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Cataluña: el 11 de Septiembre, las banderas y la lengua

domingo 11 de septiembre de 2011, 20:04h
La celebración de la “Diada” en Cataluña, el 11 de septiembre, está siempre marcada por la actualidad. El recuerdo del pasado, esto es, los hechos de aquel día de 1714, se leen a la luz de lo que está ocurriendo en el momento presente. Esta es, al fin y al cabo, la relación que todo nacionalismo mantiene con la historia. Este año, como no podía ser de otra manera, las banderas y la lengua han estado en el centro de todos los actos, todas las informaciones y todas las disputas. Se han visto más banderas independentistas que tiempo atrás, lo que significa, entre otras cosas, que el debate sobre la independencia ha penetrado en la sociedad catalana, y se ha asistido a un nuevo episodio de lo que podríamos llamar la guerra de banderas. Los ayuntamientos están en el centro de este conflicto: en algunos casos ha ondeado únicamente la bandera catalana, descartando la española; en otros, como en Vic, solamente se ha podido ver la bandera con la estrella, es decir, la independentista, por obra de su alcalde, de CiU; y, por último, en algún caso –Badalona, por ejemplo, gobernada por el PP-, en lo que paradójicamente más ha llamado la atención y más criticado ha sido, se han mostrado todas las banderas, tal como indica la ley. Últimamente, como todo el mundo sabe, las relaciones de las instituciones catalanas con la justicia son algo peculiares.

Al margen de las banderas, la lengua y, en concreto, la llamada inmersión lingüística se han convertido en el tema central de este 11 de septiembre de 2011, en tanto que culminación de unos días en los que casi no se ha hablado de otra cosa. Parece que existe una supuesta cruzada –“tocar las narices”, la ha denominado gráficamente Artur Mas, el presidente de la Generalitat- contra la inmersión lingüística, que lo es, al mismo tiempo, contra la lengua catalana y, en consecuencia, contra Cataluña. La sentencia del TSJC se convierte así, en definitiva, en el enésimo ataque frontal reciente contra los catalanes. Como en la época de la reforma del Estatut, nuestros políticos y dirigentes han vuelto a perder los papeles. He recordado, ante el lamentable espectáculo al que asistimos, unas palabras de Amadeu Hurtado –una persona que no puede ser acusada de anticatalanista, por cierto-, escritas en su diario del año 1934: “Si me dice que nuestros partidos necesitan estas agitaciones porque los políticos catalanes no pueden ni saben hacer otra cosa, tiene razón; suponer, sin embargo, que los políticos tienen que suplir su ineptitud con frecuentes apelaciones al pueblo, inventando peligros que no existen y creando conflictos imaginarios, resulta equivocado y funesto".

Amadeu Hurtado escribió esta frase unas semanas antes del famoso y descabellado 6 de octubre. No pretendo, en ningún caso, comparar la situación de 2011 y 1934, sino solamente poner de manifiesto que nuestros dirigentes nacionalistas siguen haciendo lo mismo que sus antecesores. Parecía, en la Transición democrática y en los inicios de la democracia, que estas maneras de funcionar habían desparecido o bien se habían atenuado. Pero, sin duda alguna, han vuelto. El problema de la lengua ha sido creado y construido desde arriba, intentando presentarlo a la sociedad como “su” gran problema. Y, al final, seguramente van a conseguir que así sea. La mayor parte de la sociedad catalana, sin embargo, no lo vive como tal, al margen del incesante bombardeo informativo de diarios, televisiones y radios. Existen problemas no generalizados con la política de inmersión, a los que la sentencia reciente pretender encontrar una solución. No hay protestas amplias contra la inmersión, aunque si se pregunta a los ciudadanos de Cataluña –en los últimos días, algunas encuestas lo muestran con claridad- estos se inclinan con lógica y “seny” por una enseñanza bilingüe (con razón Xavier Pericay se preguntaba el sábado en ABC sobre las razones de tanta resignación). Y, asimismo, existe una conciencia cada vez más extendida de que lo que falla, en realidad, no es la enseñanza de la lengua, sino, simple y llanamente, la enseñanza. Los nacionalistas han vuelto a encontrar un argumento para meter miedo y presión y para movilizar a la sociedad. Han hecho, nuevamente, trampas. Y así nos va. Ni el catalán es la lengua única de Cataluña, como sostienen “hunos”, ni en esta comunidad autónoma, como aseguran “otros” olvidando las diferencias entre una democracia y una dictadura, se está haciendo con la lengua lo que hizo, al revés, Franco. Seamos serios. Decir lo contrario es mentir. Y la mentira, como sabemos por experiencia, es el arma principal de todo nacionalismo. Ayer y, por desgracia, también hoy.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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