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Abstinencia voluntaria

domingo 25 de septiembre de 2011, 19:58h
Una broma muy usual entre mis amigos es brindar mirándonos fijamente a los ojos, ya que de otra forma, según cuenta la leyenda, nos arriesgamos a la terrible maldición de siete años de mal sexo. A continuación siempre hay alguien que añade que mejor son siete años de mal sexo que siete años sin sexo. La cuestión es, ¿si? ¿Realmente es mejor el sexo a cualquier precio que la ausencia del mismo? Para la periodista francesa Sophie Fontanel la respuesta es no. Y lo explica en un libro titulado L’Envie en el que en forma de ensayo autobiográfico, la periodista expone su intención de cortar con las relaciones sexuales poco gratificantes. Es decir, ella se planta y en pleno siglo XXI, en la hipersexualizada era de “Sexo en Nueva York”, de las tupper sex y los multiorgasmos de saldo decide estar sola frente a “las relaciones deprimentes”.

La autora, responsable de un blog en la revista ELLE, se da de baja del circuito de los amantes esporádicos sin gracia ni sal, que dejaban en su cuerpo una sensación poco gratificante y en su alma otra bastante más triste. Matiza, de todas formas, que renunciar –de forma temporal- al sexo de todo a cien no quiere decir, ni mucho menos, que lo haga del sexo en sí, ya que, según ella, siempre quedan “los sueños, la imaginación y la autosatisfacción”.

Ante esto, la misma Francia liberal y sesentayochista que se sonríe indulgente ante las ‘salidas de tono’ del ‘seductor’ DSK se ha llevado las manos a la cabeza escandalizada. Se la ha tachado de retrógrada, frígida e incluso lesbiana –¿¿¿¿???-, dejando claro que hoy en día no hay nada más pecaminoso e ignomioso que elegir libremente no tener sexo.

Vaya por delante que la periodista es una mujer muy atractiva. Vamos que el suyo no es el típico discurso de quien critica lo que en el fondo desea porque no puede optar a ello. Por si fuera poco, es una gurú de una de esas revistas femeninas que tanto inspiran a las mujeres liberadas del siglo XXI. En resumen, esta francesa, atractiva, liberada e intelectual reniega de la cantidad frente a la calidad, de los polvos anónimos y de la cosificación del sexo y prefiere algo tan sencillo y comprensible como estar sola que dejarse la piel en “relaciones deprimentes”.

Tonterías como estas ayudan a destapar muchas de las paradojas de nuestra sociedad. La primera ver cómo quienes han hondeado la bandera del progresismo y la libertad se han convertido en los nuevos conservadores, en los reaccionarios intransigentes que no toleran las posturas contrarias a lo que ellos creen que es lo bueno para todos. El mismo diario Le Fígaro criticaba a Fontanel por airear “impúdicamente” su vida sexual, especialmente “cuando no hay nada que mostrar”. `Probablemente si el libro hubiera tratado sobre el apetito sexual insaciable de una mujer madura y contara con pelos y señales todas sus aventuras sexuales–algo muy respetable, por cierto-, a todo el mundo, incluido Le Fígaro, le parecería estupendo que se ponga el foco en esta realidad oculta por los prejuicios y tabúes sociales y bla, bla, bla. Hablar de vidas hipersexualizadas abiertamente, mola. Hablar de abstinencia elegida, sin embargo, es obsceno. Curioso, ¿no?
Dicho esto, hasta cierto punto estoy de acuerdo con Le Figaro en la idea de que no hay ninguna necesidad de contar con quien te acuestas o te dejas de acostar. Sin embargo, esto se convierte en algo necesario o, al menos, con sentido, cuando existe una clara espiral del silencio respecto a la no sexualidad. Hoy en día, el virgen, el inapetente o la persona poco interesada en el sexo se percibe, casi por definición, como un enfermo, un fundamentalista o, en el mejor de los casos, un reprimido. Los reaccionarios que antes insultaban y marginaban a las mujeres sexualmente activas, obligándolas a elegir entre silencio u ostracismo, han dejado paso a los carcas de hoy en día, que ahora atacan a Fontanel tachándola de “frígida neurótica” por elegir la abstinencia y hacer gala de ello.

De esta forma, contribuyen a la sentimiento de alienación de muchas mujeres que se obligan a mantenerse en la brecha, aunque sea sin ganas, por miedo al rechazo social, o que, directamente creen tener un problema. Guste o no, el sexo por el sexo, es genial y satisfactorio para mucha gente pero no para todo el mundo. No hay necesidad fisiológica de tener sexo a cualquier precio y es lícito sentir que las relaciones sexuales valen lo que valen por las personas que las protagonizan y no sólo por el hecho en sí. Cada cuál que elija lo que más le apetezca. En eso consiste la verdadera liberación, ¿no?
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