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¿El fin de ETA?

domingo 31 de julio de 2011, 17:37h
Lo que podía ser para algunos una opinión de parte, ha resultado ser un hecho manifiesto e incontrovertible a raíz del último comunicado de la banda terrorista ETA: la citada banda terrorista está presente en las instituciones del Estado español y disfruta de plenos derechos constitucionales. Retengamos el dato de que el mencionado comunicado fue emitido de intención el mismo día en que se conmemora el infamante asesinato del concejal del PP Rafael Blanco. Puede que sea un acto de cinismo pero también que se trate de un mensaje que ETA manda a eso que llamamos con inveterado optimismo “la ciudadanía” vasca: a saber, que “por ahora preferimos no seguir matando dado que hemos encontrado la solución perfecta: hacer política “normal” en instituciones impecablemente democráticas, con refrendo de los votantes, manteniendo intacta nuestra identidad y nuestros objetivos, sin hacer concesiones. Pero somos quienes somos, no se olvide: nacionalistas que hemos elegido la vía del asesinato y la extorsión para hacer política. Tenemos unos objetivos que cumplir. Ahora nos conviene la lucha exclusivamente política pero se trata de una decisión táctica. En cualquier momento podemos volver a la práctica de la política por otros medios, eso que algunos se empeñan en llamar terrorismo”.

Este sería el mensaje que ETA envía a la sociedad vasca transcrito sin retórica, yendo, como se suele decir, al grano y que se puede resumir en los siguientes términos: “jugaremos el juego de la democracia mientras nos convenga. Luego ya veremos”. Si algún votante de Bildu de buena fe, que puede ser los haya, pensara al leer esto que me equivoco, debería estar en condiciones de responder a la siguiente pregunta: ¿qué gesto inequívoco de naturaleza política ha hecho Eta para que creamos ahora que el salto del orden terrorista al orden político es irreversible? Y ni siquiera podemos estar seguros de que haya habido un salto consciente en dirección al abandono de la violencia y no un cambio instrumental que se mantiene fiel a sus objetivos.

Se dice que los asombrosos resultados que ha obtenido Bildu en el País Vasco no son el reflejo de una sociedad desconcertada, envilecida y amedrentada por tantos años de crímenes y extorsiones, sino la decisión política consciente de una parte del electorado que ve en el acceso de los nacionalistas radicales vascos a las instituciones una garantía de la desaparición del terrorismo. Las reflexiones que siguen están dedicadas a las bellas almas que tal piensan.

Desde que comenzó el proceso de legalización de Bildu hace ya meses no se ha dejado de oír como gran –y casi único argumento— la especie de que la legalización de la coalición implicaba la desaparición de Eta o al menos su encauzamiento hacia ese anhelado fin. Más allá del deseo piadoso de que Eta deje de matar, que, claro está, se formula, sobre todo, del lado de los posibles objetivos, es decir, toda la sociedad menos los amigos nacionalistas, ¿qué significa la expresión “desaparición de Eta”? ¿Acaso es posible que desaparezca Eta de un plumazo: sus víctimas, sus asesinos, detenidos o no, los amigos y familiares de unos y otros, los recuerdos, las herencias…? Entonces, ¿qué se quiere decir exactamente? Ni siquiera el buen Dios puede hacer que lo que fue no haya sido. Y si lo que fue es esa montaña de muerte, violencia y extorsión, ¿no da la impresión de que a aquellos que no se les cae de la boca la expresión “la desaparición de Eta” están formulando en voz alta un deseo no solo inmoral sino además idiota? El mecanismo de defensa más torpe y burdo frente a la realidad es según el psicoanálisis, la negación. A él recurren los niños cuando son pillados in fraganti. Creen que cerrando los ojos el problema desaparecerá.

¿Es eso lo que han pensado todos esos políticos del PSE o del PNV y de ahí hacia la izquierda cuando han empeñado su palabra ante la sociedad defendiendo el acceso de Bildu a las instituciones del Estado afirmando que una vez en las instituciones Eta desaparecerá?

José Lasaga

Doctor en Filosofía

José Lasaga Medina es Catedrático de Filosofía.

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