www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

La reflexión religiosa del último Habermas

Juan José Solozábal
jueves 18 de agosto de 2011, 19:12h
El último trabajo publicado en castellano de Jürgen Habermas titulado El poder de la religión en la esfera pública que acaba de aparecer en Trotta ejemplifica a mi juicio los rasgos que hacen tan atractivo el pensamiento del filósofo alemán. Habermas es , también aquí, en primer lugar un pensador radical, entendiendo por tal no alguien extremista o sectario, sino un autor preocupado por la raíz o los fundamentos de las cuestiones sobre las que reflexiona. Su análisis no se refiere propiamente a los rasgos constitucionales del estado sino a las bases del estado constitucional, que es diferente. Por ello en el caso de la cuestión religiosa no nos ofrece un estudio de los diversos regímenes jurídicos posibles al respecto, hablemos del estado confesional o las diferentes variedades del laicismo, sino de lo que, históricamente, en la afirmación del Estado nacional,ha supuesto la secularización o de la posible contribución actual del pluralismo religioso a la vida de las democracias de nuestro tiempo.

El trabajo que comentamos está concebido como otras muchas veces hace Habermas en un diálogo con los clásicos, especialmente según suele, con Schmitt. El estudio de Habermas que el lector lamenta sea,sin demérito de su claridad, muy sintético, surge del deseo del filósofo alemán por recuperar el papel central de la política en la consecución de la integración social, ahora a cargo de impulsos e exigencias funcionales o sistémicos, que tienen que ver básicamente con lo que la globalización económica demanda. Se entiende que en los momentos de la crisis cuando la acción pública es imprescindible frente a la sinrazón de los mercados, Habermas vuelva a Schmitt justificando la especificidad y dignidad de la política, por más que no comparta los planteamientos teológicos y nacionalistas del existencialismo de este autor, en cuya deuda intelectual española, especialmente el conservadurismo de Donoso Cortés, insiste Habermas.

Para mí el tercer rasgo seductor del pensamiento de Habermas es su lealtad al sistema constitucional. En los términos que he señalado el pensamiento radical y a la vez conservador del filósofo alemán se aplica a la revisión de los fundamentos de la democracia constitucional, buscando no su superación sino su reforzamiento y vigorización. Según Habermas la Constitución no establece un sistema dado y repetitivo, justificado por la voluntad de su autor histórico. Nuestro autor mantiene, antes bien, una idea viva y dinámica , abierta al futuro, del orden que el proyecto de la Constitución comienza e impulsa, dice casi orteguianamente.

En el presente momento difícil de los sistemas democráticos occidentales, cuando se hace indispensable su comprensión aceptando al tiempo su compatibilización con una Constitución mundial y su apertura a la inmigración, Habermas recurre al hecho religioso como un elemento de vigorización democrática. Propone en efecto, de una parte, la incorporación de la lectura desde determinadas convicciones espirituales, de la parte valorativa de las constituciones, sometiendo las cláusulas finalistas y las prescriptivas de las mismas a una interpretación enriquecida.

Habermas cree, en el plano institucional de otra parte, que la incorporación de los nuevos ciudadanos procedentes sobre todo de la inmigración con un compromiso de base religiosa tiene elementos de estimulación nada desdeñables. Podríamos decir que Habermas asume el planteamiento de Charles Taylor ,que es un autor que contribuye asimismo al libro que estamos comentando, y que sostiene que las democracias contemporáneas, al tiempo que se diversifican, han de experimentar redefiniciones de su identidad histórica, aunque tales redefiniciones, “puedan ser dolorosas y de largo alcance”.

Claro que Habermas no acoge sin más la tesis de la vigorización democrática atribuible a la recepción constitucional del pluralismo religioso, que sólo puede llevarse a efecto con dos cautelas. Se trata, primeramente, de reclamar la actuación meramente secular de los órganos del estado de los que no puede esperarse justificación religiosa de sus actos. En segundo lugar Habermas, siguiendo en parte a Rawls, recurre a lo que llama deber de traducción, de manera que lo que los creyentes lleven al discurso público necesariamente ha de ser traducido, esto es, despojado de su referencias específicamente religiosas.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios