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Las vacaciones de Rajoy y Rubalcaba

domingo 31 de julio de 2011, 18:49h
Con la fecha de las elecciones, por fin, decidida, durante los próximos cuatro meses, España se enfrenta al duelo a cara de perro entre dos políticos, Rubalcaba y Rajoy, entre dos partidos, entre dos maneras de gobernar. Y con un único argumento decisivo: la crisis económica con el consiguiente aluvión de parados que ha dejado Zapatero en la cuneta. Y el que llegue a La Moncloa tendrá que empezar por ahí.

En, principio, en época de crisis, el electorado se inclina por los partidos conservadores (en España, prefieren llamarse de centro) pues han demostrado que son mejores en la gestión económica que los socialistas. Dicen que la izquierda saquea las arcas que deja la derecha. En Gran Bretaña, en Francia, en Alemania y de momento en Italia, gobiernan los conservadores.

También en España, según todas las encuestas, tras el legado de Zapatero, además, el electorado se prepara para llevar al Gobierno al PP. La diferencia, hasta la cocinada por el CIS, da una clara ventaja al partido de Rajoy. Y desde la histórica victoria del PP sobre el PSOE en las municipales y autonómicas el 22 M, pocos tienen dudas de que Rajoy tiene el camino despejado hacia La Moncloa.

Pero, tampoco será un camino sencillo y relajado, para su desgracia muy poco relajado, porque enfrente está un tal Rubalcaba y, seguramente toda la izquierda, que odiaría ser gobernada por un partido ultra, según ellos.

El éxito o el fracaso de IU podría, una vez más, inclinar la balanza. Y hay muchos militantes de izquierdas que votan al que puede impedir la llegada de la derechona al poder. Muchos de los que ahora dicen en las encuestas que apoyan a IU, al final votarán a Rubalcaba para impedir la victoria de Rajoy. Y ahí están los guiños del candidato socialista hacia el 15-M, contra la Banca… En fin, carnaza para la izquierda. Votos a conquistar.
El duelo entre Rajoy y Rubalcaba va a tener también su salsa. Rubalcaba, es verdad, que ha pasado por todos los recovecos del poder, incluso por las cloacas, pero, para muchos, ha salido impoluto. Es astuto como pocos, encantador de serpientes, locuaz, simpático, brillante, experto en mil batallas, polivalente, un corredor de fondo. Y se las sabe todas. Y las utiliza todas. Fue el gran agitador de masas contra el PP tras el 11-M.

Sabe que lo tiene muy difícil. Y eso le da más fuerza. No va a parar. Al salir en desventaja tendrá que provocar, que agitar, que insultar para impedir que la inercia lleve al PP al gobierno. Y lo hará con todas las armas a su alcance. Que todavía son muchas. Es cierto, que lleva encima el lastre de Zapatero, aunque ya empieza a quitárselo de encima. Y, desde luego, va a luchar hasta el final y parece ser que tiene buen sprint.

Rajoy parte en principio con una gran ventaja. Primero, porque sucedería al peor presidente que ha pasado por La Moncloa, el más torpe, el más embarullador, el más tramposo, el más pernicioso para España. El legado del PSOE es un agujero negro. También tiene a favor la necesidad de cambio que se respira por buena parte de España, y con la fuerza del PP tras las municipales, sólo una catástrofe podría arrebatarle la victoria. Pero las catástrofes suceden.

Rubalcaba, en cambio, arrolla a Rajoy, aunque no parece decisivo en estos momentos, en lo que en política se llama carisma. Mientras el presidente del PP siempre parece enfadado, el socialista no pierde jamás la sonrisa. También hay quien quiere verlos como un político serio frente a uno cachondón. El candidato del PSOE, además, ha estado en primera línea de combate en los últimos años, para bien y para mal, mientras Rajoy ha hecho una oposición blandita y medrosa.

Los que conocen a Rajoy, aún admitiendo su pachorra, aseguran que podría, en cambio, ser un buen presidente. Es moderado, tranquilo, sensato, inteligente y también tiene un buen bagaje como gestor político, como ministro de Aznar. Tiene las ideas claras. Es muy brillante como orador, culto, irónico. En el Parlamento suele lucirse. Parece una apuesta segura. Y nadie duda de que nombraría un Gobierno con un coeficiente intelectual infinitamente superior a los formados por Zapatero.

Un cambio de Gobierno en España, además, cambiaría la visión económica sobre nuestro país y, así, la credibilidad de los mercados internacionales. Porque ahora, somos una nación secundaria y hasta sospechosa de hacer trampas. Rajoy en La Moncloa no es Zapatero. Parece un gigante a su lado.

Todo eso es verdad. Y la lógica política apunta en esa dirección. Que el PP ganará. Y las medidas de austeridad, de reducir el déficit y de incentivar el empleo de los Gobiernos y programas del PP son otra garantía para el electorado en estos momentos de zozobra, de paro, de desequilibrio, de locura general.

Pero, Rajoy debe de tener en cuenta que Rubalcaba no sabe lo que son las vacaciones, ni en agosto. Que no va a parar de salir, de moverse, de intrigar, de hacer propaganda durante las 24 horas de todos los días de los próximos cuatro meses. En las playas o a la salida de las iglesias, por las calles de los pueblos y por los portales de las ciudades.

Que Rajoy no se duerma en los laureles ni en su hamaca de Pontevedra. Porque enfrente tiene un adversario peligroso, con el colmillo retorcido y fajador hasta el final. Son cuatro meses de un duelo de armas tomar. Y Rajoy debería acortar ya sus vacaciones. España se juega mucho.
¡No son ni cuatro meses, hombre!

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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