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¿Asesino o loco?

martes 02 de agosto de 2011, 20:15h
Una vez más ha ocurrido: tras una espantosa tragedia perpetrada por un sujeto, se tilda a éste de loco en las primeras de cambio. Es una salida fácil y me temo que peligrosa e injusta. Me explicaré.

Peligrosa porque si consideramos que es un acto llevado a cabo por un loco, lo estaremos considerando como un hecho esencialmente psiquiátrico y dejaremos de reflexionar sobre otros aspectos políticos y sociales que quizás sean más influyentes. Si lo ha perpetrado un loco, poco podemos hacer para prevenir, salvo medidas médico-sanitarias. Para poder tratar adecuadamente un problema es esencial hacer un buen diagnóstico, si fallamos en el diagnóstico, fallaremos en la solución. Y creo que cuando decimos que Breivik, el asesino de Oslo, es un loco, estamos haciendo un mal diagnóstico.

Cuando hablamos de locos y locura nos estamos refiriendo al grupo de trastornos más graves de la Psiquiatría, a las psicosis. Hay otros dos grandes grupos de trastornos psicopatológicos que nada tienen que ver con la locura, el grupo de las neurosis y el de los trastornos de personalidad o psicopatías. Neuróticos lo somos todos, en mayor o menor medida, porque el mundo de las neurosis es el mundo de la ansiedad, las fobias, las obsesiones y muchas depresiones. Lo neurótico es una dimensión, como la estatura, es decir, se puede ser más o menos neurótico, como se puede ser más o menos alto. Sin embargo, la locura, la psicosis, es algo categórico, es decir, que se es o no se es. No caben intermedios, o estoy o no estoy loco.

¿Y qué es, qué supone esencialmente, estar loco? La pregunta tiene una respuesta clara: estar loco es estar del todo privado de libertad para elegir. La locura se parece al sueño, al soñar. En la locura como en el soñar hay alucinaciones en las que vemos y oímos cosas que sólo están en nuestra mente, pero que creemos reales. En un sueño podemos vernos llevando a cabo acciones atroces que jamás haríamos durante nuestra vigilia. El sujeto que sueña es el autor del sueño, pero nunca podremos hacerle responsable del sueño, sencillamente porque carece por completo de libertad para elegir el sueño que sueña. De la misma manera el paciente psicótico, el loco, tiene alucinaciones y delirios que le hacen vivir en una realidad personal, individual, distinta por completo a la compartida por los otros. El loco es autor de las acciones que lleva a cabo inmerso en su locura, pero no es en absoluto responsable de las mismas porque carece por completo de libertad para elegir.

El paciente psicótico es una persona que padece una enfermedad, esto es, un proceso patológico que irrumpe en la vida del sujeto produciendo una ruptura en su trama biográfica. Los esquizofrénicos son los pacientes psicóticos más frecuentes, son los locos por antonomasia, y hay en ellos un antes y un después de la irrupción de la enfermedad, su vida queda marcada inexorablemente, asistimos a una transformación de su personalidad condicionada por el proceso psicopatológico que parte su mente y su vida. Es una enfermedad con síntomas muy diversos como las alucinaciones, los delirios, la disgregación del pensamiento y un deterioro global en su psiquismo que hace del todo imposible llevar a cabo una vida aparentemente normal.

Nada de esto parece acontecer en el asesino de Oslo. Por lo que se ha sabido de él hasta ahora, y con las reservas obvias que supone un análisis sin conocimiento directo, se puede casi asegurar que Breivik no es un loco, no es un paciente esquizofrénico que en pleno brote psicótico lleva a cabo unos actos “forzosos”, sin libertad alguna de elección y por lo tanto en absoluto responsable de los mismos. No parece que en él se haya producido, en ningún momento de su vida, la aparición de una enfermedad que haya roto su biografía, un proceso patológico que transformara su personalidad. Al contrario, de lo escrito sobre él se puede deducir que hay una continuidad en su vida y un hilo conductor en su pensamiento que le lleva a militar durante años en un partido político y a planear durante más de diez años un plan acorde con su ideología.

Quizás de lo único que la Psiquiatría podría diagnosticarle es de un Trastorno de Personalidad, probablemente de tipo narcisista-fanático. La personalidad, la manera de ser de cada cual, es la suma del carácter y del temperamento; uno se adquiere y se educa, el otro se hereda. Hablamos de trastorno de personalidad cuando hay en ella algunos rasgos muy marcados que hacen difícil la convivencia y el establecimiento de vínculos afectivos sanos. Pero ojo, los trastornos de personalidad no son enfermedades propiamente dichas, son sólo formas de ser anómalas. En general se suele decir que más que sufrir ellos, hacen sufrir a los demás. Son personas que no padecen alucinaciones ni delirios ni otro tipo de vivencias psicopatológicas propias de las psicosis. Personas capaces de elegir si llevan o no a cabo una acción determinada y por lo tanto responsables de sus actos.

Decía al principio que llamar loco al asesino de Oslo era además de peligroso, injusto. Es una injusticia que llamemos locos a los asesinos y a los terroristas, porque los locos son personas enfermas que merecen nuestra compasión y nuestra ayuda; personas que además en su inmensa mayoría suelen ser pacíficos y que comenten, estadísticamente, muchos menos delitos que los cuerdos. Llamemos a las cosas por su nombre, la maldad existe y la crueldad también. Aceptemos que en nuestra sociedad occidental, tan desarrollada, tan civilizada y tan democrática, se da un fenómeno como el terrorismo. No lo tildemos de locura y reflexionemos sobre sus causas para aplicar las medidas adecuadas para combatirlo.
Me temo que Breivik no es un loco, sino un cuerdo asesino, y que el problema no es psiquiátrico sino social.
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