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unos 30.000 trabajadores

La industria del doblaje audiovisual, en peligro

miércoles 10 de agosto de 2011, 21:56h
Unos 30.000 profesionales trabajan en el sector del doblaje en nuestro país. Traductores, directores, montadores, técnicos de sonido y actores que conforman una pieza clave en el modelo actual de la producción audiovisual –fundamentalmente cine y televisión- y que, sin embargo, consideran verse apartados del engranaje de la industria y menospreciados por quienes consideran “sus compañeros del mundo del cine”.
Desde que el pasado mes de octubre el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, sugiriera eliminar el doblaje en el cine y su homónima en la cartera de Cultura, Ángeles González-Sinde lo considerara una “idea muy interesante”, los profesionales del sector están en pie de guerra. Hace unas semanas, el director del Instituto del Cine y las Artes Audiovisuales (ICAA), Carlos Cuadros, expresó su intención de fomentar la versión original sin que ello suponga la supresión de “ni un solo puesto del doblaje”. La industria cinematográfica ha puesto el acento, desde hace algunos años y cada cierto tiempo, en la necesidad de reabrir el debate sobre el doblaje en España, donde unas 30.000 personas viven de este sector.

Paula Mariani, presidenta de la Asociación de Traducción y Adaptación Audiovisual de España (Atrae), no entiende la “alarma” que han generado las declaraciones de Cuadros. “La versión original y la doblada no son sustitutivas, sino complementarias, y el doblaje no va a desaparecer”, opina. Chema Lara, director de la Asociación de Dobladores de Madrid (Adoma), ve la situación de forma distinta.

La concepción generalizada sobre la actividad del doblaje, los cuestionamientos sobre su continuidad y una crisis económica que, según el presidente de Adoma, “dura ya 20 años en el sector”, están terminando de unir a las diferentes asociaciones que, hasta el momento, actuaban en entornos autonómicos o provinciales. “La unidad siempre es un valor deseable, sobre todo cuando tienes que defenderte”, asegura Lara, quien de manera provisional está coordinando la futura Federación Nacional de Dobladores, previsiblemente en marcha a partir de septiembre. “Tenemos que luchar por nuestro oficio”, sentencia este actor, director y profesor de doblaje que lleva más de 25 años en activo.

El lastre de Mogambo
En 1953 llegaba a las salas españolas la película de John Ford Mogambo, en la que Clark Gable flirteaba con el personaje interpretado por Grace Kelly, una mujer ‘felizmente’ casada con Donald Sinden. Sin embargo, lo que vieron los espectadores de nuestro país fue una intensa relación fraternal entre Kelly y Sinden que evitaba el adulterio de la joven con ‘el guapo’. ¿Cómo? Cambiando algunas palabras del guión original cuando la cinta pasó por doblaje.

Durante la dictadura franquista, el régimen solía utilizar las capacidades del doblaje para sus fines políticos o ideológicos, algo que ha terminado relacionando doblaje con censura y dotando de cierta imagen negativa al sector. “Suele asociarse el doblaje con el franquismo, pero en realidad fue durante la II República cuando se empezaron a doblar películas en España y en 1934 aparecieron los primeros estudios de doblaje”, explica el presidente de Adoma. Lara asegura no entender este lastre histórico que no se ha mantenido en otros ámbitos también sometidos a la censura durante la dictadura, como el teatro o la prensa.

Para Mariani, el argumento político solo es el principio. “Tenemos complejos como país y nos parece que la Versión Original Subtitulada (V.O.S.) es más culta, porque la utilizan en los países a los que miramos como ejemplo”, afirma.

Doblaje, ‘yes or no’
Sentarse en la butaca y disfrutar de la película en el propio idioma es un hábito aprendido con los años. En los países donde el doblaje es residual, los espectadores están acostumbrados a leer subtítulos mientras escuchan la versión original y, según el Ministerio de Cultura, sirve como aprendizaje de otros idiomas, fundamentalmente el inglés, en cuyo conocimiento España está a la cola de Europa.

