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¿Qué impulso guía al primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan?

Ely Karmon
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ekarmonidcacil/7/7/11/14
viernes 23 de septiembre de 2011, 21:44h
Para comprender la política interior y exterior de Turquía haría falta entender la personalidad y la ideología de su carismático líder Recep Tayyip Erdogan.

En el caso del primer ministro turco Erdogan, muchos observadores están desconcertados por la conducta que ha tenido durante los dos últimos años, especialmente desde el –ahora- famoso Foro Económico Mundial de Davos, en el que Erdogan atacó cruelmente al presidente israelí Shimon Peres.

Los documentos de WikiLeaks, publicados el año pasado, contenían una serie de referencias a Erdogan que incluían valoraciones y análisis relacionados con el carácter de Erdogan, así como con su modo de proceder y su política. Este tipo de material es problemático porque los documentos no describen un comportamiento específico sobre el cual estén basados los análisis y los enjuiciamientos.

Sin embargo, basándonos en el material mencionado y con la debida precaución, se pueden analizar los patrones de comportamiento de Erdogan. A continuación le ofrecemos una valoración de algunos de los rasgos psicológicos principales que influyen en su conducta ideológica y política.

Erdogan tiene una personalidad carismática, mucha habilidad para impresionar a los demás y poder de persuasión. Posee una capacidad impresionante para dirigirse al común denominador de una gran parte de sus ciudadanos y ofrecer una imagen de un líder al que merece la pena seguir.

También sabe cómo impresionar a la gente, incluidos los líderes políticos de todo el mundo. Erdogan es arrogante y altivo y está deseoso de seguir siendo poderoso.

Su pragmatismo lo expresa distanciándose del islamismo radical (al que pertenecía en el pasado) y sin promover demasiado la agenda islámica de su partido político. Otro aspecto del pragmatismo de Erdogan es su relación con los Estados Unidos: Erdogan conoce la importancia de tener buenas relaciones con EE.UU. para Turquia, pero al mismo tiempo desea evitar que le tomen por pro-americano. Como tal, aceptó el despliegue en Turquía del sistema de radares de la OTAN para defender a Europa de la amenaza de los misiles iraníes.

Erdogan se ve a sí mismo como un líder importante de su pais y de más allá de Turquía, y como alguien con influencia en todo el mundo musulmán.

Siendo sumamente ambicioso, cree que el Todopoderoso lo eligió a él para liderar Turquía.

Es intransigente, terco y no dado a hacer concesiones; después de tomar una decisión o de adoptar una creencia, no cambiará de parecer.

Erdogan es un lobo solitario y autoritario que evita que se amplíe su círculo de consejeros expertos. Asimismo pone trabas al desarrollo de un diálogo efectivo con los líderes del partido, del gobierno y del parlamento. Pero Erdogan es el aglutinante que mantiene unidos a los líderes de su partido, que representan a un amplio abanico de posturas y puntos de vista.

A Erdogan se le describe como un líder político que hace planes a largo plazo. En algunos documentos publicados se revelan los numerosos pasos políticos que ha dado con el objetivo de adquirir un mayor control y supervisión de varias entidades del país. He aquí algunos ejemplos:

. Ha otorgado a su propia gente un mayor control gubernamental del sistema educativo superior de Turquía, nombrando a administradores y profesores universitarios con una orientación islámica.
. Ha hecho nombramientos políticos para facilitar la entrada de sus secuaces en los principales sistemas económicos, tales como bancos y compañías de seguros.
. Ha asumido o incrementado la supervisión gubernamental del sistema jurídico, promulgando leyes que anticipan la edad de jubilación y, por lo tanto, hacen posible la entrada de nuevos candidatos, partidarios suyos, en el sistema. El ejemplo más destacado es el nombramiento de numerosos jueces instructores.
. Ha introducido la agenda islámica en el sistema laico de Turquía, incluyendo los municipios. En esas ciudades, por ejemplo, está prohibido el consumo de alcohol en áreas vinculadas a la municipalidad; hay zonas de aparcamiento sólo para mujeres, y en los transbordadores se están creando espacios públicos para rezar.

De acuerdo con la valoración anterior, Erdogan es la única autoridad en lo que respecta a las relaciones con Israel. El empeoramiento de las relaciones entre Israel y Turquía se debe única y exclusivamente a Erdogan. Según algunas fuentes, Erdogan alberga fuertes sentimientos anti-israelitas, que están basados en sus profundas convicciones religiosas. Según los americanos, las conversaciones mantenidas con fuentes procedentes del interior y del exterior de Turquía refuerzan la opinión según la cual Erdogan sencillamente aborrece Israel.
La última aproximación del primer ministro Erdogan hacia la profunda crisis con Israel y el Oriente Medio se puede explicar parcialmente por su personalidad y sus convicciones ideológicas.

La amenaza de Erdogan a Israel de que “si no retira el embargo [a Gaza] no es posible que mejoren las relaciones entre Turquía e Israel” demuestra que, desde el punto de vista ideológico, Erdogan hace todo lo posible por reforzar las relaciones con Hamas, por darle al movimiento islamista un empujón internacional y, en la práctica, por respaldar uno de los principales obstáculos para que se llegue a un proceso de paz entre Israel y los palestinos.

El hecho de que Turquía condenara firmemente el Informe Palmer de las Naciones Unidas, que lo juzgó como “nulo y sin efecto” porque consideraba que el bloqueo naval a Gaza por parte israelí era “una legítima medida de seguridad”, refuerza la impresión de que el testarudo de Erdogan no está dispuesto a aceptar ninguna derrota política, especialmente a escala internacional, y está preparado para comprometer incluso a las Naciones Unidas en su cruzada anti-israelí.

Las frecuentes e impulsivas amenazas de utilizar la marina turca para dificultar el embargo israelí sobre Gaza, pero también para cuestionar los planes de Chipre de llevar a cabo prospecciones de petróleo y gas en el Mediterráneo oriental, tuvieron que ser atenuadas varias veces mediante aclaraciones de su propio departamento; en ellas se dejó claro, por ejemplo, que los comentarios de Erdogan durante una entrevista con Al Jazeera, en el sentido de que Turquía defendería la libertad de navegación por el Mediterráneo oriental, “habían sido citados fuera de contexto”.

La Comisión Europea echó una fuerte reprimenda a Turquía por su conducta amenazante, “que podría afectar negativamente a las relaciones de buena vecindad y a la solución pacífica de las disputas sobre fronteras”. El Chipre griego, por su parte, se comprometió a aplazar las negociaciones de adhesión con Turquía mientras Ankara siguiera cuestionando provocativamente los derechos de la isla a realizar prospecciones de gas de costa afuera.

Durante su actual viaje - publicado en todos los medios - a los países de la “Primavera Árabe”, Erdogan dio varios “pasos en falso”.

Tenía muchas ganas de visitar Gaza y ser recibido allí como un nuevo sultán. Sin embargo, el gobierno egipcio no se mostró nada complacido ante esa perspectiva, en una época tan delicada para las relaciones egipcio-israelíes, de modo que impidió que se realizara ese viaje. Tampoco le fue permitido hablar en la plaza de Tahrir, y el apasionado discurso que pronunció en la Casa de la Ópera de El Cairo no fue retransmitido en directo por la televisión.

Aunque Erdogan fue recibido como un héroe por la Hermandad Musulmana de Egipto nada más pisar suelo egipcio, se desató una controversia por una entrevista que le hicieron en la televisión en la que invitaba a los egipcios a adoptar una constitución laica y les decía que “no recelaran del laicismo”. Los comentarios de Erdogan suscitaron una inmediata reprimenda por parte de Essam al-Arian, el número dos del Partido de la Libertad y la Justicia de la Hermandad Musulmana de Egipto. “Damos la bienvenida a Turquía y acogemos a Erdogan como un líder destacado, pero no creemos que él solo o su país tengan que liderar la región ni planificar su futuro”, dijo al-Arian.

Por último, durante su visita a Túnez, Erdogan declaró que las relaciones con Irán y la cooperación frente al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) “van bien” y que los dos países “pueden actuar juntos en Kandil [la región del norte de Iraq en la que están atrincheradas las guerrillas del PKK]”. ¡El embajador de Irán en Turquía descartó inmediatamente una operación turco-iraní conjunta contra el PKK en las montañas de Kandil!

Una cita extraída de la columna de Beril Dedeoglu en el periódico progubernamental islamista Today’s Zaman es significativa: “Algunos periódicos extranjeros han comparado al primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan con el gobernante Saladino, del siglo XII, por la actitud del primero durante su visita a Egipto, Libia y Túnez. Todavía no sabemos si el presidente francés Nicolas Sarcozy será comparado con San Luis de Francia o con Napoleón Bonaparte, ni si el primer ministro británico David Cameron será comparado con Ricardo Corazón de León, cuando visiten la región. Afortunadamente, todavía no hemos leído comparaciones con Atila el Huno ni tampoco con Aníbal.”

“Habiendo sido en otro tiempo un campeón de la estabilidad regional, Erdogan se ha convertido de repente en la mayor amenaza”, observaba un editorial del Cyprus Mail.

En efecto, el gobierno de Erdogan parece haber pasado de una política de “cero problemas” en el Oriente Medio a una estrategia del “cénit de todas las hostilidades”.

*El profesor Shaul Kimhi es el director del Departamento de Psicología del Tel Hai Academic College

Ely Karmon

Investigador del ICT Herzliya, Israel

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