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Los peregrinos no son turistas que rezan

Alejandra Ruiz-Hermosilla
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ruizhermosillaelimparciales/14/14/26
martes 16 de agosto de 2011, 14:53h
Feliz idea la que en la noche del lunes me devolvió a las calles del centro de Madrid. La noche del 15 de agosto, del “Día de la Virgen”. Un paseo desde el Templo de Debod a La Latina y vuelta. El Palacio Real, la catedral de la Almudena, Las Vistillas, la basílica de San Francisco el Grande, la plaza de la Cebada, la calle del Humilladero, la de la Paloma... Poca verbena a esas horas, sin apenas chulapas, manolos, barquillos o “limoná”, fervor al paso del cuadro de la Virgen de la Paloma que los bomberos de la capital habían bajado por la mañana, mucha fiesta de agosto con sus minis y sus conciertos, e incontables jóvenes peregrinos con banderas de medio mundo, mochilas, cansancio, mapas, calor y enorme alegría.

Son bienvenidos y da gusto verlos. Movidos por la fe y en nutridos grupos, superan el millón los veinteañeros que están en Madrid para vivir junto al Papa la veintiséis edición de la Jornada Mundial de la Juventud. Dicen los políticos que este acontecimiento es austero y rentable, que generará puestos de trabajo, que dinamizará el consumo, que mejorará la marca España y el sello Madrid…Dicen tantas cosas para acallar las muchas críticas que está recibiendo la visita del Santo Padre. Argumentan con dineros y beneficios para justificar el enorme esfuerzo que la organización, los voluntarios, las autoridades eclesiásticas, las parroquias, los sacerdotes, las religiosas y todos los madrileños -entusiastas y detractores- a través de nuestros impuestos y de nuestras administraciones públicas estamos haciendo para recibir y acoger a los cientos de miles de peregrinos y al Papa.

Son buenas y hasta razonables las explicaciones de los políticos. A muchos convencerán de que los peregrinos son turistas que rezan, aunque ni se les parezcan, y a otros enconarán el ánimo “antiPapa”, pero olvidan que el lema de la JMJ Madrid 2011 es “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”. ¡Sí! Se trata de un gran encuentro católico de marcado carácter espiritual que se celebra en un país no confesional, en el que se garantiza por ley la libertad religiosa y en el que la tradición católica atesora todavía un peso importante. Es decir, no hace daño a nadie -ni siquiera molesta en exceso en un Madrid semivacío como todos los meses de agosto-, no cuesta dinero -dejará rédito- y repercutirá positivamente no sólo en los jóvenes peregrinos sino en los católicos españoles, en la Iglesia entera y en todas aquellas personas que quieran escuchar un mensaje de amor y de esperanza. “Frutos espirituales”, ha dicho Benedicto XVI. Valores en positivo, con el ímpetu, la alegría y la solidaridad de la juventud de todo el mundo. Sólo en el Camino de Santiago, en la vieja ayuda al peregrino y entre peregrinos, se siente algo parecido a lo que late en esta fiesta que vive la capital española.

Feliz idea la que en la noche del lunes, el "Día de la Virgen", me devolvió a las calles del centro de Madrid llenas de gente buena y joven que viene a rezar. Bienvenidos, da gusto veros.

Alejandra Ruiz-Hermosilla

Periodista

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