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Azaña revisitado

Juan José Solozábal
jueves 11 de agosto de 2011, 20:28h
Releo con un poco de tranquilidad la reflexión, tan aguda como acostumbra, de José María Ruiz Soroa sobre Manuel Azaña que acaba de aparecer en la Revista Claves. Se trata de aclarar la significación que en el pensamiento del político ocupara la cuestión religiosa, y que Ruiz Soroa ejemplifica en la famosa expresión de Azaña según la cual “España ha dejado de ser católica”. Me parece, si yo he entendido bien el artículo, que lo que se suscita, sobre un fondo de admiración hacia Azaña y su propósito de actuar en la política española “mediante el uso público de la razón”, es no sólo discutir el acierto de la política preconizada por Azaña en relación con la Iglesia, en particular la corrección de las dos principales actuaciones republicanas referentes a la expulsión de los jesuitas y la prohibición de la enseñanza de las órdenes religiosas, sino de una manera más profunda analizar el tipo de liberalismo asumido por Azaña, un liberalismo “perfeccionista” o interventor, que atribuye al Estado en relación con la sociedad no una actitud de prudencia y consideración , sino un compromiso de intervención tanto en los aspectos que podríamos llamar estructurales de la comunidad, como en los morales o propiamente espirituales de los ciudadanos.

En estos dos planos las tesis que parece asumir Ruiz Soroa respecto de los planteamienrtos de Azaña parecen discutibles aunque aceptemos con el escritor vasco que Azaña no estuvo como político a la altura de su capacidad como intelectual, aludiendo a su impaciencia o “falta de tacto” políticos. Pero el valor de este artículo espléndido no está en su acierto, sino en un doble mérito que no se puede escamotear al análisis que en el mismo se lleva a cabo. Primero, es importante que a estas alturas, alguien se atreva retomar en serio la significación de Azaña en una de sus facetas principales. No está entonces todo dicho sobre Azaña:cabe repensar su figura, especialmente si nos referimos no tanto a su dimensión de personaje o actor político como a determinados aspectos de su equipaje intelectual, en este caso a la idea de la contribución de la Iglesia católica al modo de ser español o la formación de nuestra nación.

Pero quizás lo más interesante del trabajo sea la utilización que en él se hace de Azaña, podríamos decir como clásico, esto es, como autor cuya aportación se puede considerar fuera de la circunstancia en que se produjo, pues a la postre el interés de Azaña quedaría en iluminar algunas de las aristas o “caras” del liberalismo, como ideología que contempla de una determinada manera las relaciones entre la sociedad y el Estado. Se trataría entonces de preguntarse por el sentido posible (o no) del Estado, son palabras de Ruiz Soroa, “como instrumento omnipotente de intervención social”. Hablamos entonces de un “nuevo liberalismo” o de un liberalismo estatista”, que puede pensarse como mecanismo de superación de las rémoras sociales, como dinamizador, o diríamos utilizando las palabras de Manuel Aragón hablando precisamente de Azaña, agente de la “modernización”.

Quizás atribuye Ruiz Soroa demasiada responsabilidad, me atrevería a decir, una responsabilidad insoportable, a Azaña, y en concreto a la línea que inaugura el discurso en que Azaña pronuncia su famosa frase en las Cortes en la enajenación del catolicismo moderado de la República, en la noche del 13 de Octubre de 1931, discutiendo el artículo 26 de la Constitución. Tiendo a pensar que la desafección de la derecha con la República estaba más causada por razones sociales y de la pérdida de oportunidades de sus líderes en la nueva época, que por causa de la persecución religiosa.

En el plano del pensamiento de Azaña, pienso que el trabajo de Ruiz Soroa, quizás atribuye un significado excesivo al componente del organicismo en su visión del Estado. No parece que fuese su idea del Estado como “ser organizado”, o estructurado y que en España aparecía como ser desalmado y a la deriva, una vez que el catolicismo se había retirado de la nación, dejando de funcionar como “su única directriz ”, lo que forzó a reclamar una labor de actividad y presencia al poder público por parte de Azaña. Es, pienso más bien, el atraso, o la injusticia y el desperdicio de las oportunidades de vida para muchos españoles lo que demandaba un Estado transformador en el momento de entusiasmo de la ocasión republicana. Aquí debe verse , creo, la clave de la opción del liberalismo radical que Azaña irremediablemente asume.




Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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