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Fin de verano IV. La crisis económica

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Acabamos esta mini serie de fin de temporada estival, aplicándonos de nuevo a las urgencias de nuestro tiempo, a saber la principal de todas: la enormidad de la crisis económica.

Cualquiera que haya observado como se ha pergeñado la reforma de la Constitución sabe bien que es el Banco Central Europeo (acaso con la enorme complacencia racional del propio Banco de España) quien ha tocado a rebato y ha decidido que así no se podía continuar. Naturalmente no es que impongan esta técnica de abordar directamente la Constitución, pero poco les ha faltado, y en todo caso, han establecido la exigencia de que si se quiere evitar la suspensión de pagos o incluso la quiebra, pues hay que adoptar medidas.

El Gobierno español ha ido adoptando “malgré lui meme” algunas medidas – parche, tales como la inacabada reforma laboral (que el Banco de España aplaude solamente a medias) y recortes (necesarios pese a ser dolorosos) a funcionarios, empleados públicos y pensionistas.
Faltan muchas más medidas. Por ejemplo, abordar de una vez por todas la financiación sindical y conseguir que se paguen su propio rancho y dejen de vivir de la sopa boba de los presupuestos; o racionalizar la absurda y desmedida expansión de las decenas y decenas de Universidades que no hacen más que incorporar por arriba a profesores (hoy el número de catedráticos excede el de muchas guías telefónicas) y personal de administración y servicios absolutamente desmedido y con inmensos sueldos que luego han de pagar sin rechistar las Comunidades Autónomas (mientras no tengan el valor de enfrentarse a la idea elemental de que si una Universidad tiene autonomía concebida como derecho fundamental ¡ que ya es invento de nuestro inefable Tribunal Constitucional!, pues que se paguen ellas mismas su autonomía pero que no caigan en la heteronomía a la hora de los presupuestos y así ricamente aumenten el Capítulo I como les venga en gana. Recuerdo que hablo de muchos miles de millones de euros).

Pero volvamos al guión principal.

Cualquiera que haya visto, por ejemplo, “Inside Job”, que por cierto recomiendo, sabe perfectamente que lo primero que habría que hacer es adoptar medidas claras, en el nivel europeo puesto que un solo país lo va a tener mal para enfrentarse solo con estos problemas, sobre algunos puntos que podrían resolverse jurídicamente, pero que los políticos y economistas no parecen dispuestos a abordar.

Solamente un par de ejemplos. Primero, la “puerta giratoria”, la famosa “revolving door”, expresión que recuerda que son muchos los empleados de un sitio dominante – una Agencia reguladora de la energía, o de las telecomunicaciones o de servicios financieros – que luego pasan al sector privado como compensación a los favores y a la “comprensión” y “respeto” que muestran por el sujeto regulado, que al final es quien realmente manda. Efectivamente, si cualquiera de nosotros es nombrado técnico de una Agencia que tiene que controlar y fiscalizar a una empresa grande y esta me contrata o me promete que me contrata o contrata a mis hijos, parientes y demás, pues se acabó lo que se daba.

Y ciertamente es difícil fiscalizar este tema. Pero con una seria y severa legislación de incompatibilidades “ex post facto”, esto es, tras transcurrir el mandato, se puede conseguir. Habrá que compensar desde luego por esa expropiación de las capacidades, pero es mucho más eficiente, honrado, ético y barato pagar una indemnización a una persona por impedirle estar, pongamos cinco años después de su mandato en la Agencia, al servicio de la empresa sometida a su control, que sufrir las consecuencias de esta epidémica falta de ética que nos ha llevado a que la SEC por ejemplo, mire a otro lado y no persiga el fraude y la manipulación de los datos de muchas empresas que nos han llevado a la quiebra a todo el mundo.

Y no debe ser tan difícil de realizar ese proyecto. Por si sirve de algo, yo personalmente me ofrezco a hacerlo con un equipo mínimo (cobrando por ello, claro está).

Asimismo los conflictos de intereses de las Agencias privadas, como las de calificación, también son perfectamente resolubles y en un plano bastante parecido al anterior.

De otra parte, hay que introducir ya técnicas realistas que busquen la veracidad en determinados asuntos, tales como las famosas “opiniones” de las Agencias de calificación. Cualquier análisis económico del Derecho lleva a demostrar que tales opiniones no son contraseñas vacías de contenido, sino bien por el contrario, claras indicaciones de que se establece un auténtico juicio económico e institucional con enormes consecuencias de toda índole y donde cabe el fraude, la corrupción, el conflicto de intereses, en fin, todos los elementos que acaban suponiendo que un determinado juicio económico es una genuina decisión y no una mera opinión en el “mercado de las ideas”.

Hay que acabar con esa impunidad, ya que estas rentables opiniones no son tales, sino juicios claros en los que chapuzas como otorgar triple A a dos aseguradoras que iban a caer, no constituye otra cosa que un puro desafío a la inteligencia, a la ética y al mercado. Estas “opiniones” bien fundamentadas son elementos claves del mercado y cuando se hacen con fraude o sin rigor incluso, son torticeros ataques a la confianza de los ciudadanos, como depositantes, usuarios, etc. Es ridículo continuar afirmando que son meras opiniones lo que emiten. Si son opiniones de parte, tienen que decirlo, y mostrar con claridad que o no habían hecho bien su trabajo o que habían incluso cometido fraude. Ya está bien. Ya es suficiente. Y esto puede regularse en el plano europeo perfectamente, que los EE.UU, luego ya no tendrán otro remedio que seguirnos.

Y así tantos y tantos otros elementos.

No es una misión imposible introducir una regulación apropiada y una legislación buena para combatir esta crisis y crisis futuras. Pero hay que hacerlo ya.

Y a lo largo de este verano hemos visto que, hasta ahora, los Gobiernos europeos van tentando poquito a poco estos temas, pero sin decidirse a actuar de fondo. Es hora ya de recordarles el añejo y clásico caveat Consules!
Esperemos que el verano, así, haya permitido a mis lectores tener algunos elementos para coincidir o discrepar de este humilde autor.
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