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El dilema iberoamericano

viernes 26 de agosto de 2011, 21:16h
Dos tipos de democracia se despliegan a ambos lados del Atlántico. Las “democracias parlamentarias” que predominan en Europa responden a una unidad conceptual porque el pueblo elige al Parlamento, donde reside el Poder Legislativo, y el Parlamento designa a su vez al primer ministro, que es la cabeza del Poder Ejecutivo, estableciéndose así un “orden vertical” en virtud del cual el poder del Parlamento deriva del pueblo y el poder del primer ministro deriva del Parlamento. Pero éste no es el caso de las “democracias presidencialistas” que predominan en Iberoamérica, donde tanto el presidente como el Parlamento provienen de la misma fuente: el voto popular. Por eso llamamos a estas democracias “presidencialistas”, porque en ellas el presidente posee un derecho de mandar originario, de la misma naturaleza que el del Parlamento. ¿Quién manda entonces en Iberoamérica? ¿El presidente o el Parlamento?

Desde el momento en que tanto en Iberoamérica como en Europa el Poder Ejecutivo no ha dejado de crecer a expensas de los demás poderes del Estado, las dos preguntas anteriores podrían reducirse a una sola: ¿cómo contener a los presidentes iberoamericanos para que no caigan en el despotismo presidencial, también llamado “hiperpresidencialismo”?

La respuesta que ha encontrado Iberoamérica a este dilema, son los “plazos”. Las democracias parlamentarias europeas no les han fijado un plazo insuperable a los primeros ministros, que pueden ser reelegidos indefinidamente porque ellos dependen, en definitiva, de la composición variable del Parlamento. Si no se les hubiera fijado un plazo a los presidentes iberoamericanos, en cambio, su pòder podría haberse extendido sin fronteras. Pero hoy ocurre que, mientras la mayoría de los presidentes iberoamericanos aceptan los plazos que les ha impuesto la Constitución, una minoría pretende desbordarlos, burlando de este modo la última valla republicana contra el hiperpresidencialismo.

Los regímenes políticos iberoamericanos podrían dividirse así en dos grandes categorías, según sus presidentes acaten o no acaten los plazos que se les había acordado cuando llegaron al poder. Los presidentes iberoamericanos de Brasil, Chile, México, Perú, Colombia, Uruguay y de otros países, que constituyen la mayoría en la región, han acatado la limitación de los plazos. Por eso los llamamos “presidentes republicanos”. Pero una minoría de presidentes entre los que se encuentran los de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, han violentado las barreras de sus plazos de origen. Por eso los denominamos “presidentes autoritarios” o “hiperpresidentes”.

El triunfo reciente de la presidenta Cristina Kirchner en las elecciones primarias del 14 de agosto, que podrá confirmarse o no en las elecciones generales previstas para el 23 de octubre, ponen otra vez a la Argentina en el fiel de la balanza entre las presidencias republicanas y las presidencias autoritarias de la región. Decimos esto porque en el año 2007, cuando el venezolano Hugo Chávez ya había lanzado a su gobierno y a aquellos que lo emulan por el camino del reeleccionismo ilimitado, el presidente argentino Néstor Kirchner, en vez de optar por la única reelección a la que tenía derecho, escogió para sucederlo a su esposa Cristina para el período 2007-2011, creando asi lo que dio en llamarse “la alternancia conyugal”: una “vía indirecta” del reeleccionismo ilimitado.

Esta aparente “diagonal” entre el reeleccionismo frontal de un Chávez y el “no reeleccionismo” de la mayoría de los presidentes iberoamericanos se quebró en octubre de 2010 con el súbito fallecimiento de Néstor Kirchner, precisamente cuando éste empezaba a competir en la elección presidencial de 2011 con vistas a suceder a su esposa. En este año, por la muerte de Néstor, Cristina busca su propia reelección, con grandes posibilidades de ganar.

Si, confirmando el resultado de las primarias del 14 de agosto, Cristina llega vencer el 23 de octubre -lo cual es probable- la Constitución vigente sólo le permitiría un mandato más, de 2011 a 2015. ¿Se resignará la presidenta argentina a dejar el poder en 2015, siguiendo el ejemplo de los presidentes republicanos, o buscará algún atajo para prolongarlo indefinidamente al igual que los presidentes autoritarios? Situada en el fiel de la balanza entre los dos modelos iberoamericanos del poder, Cristina mantiene “in pectore” su propia respuesta al dilema que hoy divide las aguas de la región.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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