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"Deutschland über alles"

lunes 01 de agosto de 2011, 11:56h
¿Es posible discernir en las naciones desarrollos de largo alcance que trascienden los breves recorridos de sus sucesivos gobiernos? ¿Se puede hablar de profundas “vocaciones nacionales” que, expresándose más allá del temblor de las circunstancias, responden a anhelos permanentes y, en el fondo, irrenunciables? Estas preguntas, ¿obtienen una respuesta coherente en Europa en el caso de naciones como España, Francia y el Reino Unido o en América Latina en el caso de naciones como Brasil, México y la Argentina?

Para responder a esta inquietud podríamos tomar, como caso testigo, la historia alemana. Podría servirnos porque, si de un lado Alemania ha sido sometida a trágicos vaivenes desde su fundación como Estado nacional en 1870, no está prohibido vislumbrar, más allá de estos vaivenes, algo así como un “argumento único” que enhebra sus diversas estaciones, desde Bismarck hasta Angela Merkel, como si fueran capítulos ligados entre ellos por un destino y un carácter que los sobrepasa. Si esta exploración trajera consigo algunas claridades, hasta podríamos extenderla en dirección de otras naciones europeas y latinoamericanas.

¿Podría visualizarse la historia alemana contemporánea como una continuidad que abarca nada menos que ciento cuarenta años, de Bismarck a Merkel? Hacia 1870, el espacio europeo de habla alemana abarcaba nada menos que 39 estados, 37 de ellos “miniestados” y sólo dos verdaderos “Estados” que pugnaban entre sí: Prusia y Austria. Fue por aquella época que el canciller prusiano Otto von Bismarck emprendió su gran obra de unificación. La impulsó mediante un método “económico” al promover con sus vecinos la formación de una unión aduanera que recibió el nombre de “zollverein”, un nombre que también se aplicaría a la moneda común que los ligaba.

¿No se ve aquí un anticipo de lo que llegaría a ser, a partir de 1950, la Unión Europea, con Alemania desempeñando en la Europa de hoy el papel que desempeñó Prusia en la Alemania de ochenta años antes? El Kaiser Guillermo II despidió empero a Bismarck para buscarle una nueva salida a la ambición alemana: no ya la salida económica del canciller sino una salida “militar”. Era la misma ambición de predominio continental a través de nuevos medios. A sangre y fuego, en lugar del comercio.

Durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, entre 1914-1918 y 1939-1945, esta estrategia belicista probó ser catastrófica no sólo por los millones de muertos que provocó sino también porque, privados de la sutileza y el tacto de Bismarck, sus sucesores Guillermo II en la Primera Guerra y Adolfo Hitler en la Segunda Guerra generaron, por reacción, la formación de grandes alianzas contra ellos, capitaneadas por el Reino Unido y los Estados Unidos. ¿Qué pasó a partir de estas dos grandes derrotas del belicismo alemán? Que a partir de 1950 Alemania empezó a tejer pacientemente junto con otros países europeos una alianza comercial que hoy, a sesenta años de distancia, incluye bajo el nombre de Unión Europea a 27 naciones, 17 de las cuales giran en torno de una moneda común, el “euro”, que es el nuevo zollverein.

De 1870 a 1914, la Prusia de Bismarck buscó con éxito la unión alemana “por las buenas”. De 1914 a 1945, el Kaiser Guillermo y Adolfo Hitler buscaron la unión europea, sin lograrla, “por las malas”. Pero de 1950 hasta hoy la Alemania democrática persiguió la unión europea de nuevo “por las buenas”. Paso a paso, la está logrando. El himno alemán que compuso August Hoffmann en 1841 sobre música de Joseph Haydn, lleva por título “Deutschland über alles”, “Alemania sobre todo”. Cuando se lo formuló, expresaba un ideal romántico y liberal contra las viejas monarquías autoritarias. De 1914 hasta 1945 los alemanes recayeron en el autoritarismo belicista. Ya en plen siglo XXI, el espíritu del himno original renace bajo la conducción actual de Angela Merkel. Es el espíritu indomable de una gran nación que aprendió de sus enormes errores. La Prusia de Bismarck y la Alemania de Merkel no son y son las mismas. No son las mismas porque, entre aquella y ésta, Alemania incurrió en gravísimos desvíos. Pero son las mismas porque han conseguido aunar, gracias a las crueles vicisitudes de la historia, esa vocación de grandeza que ya se les había insinuado en plena Edad Media con el Sacro Imperio Romano Germánico, en esos lejanos tiempos en que los alemanes recibían, todavía, el bárbaro nombre de “germanos”.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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