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La colonia artística de muros

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
El veraneo, lástima que hayan desaparecido ya los veraneantes casi perpetuos que narraba Gorky, es una época del año, tan buena, cuando no la mejor, para satisfacer las inquietudes estéticas. Especialmente en el norte de España, donde una climatología benigna favorece los desplazamientos y excursiones culturales. Pues bien, si deciden recalar unos días por Asturias, no dejen de acercarse a Muros de Nalón y San Esteban de Pravia, dos preciosas localidades del oriente de la cornisa cantábrica. Allí, además de disfrutar de sus acogedoras gentes y de una cocina excelente, tendrán la oportunidad de gozar de bellísimos paisajes pintados de los más diversos verdines, así como la ocasión de conocer una de las manifestaciones pictóricas más interesantes de la España de finales del siglo XIX. Me estoy refiriendo a la conocida como la Colonia Artística de Muros. Una Colonia integrada por estimables artistas -Tomás García Sampedro, José Robles, Agustín Lhardy -hijo del propietario del conocido restaurador de la Carrera de San Jerónimo en Madrid, cenáculo de conspiraciones políticas y homenajes-, Casto Plasencia -su representante más eximio-, Alfredo Perea, Tomás Campuzano, Manuel Domínguez, Francisco Alcántara, Vicente Bas, Tomás Muñoz Lucena, Luis Romea…, a la que la Universidad Rey Juan Carlos dedicaba la VI edición de sus Cursos de Verano. Unos Cursos de Verano que, con el nombre “Rafael Altamira”, recuerdan la figura de quien fuera prestigioso historiador y una de las personalidades más sobresalientes de los años veinte y treinta del pasado siglo: catedrático de Historia del Derecho, miembro del Tribunal Internacional de Justicia y fundador de los servicios de extensión cultural en la Universidad de Oviedo, llegó a ser propuesto para el Premio Nóbel de la Paz. El afamado intelectual pasaba sus veranos en la mentada localidad marinera de San Esteban, donde todavía se erige su casa y una placa rememora su magisterio.

En dichos parajes se desarrolló la actividad de un conjunto de apreciables pintores españoles durante la Restauración. Allí, a Muros de Nalón y San Esteban, se acercaron también Cecilio Pla, Joaquín Sorolla y Juan Antonio Benlliure. Unas localidades del Bajo Nalón (San Esteban, La Arena y Riberas de Pravia) en las que recalaba asimismo, a partir de un primera viaje en 1905, el poeta nicaraguense Rubén Darío. El aglutinador primigenio del movimiento pictórico fue Tomás García Sampedro, farmacéutico de profesión, pero pintor de vocación, quién consiguió atraer a tales parajes, representados en sus lienzos como una Arcadia feliz, a su querido maestro Casto Plasencia, cuya prematura muerte en Madrid, a causa de una neumonía, truncó trágicamente las mejores expectativas del movimiento artístico finisecular. Poco a poco el espíritu fue languideciendo y se hizo menos frecuente la llegada de los pintores a las tierras asturianas.

La romántica Colonia Artística de Muros no fue, no obstante, ninguna excepción en su tiempo, sino una más de las manifestaciones artísticas de entonces, especialmente importantes en Francia (Barbizón y Pont Aven), pero también en Alemania (Worpswed) o Dinamarca (Skagen). Tras el triunfo incuestionable de la nueva pintura, esto es, del impresionismo, sus animosos integrantes “asturianos”, como antes en Francia Jules Bastien Lepage o Jules Breton, estaban transidos por un espíritu idealista, vital y con una fuerte camaradería, que revindicaban la vida sencilla y apegada al terruño. Una vida marcada por su irrenunciable cariño a la naturaleza, como si fueran unos adelantados ecologistas de hoy, que trataban de reproducir de manera fidedigna y sin envaramiento, al plen air, al aire libre, la madre Tierra. El objetivo era siempre, pues, la ejecución del natural. Hasta tal punto, que siempre he creído que los renombrados artistas habrían profesado, de haber nacido en otro tiempo, el panteísmo, tal era su compromiso con todas y cada una de las manifestaciones de esta vida terrenal. Unos rasgos que glosaron en el citado Curso los mejores conocedores de la Colonia: Javier Barón, Leopoldo Tolivar y Francisco Crabiffosse

En suma, aprovechen estos días de asueto veraniego y acérquense a estas localidades del oriente de Asturias. Sus gentes, su entorno, su gastronomía y su arte, en este caso el de la Colonia de Muros, merecen mucho la pena.
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