PIE DE FOTO Sin embargo, según destaca Chema Lara, no se puede establecer una relación directa entre la fluidez en una lengua extranjera y la costumbre de acudir al cine y ponerse ante una versión original. “En Portugal no se dobla nada –explica- y están por detrás de nosotros en nociones de inglés”. Para el presidente de Adoma, el conocimiento de un idioma es “directamente proporcional a la calidad de la educación de un país, y es ahí donde hay que esforzarse”. Según Lara, “los dibujos animados en inglés son una herramienta docente muy útil, pero no se le puede meter a los niños educación en su espacio de ocio”.

En este aspecto, la generalización del uso de Internet para el consumo audiovisual está cerrando la brecha entre España y otros países más acostumbrados al anglosajón en la pantalla. Especialmente, el ‘boom’ de las series y la cada vez más extendida tendencia a consumirlas al ritmo que se estrenan en sus países de origen están ampliando el número de jóvenes que se acercan a la versión original subtitulada. “Creo que son las nuevas generaciones, mejor formadas en idiomas y en tecnología, las que están reclamando más implantación de la V.O.S. porque es a lo que se están acostumbrando”, opina Mariani.

En busca de la esencia
Aunque reconoce la dificultad de suprimirlo, el presidente actual de la Academia de Cine, Enrique González Macho, ha calificado el doblaje de “aberración” y “malformación de la obra cinematográfica”.

Para el actor de doblaje Carlos Di Blasi, “es obvio que en cualquier traducción se pierden matices del original”, pero destaca que no sólo ocurre con los productos doblados, sino también con “los subtitulados o incluso las traducciones de obras literarias”. “Es sólo una forma más de hacer llegar la obra a un público al que le resultaría un mayor esfuerzo entender el original y disfrutarlo”, opina el doblador, voz habitual del actor estadounidense Ian Somerhalder.

PIE DE FOTO En la misma línea, Chema Lara señala que, “la versión subtitulada se come entre un 10 y un 30 por ciento del contenido original” convirtiéndose en aquello que critican los contrarios al doblaje: “en una versión mutilada de la obra de arte”.

Crisis artística y económica
Asumiendo la pérdida de parte de la esencia del original, los adaptadores audiovisuales ven en la calidad del doblaje la llave de fidelidad. “En España siempre hemos sido de los mejores y lo seguimos siendo, pero sí se ha notado una bajada del nivel”, afirma la presidenta de Atrae. Los motivos los encuentra no tanto en la falta de medios como en la escasez de inversión. “Se están intentando rebajar los precios sea como sea y la calidad del producto doblado se resiente. El sector pasa por un momento muy difícil”, explica.

Di Basi reconoce que últimamente “hay menos trabajo y los estudios te piden que bajes tus tarifas”, mientras que para Lara la crisis del sector del doblaje no empezó en 2008, sino hace dos décadas. “Venimos cobrando los salarios que se cobraban hace 20 años y luchamos por mantener la calidad en pésimas condiciones”, sentencia.

El debate entre la V.O.S. y el doblaje se siente cómodo en el ámbito político, en el cultural, incluso en los círculos de amigos o familiares. “Nosotros no estamos en contra de la versión subtitulada, sino que estamos a favor de la libertad de elección del público y, según una encuesta del instituto Gallup, un 82 por ciento de los espectadores prefiere la versión doblada”, confiesa el presidente de Adoma, que aboga por la convivencia de ambos sistemas.

De lo que sí se queja Lara es del “moving permanente” que sufren “por parte de la industria del cine”. “Nosotros también formamos parte del cine español. El 60 ó 70 por ciento de las películas españolas requiere de la intervención de los dobladores, puesto que doblamos a niños, a actores extranjeros y todas las coproducciones… Y somos los únicos que no tenemos reconocimiento, ni Goya, ni unas relaciones normales con las instituciones”. A partir de septiembre, la nueva Federación Nacional a la que Lara está sosteniendo en sus primeros pasos se dedicará a “mejorar estas relaciones, “luchar contra los ataques injustos” y explicar que “si la contaminación de la censura durara 40 años, todo en la actualidad estaría contaminado”.

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