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De la dictadura a la democracia: Manuel Fraga (I)

sábado 03 de septiembre de 2011, 20:55h
El pasado viernes se conoció la noticia que anunciaba la retirada de Manuel Fraga de la política activa. A los 89 años deja su escaño en el Senado, lo que no le permitirá participar en las discusiones –menos abracadabrantes que las del Congreso, cabe esperar- sobre la reforma de la Constitución de 1978, en cuya paternidad tiene un destacado lugar. El estado de salud del político –los efectos de la caída en su domicilio de Madrid, que le provocaron una lesión en la cadera y le obligaron a pasar por el quirófano-, al que últimamente hemos visto en algunos actos en silla de ruedas, le ha forzado a tomar esta decisión. Este periódico informó puntualmente de ello. Manuel Fraga Iribarne, nacido en 1922 en la localidad gallega de Villalba, es, con una trayectoria activa de sesenta años, uno de los políticos más importantes del siglo XX español. Participó activamente tanto en la política de la dictadura franquista como en la de la Transición y en la de la monarquía democrática.

Profesor universitario y autor de innumerables libros –Juan Velarde Fuertes tituló una de sus obras Fraga o el intelectual y la política (2001)-, desempeñó desde la década de 1950 numerosos cargos de responsabilidad en el régimen franquista. Entre 1962 y 1969 fue ministro de Información y Turismo –los años del boom del turismo, la ley de Prensa y el baño en Palomares-, y en 1973 fue nombrado embajador en el Reino Unido e Irlanda del Norte. Tras la muerte de Franco, entró a formar parte del primer gobierno de la monarquía, presidido por Carlos Arias Navarro, ocupando la vicepresidencia y la cartera de Gobernación. Aquellos fueron meses muy delicados, en los que la violencia política no faltó. Algunas actuaciones de Fraga contribuyeron notablemente a erosionar su imagen de cara a la fase democrática que estaba a punto de inaugurarse. Su célebre frase “La calle es mía” data precisamente de entonces. La dimisión forzada de Arias Navarro el primer día de julio de 1976, convirtió a Fraga, junto con José María de Areilza, en máximo aspirante a la sucesión. No obstante, como es bien sabido, el cargo recayó en el joven y por aquel entonces poco conocido Adolfo Suárez.

Manuel Fraga fue el fundador de Alianza Popular, que nació formalmente a finales de 1976 como federación de partidos. En realidad, se trataba de minúsculas agrupaciones; simples conjuntos de notables, en algún caso. En los inicios de la Transición, la proliferación de siglas representando opciones de todos los colores y con diferencias a veces insignificantes entre unas y otras, fue muy habitual. Los partidos unidos en AP estaban encabezados, casi todos, por ex ministros franquistas, que la prensa bautizó como “los Siete Magníficos”: Manuel Fraga (Reforma Democrática), Federico Silva Muñoz (Acción Democrática Española), Laureano López Rodó (Acción Regional), Licinio de la Fuente (Democracia Social), Enrique Thomas de Carranza (Unión Social Popular), Cruz Martínez Esteruelas (Unión del Pueblo Español) y Gonzalo Fernández de la Mora (Unión Nacional Española). La nueva federación reunía a sectores procedentes del antiguo régimen, partidarios de reformas graduales y no esenciales, que habían quedado fuera del nuevo proyecto liderado por Adolfo Suárez. El rumbo de los acontecimientos les impulsaba a prepararse para unos futuros comicios y para un proceso más rápido de lo que habían imaginado.

La decisión de crear Alianza Popular no fue apreciada por todo el mundo, ni en la izquierda, ni en la derecha, ni en el centro. Incluso algunos contemporáneos atribuyen al rey Juan Carlos I propósitos muy críticos con este proyecto y con sus impulsores. La mayoría de los partidos se disolvieron en AP en el marco del I Congreso Nacional, en marzo de 1977. El alma de Alianza Popular fue desde el principio Manuel Fraga, que había fundado Reforma Democrática en el mismo año 1976 –“reformismo” era desde hacía tiempo su consigna- a partir de sociedades de estudios como GODSA (Gabinete de Orientación y Documentación S.A.), creada poco antes, aprovechando la limitada legislación de asociaciones del franquismo terminal. Desde su salida del gobierno Arias Navarro y tras sus inmediatas e irreconciliables diferencias con Adolfo Suárez, Fraga estaba dispuesto a ocupar el espacio de la derecha en España.

Los resultados de Alianza Popular en las primeras elecciones generales de la Transición, en junio de 1977, fueron bastante decepcionantes para sus impulsores. AP se convertía en el cuarto partido del arco parlamentario, con 16 escaños, frente a los 165 de la UCD, 118 del PSOE y 20 del PCE. Obtuvo un millón y medio de votos. A pesar de que en su I Congreso Nacional, Alianza Popular se equiparara con los partidos populistas, centristas y conservadores europeos, lo cierto es que era percibida desde muchos sectores como una formación neofranquista. En Retratos y perfiles. De Fraga a Bush (2005), José María Aznar asegura que él no les votó, ya que consideraba este partido como demasiado de derechas. Según una encuesta del CIS (1978), los electores situaban a AP en una posición de 4'3 en una escala izquierda-derecha de 5 puntos.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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