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Nacionalistas vs. Unionistas

Irlanda del Norte: la interminable guerra entre hermanos continúa

domingo 24 de julio de 2011, 13:42h
Viernes, 10 de abril de 1998. Tony Blair, primer ministro británico; Bertie Ahern, premier irlandés; David Trimble, líder político de los unionistas; Gerry Adams, representante del brazo armado del IRA, el Sinn Fein; y John Hume, representante socialdemócrata, se reúnen en el castillo de Stormont de Belfast bajo supervisión de Estados Unidos para ratificar los acuerdos de paz para Irlanda del Norte.

Es el llamado Viernes Santo. Una jornada que pondría fin, o al menos eso era lo que se buscaba, a casi cinco décadas de enfrentamientos entre fuerzas paramilitares secesionistas y tropas leales a la corona británica. Hasta entonces, 3.500 personas habían perdido la vida en uno de los dos conflictos con tintes terroristas que seguían activos por aquel entonces en el Viejo Continente. El otro, por desgracia, es el que sigue protagonizando, a día de hoy, la banda terrorista Eta.

A pesar de que oficialmente la zona de Irlanda del Norte ya no está en disputa, lo cierto es que la violencia se ha recrudecido en las últimas semanas, como viene siendo habitual por estas fechas cada año, entre las dos principales comunidades del territorio: los nacionalistas, en su mayoría católicos que abogan por la creación de un estado soberano e independiente del "yugo" que representa la corona británica, y los unionistas, protestantes partidarios de seguir vinculados al Reino Unido, aunque con un cierto grado de autonomía. Ambos sectores -hermanos, vecinos, colegas, compañeros de trabajo- son, al mismo tiempo, enemigos irreconciliables.


Algunos de los firmantes de los Acuerdos de Viernes Santo, entre los que se encontraban Tony Blair (primero por la izquierda) y Bertie Ahern (segundo por la derecha).


Trece años después de que se estamparan las firmas en los Acuerdos de Viernes Santo, un hito en cuanto a negociación política y diplomática se refiere según los expertos y que muchas veces se toma como ejemplo para intentar encontrar una solución al conflicto vasco, las revueltas entre ambas comunidades refrescan la memoria de los más radicales y reavivan un conflicto que no acaba de morir.

Las concesiones políticas, económicas y sociales, la entrega de las armas por parte de los paramilitares, la retirada de las tropas británicas de la región, el establecimiento de un Ejecutivo de Irlanda del Norte o el compromiso en aras de la paz de los firmantes de Stormont no han logrado dar carpetazo a un conflicto que, año tras año, sigue sumando víctimas a lasnecrológicas.

Bloody Sunday
Irlanda del Norte es un territorio con una extensión similar al de la provincia de Córdoba y cuenta con una población cercana a los dos millones de personas. Tras años de sometimiento a la corona británica y pequeñas pero continuadas escaramuzas, el Irish Revolutionary Army, conocido popularmente como IRA, empezó a cobrar protagonismo por medio de las armas a mediados de los años 50 y comienzos de los 60.

Si bien los ataques terroristas se sucedieron, el conflicto norirlandés no empezó a considerarse como tal hasta 1968, aunque para entonces la cifra de muertos como consecuencia de los ataques de las facciones independentistas y las fuerzas británicas era considerable.

En los años siguientes, la escalada de muertos se hizo imparable hasta llegar a 1972, el peor de todos y en el que perdieron la vida 479 personas. Para entonces, los revolucionarios norirlandeses ya habían sufrido una de sus múltiples escisiones: el IRA Provisional, una facción más radical y violenta que la original, que pasó a llamarse IRA Oficial.


Uno de los murales que decoran las calles de Belfast.


Un episodio especialmente controvertido fue el llamado Bloody Sunday. El 30 de enero de 1972, trece personas fueron abatidas por fuerzas británicas durante una marcha a favor de los derechos civiles en la ciudad de Derry, la segunda más grande de la región y que se encuentra a 96 kilómetros de Belfast. De trágica memoria para los que allí estuvieron, el famoso grupo U2 compuso una canción homónima en recuerdo de las víctimas. Así, bombas, tiroteos, asaltos, detenciones y atentados en Londres se sucedieron mientras el número de muertos no bajó de los ochenta en los siguientes catorce años.

La década de los noventa supuso un descenso en el número de víctimas, siendo 1991 el más sangriento con 96 fallecidos, esperanzador prolegómeno de lo que acabaría desembocando en la firma de los tratados de paz. Pero, aunque el Viernes Santo fue el culmen a años de tiras y aflojas, vanas negociaciones e infructuosos diálogos a varias bandas, lo cierto es que no todos dieron por zanjado el conflicto aquella tarde.

Algunos reductos del IRA consideraron una traición el ceder en sus posturas secesionistas y decidieron continuar la lucha bajo la bandera del IRA Auténtico, una facción radical que siguió combatiendo tres años más, cuando el conflicto de Irlande del Norte se dio oficialmente por extinguido, y que fue la responsable del atentado en la ciudad de Omagh en el que murieron dos españoles (Rocío Abad, de 23 años, y Fernando Blasco, de 12).

Marchas 'orangistas', violencia segura
Todos los años, en el mes de julio, la comunidad protestante conmemora mediante diversas marchas la victoria de su rey Guillermo III de Orange sobre el católico Jaime II en la batalla del Boyne en 1690. Los organizadores de las concentraciones, que reúnen a millares de unionistas, tienen pactados los recorridos con la comunidad nacionalista, pero no siempre la cordialidad y la tolerancia imperan en los barrios de Belfast.

Sin ir más lejos, hace dos semanas, una de esas marchas acabó derivando en una auténtica batalla campal en la que al menos treinta agentes de de la Policía norirlandesa (PSNI) resultaron heridos y decenas de personas fueron detenidas.

Barricadas, cócteles molotov, piedras y cañones de agua hicieron reverdecer los recuerdos de un pasado mucho más violento. Y es que las rencillas entre ambas comunidades siguen muy vivas. Los hijos y los nietos de los que una vez combatieron han heredado las ansias de reconocimiento de sus antepasados y protagonizan periódicos altercados que, en ocasiones, acaban en muerte.


Estado en el que quedó el coche atacado tras el atentado del pasado 2 de abril.


Agrupados entorno a pequeños colectivos paramilitares y bajo el patrocinio de ex combatientes del IRA, jóvenes norirlandeses han cometido varios atentados en los últimos meses, como el que acabó con la vida de un agente policía, de origen católico, el pasado 2 de abril cuando una bomba lapa adosada a los bajos de su coche hizo explosión.

Los servicios de inteligencia irlandeses y británicos han avisado en numerosas ocasiones de que pequeñas facciones vinculadas al IRA siguen activas y que su capacidad para cometer acciones terroristas sigue representando una seria amenaza tanto dentro como fuera del territorio de Irlanda del Norte.

No obstante, el pasado mes de mayo, Scotland Yard elevó el estado de alarma ante la posibilidad de que un gran atentado se cometiera en Londres. Por suerte, todo quedó en una falsa alarma, pero la amenaza sigue sobrevolando.

Para contactar: borja.mota@elimparcial.es
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