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Poderes de emergencia: transitoriedad y riesgos

Enrique Aguilar
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enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
miércoles 07 de septiembre de 2011, 21:35h
Por lo general, la literatura relativa a la institución de poderes de emergencia ha insistido en destacar su carácter provisorio. En efecto, tal y como ocurriera con la dictadura romana durante los mejores siglos de la República y hasta su definitiva supresión, la emergencia se tuvo siempre por coyuntural, acotada a un espacio de tiempo que, en el caso antedicho, no podía exceder un máximo de seis meses considerado suficiente para que ese órgano extraordinario volviera las cosas a su cauce normal.

En la modernidad, las formas como los gobiernos constitucionales han hecho frente a las situaciones de excepción fueron principalmente la suspensión del habeas corpus, la ley marcial y la declaración de estado de sitio. No obstante, destacados estudiosos se preguntan si estas desviaciones momentáneas de las normas resultan aptas hoy en día para lidiar con la amenaza del terrorismo al ser éste un fenómeno sin fronteras, que llegó para quedarse y que, por lo mismo, como señala Bernard Manin, requeriría de nuevos instrumentos legales para su contención.

Y, sin embargo, el asunto es de suyo problemático puesto que supone en todos los casos sacrificar temporalmente algunas libertades aunque fuese con la intención, según la consagrada fórmula de Montesquieu, de preservarlas para siempre. En este sentido, vale la pena reflexionar sobre un pasaje de Benjamin Constant, en su obra Del espíritu de conquista y usurpación, que nos previene contra el riesgo de que la excepcionalidad se convierta fácilmente en regla. Dice así: “… Las medidas arbitrarias de un gobierno establecido son siempre menos frecuentes que las de las facciones que todavía no han afirmado su poderío. Pero incluso esta ventaja se pierde en razón de la arbitrariedad. Una vez admitidos estos métodos, se los encuentra tan económicos y convenientes que no parece necesario acudir a otros. Presentado inicialmente como un último recurso, el poder arbitrario se convierte en la solución a todos los problemas y en un expediente cotidiano. En este punto, no solamente aumenta el número de los enemigos de la autoridad juntamente con el de sus víctimas, sino que su desconfianza se acrecienta en forma desproporcionada.” “Todo atentado contra la libertad (concluye Constant) trae consigo otros de igual naturaleza”. De ahí que, habiendo iniciado este camino, la autoridad termine “poniéndose a la altura de una facción.”

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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