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Síndrome postvacacional

martes 06 de septiembre de 2011, 21:09h
Hay términos, palabras, expresiones que triunfan y se extienden como la pólvora, y son utilizadas ampliamente por la población general. Es el caso de la expresión síndrome postvacacional. Para empezar digamos que no hay ninguna entidad clínica reconocida en las clasificaciones internacionales denominada así, y lo que sí hay es una tendencia en nuestra sociedad a psiquiatrizar cualquier fenómeno.

Volver al duro trabajo después de un mes de vacaciones es algo que obviamente cuesta y exige poner en marcha nuestra capacidad de adaptación. Es lógico que nuestro estado de ánimo no esté como para tirar cohetes y que andemos algo melancólicos recordando los días de relax. Es lógico que durmamos peor porque cambiamos habitualmente los horarios durante las vacaciones y ahora toca normalizar los ritmos biológicos, entre ellos el sueño. Es lógico que hayamos ganado algo de peso y eso lleve a algunos a entrar en conflicto e iniciar una restricción en la dieta y con ella el mal humor está casi asegurado. Pero de ahí a hablar de un síndrome psicopatológico va un abismo.

Sería mucho más saludable que las vacaciones no fueran tan largas, o mejor dicho, que el mes de vacaciones pagadas del que normalmente disfrutamos en España, se tomara en varios periodos a lo largo del año. Es mejor disfrutar de un descanso de diez o quince días cada cuatrimestre, que un mes seguido una vez al año. De esta forma no se produciría un cambio tan marcado en los ritmos biológicos, ni sería tan dura la vuelta y además, y sobre todo, no estaríamos tanto tiempo seguido (once meses) trabajando sin descanso. En nuestra sociedad occidental, en contra de lo que se pueda creer, se trabaja demasiado. Mucho más de lo que lo hacen en otras culturas, es el precio que pagamos para mantener “la sociedad del… ¿ bienestar?”.

Sin embargo es cierto que durante el mes de Septiembre los psiquiatras y los psicólogos clínicos solemos tener un mayor número de consultas que de alguna manera están relacionadas con el periodo de vacaciones. Hay personas que padecen en mayor o menor medida el Síndrome de Burnt-out o Síndrome del Quemado en el trabajo, que es una depresión asociada a una situación de sobrecarga o estrés laboral. Si el cuadro clínico es leve, la llegada de las vacaciones estivales y el estar durante un mes o más (como es el caso de los docentes) alejados del foco estresante supone un alivio. La vuelta sin embargo es con frecuencia insuperable y el cuadro psicopatológico, que ya estaba antes, se hace ahora mucho más intenso.

Otras consultas que aumentan tras las vacaciones estivales son las relacionadas con las separaciones conyugales y los cuadros ansioso-depresivos asociados a las difíciles situaciones que conllevan. Aunque parezca mentira las vacaciones suelen precipitar la ruptura en parejas “conflictuadas”, sencillamente porque hay más tiempo para la convivencia, para la difícil convivencia, habría que decir. Durante el resto del año es posible que se vaya capoteando la situación. El trabajo diario condiciona que los miembros de la pareja pasen poco tiempo juntos, pero durante las vacaciones todo cambia y la crisis estalla.

Y por último Septiembre trae el otoño y un cambio estacional que nos afecta en mayor o menor medida a todos, aunque especialmente a personas genéticamente vulnerables. En países como el nuestro las estaciones son muy distintas, en cuanto a horas de luz, temperatura, días de lluvia y otras variables climatológicas, lo que supone muchos cambios. Las situaciones de cambio exigen adaptación a nuestro organismo y pueden alterar los ritmos biológicos. Nuestra biología es una crono-biología, estamos llenos de relojes internos llamados biorritmos (hormonales, neurofisiológicos, etc.), relojes que han de estar bien sincronizados para que todo funcione bien. Los cambios pueden desincronizar los relojes internos y entonces nuestra vitalidad se afecta.
Pero bueno, no seamos pesimistas ni caigamos en la angustia hipocondríaca, la vuelta de las vacaciones es también ocasión para recordar los buenos tiempos con los buenos amigos; y Septiembre trae un fresquito que se agradece después de tanta canícula.
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