo, los desempleados entre 31 y 44 años que hubieran tenido un contrato fijo y que se les hubiera extinguido un contrato de carácter indefinido en una empresa diferente, los desempleados que en los dos años anteriores hubieran estado con contratos temporales, y los contratados temporales a quienes la empresa quisiera hacer fijos desde la reforma.

En todo caso, la reforma no tenía efectos retroactivos, y por lo tanto los trabajadores con contrato fijo ordinario mantenían sus derechos, esto es, los 45 días de indemnización por año trabajado en caso de despido improcedente.

La reforma facilitó los despidos procedentes (20 días de indemnización por año trabajado) a las empresas con pérdidas económicas. Hasta ese momento la indemnización era de 45 días por año trabajado. También estableció la reducción de jornada por causas económicas y estructuró la penalización del abuso en los contratos temporales sine die.

Ninguna reforma laboral produce efectos de la noche a la mañana, y menos en un país como España con una economía que después de dos años de recesión crece muy poco; con un modelo productivo, excesivamente basado en el ladrillo que se ha hundido sin que se vea otro modelo alternativo; una falta de confianza en el Gobierno (la confianza es un factor esencial para crear puestos de trabajo) y un sistema educativo que rinde bajos resultados y hace muy difícil, si no imposible, un modelo productivo sostenible y basado más en el conocimiento.

De las medidas que se adoptaron, la más exitosa ha sido la reducción de la jornada en las regulaciones de empleo (ERE) para evitar despidos, siguiendo el ejemplo de Alemania. De los más de 32.000 trabajadores afectados en junio de 2010, apenas el 2,6% habían sufrido una reducción de jornada. Al mes de aprobarse la reforma, llegaron al 9,4% y en abril de este año, ascendían al 20%.

En cambio, el empleo a tiempo parcial apenas progresa en España y sólo supone un 13,3% en 2010, seis puntos menos que la media de la UE. Las propuestas de reforma laboral del Gobierno del año pasado han pretendido fomentar la contratación a tiempo parcial considerándola como un yacimiento para el empleo. Pero todo parece indicar que los resultados son escasos, por no decir nulos.

El candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, tuvo la arrogancia de decir que sabe cómo crear empleo (sin especificar), como si existiera una receta mágica que el Gobierno del cual ha sido miembro durante siete años hubiese olvidado aplicar, mientras su oponente, Mariano Rajoy, insiste que el mero cambio de Gobierno puede hacer bajar el número de parados.

Según un ejercicio inédito de previsión de largo plazo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), habrá que esperar 15 años para que la tasa de desempleo en España vuelva al nivel “bajo” previo a la crisis, de alrededor de 8%. Para la mayoría de los países desarrollados, sin embargo, tal nivel es alto.

Las organizaciones internacionales no suelen acertar en sus previsiones, pero incluso si uno reduce el periodo de este pronóstico de 15 a 10 años, España tendrá una década con un nivel de paro muy alto, aunque cuesta creer que la cifra oficial hoy de más de 20% refleje la realidad. Llama la atención que cuando la tasa era del 8%, daba la sensación que España tenia casi pleno empleo, algo revelado por el hecho que muchas empresas no podían encontrar trabajadores. La única explicación es que la economía sumergida está floreciendo.

Sin crecimiento de más del 2% en España, no se puede crear mucho empleo en términos netos. Y es dudoso que la economía vaya a ser capaz de crecer el 1,3% previsto para 2011. No sorprende que más y más jóvenes (con toda probabilidad, los mejor formados y los más dinámicos) tengan los ojos puestos en trabajar fuera de España, agravándose más el problema de descapitalización humana que el país presenta, en gran medida responsable del bajo nivel de la productividad.

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William Chislett

Escritor

WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano

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