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El Papa y Lutero

martes 27 de septiembre de 2011, 21:11h
En 1517 el monje agustino Martín Lutero rompió con la Iglesia Católica, dando nacimiento a la Reforma Protestante. Un Papa de la familia Médicis, León X, excomulgó al alemán Lutero en 1521. Otro Papa también alemán acaba de reivindicarlo en Erfurt, la ciudad en la cual Lutero pasó gran parte de su vida. Ese Papa no es otro que Benedicto XVI, quien no reivindicó las “doctrinas” de Lutero, entre las que se encuentra el rechazo de la autoridad papal, sino la “persona” de Lutero como gran líder religioso, al destacar “su pasión por la cuestión de Dios, una pasión profunda que fue el resorte de su vida y que hoy ha sido desplazada, lamentablemente, por el materialismo”. Benedicto ubica a Lutero, por lo visto, de este lado de la frontera que hoy distingue a los creyentes de los no creyentes. En su reciente gira por Alemania, el Papa también elogió la pasión religiosa de los musulmanes, colocándolos de “este lado” de la frontera donde se encuentran todos los monoteístas, ya sean judíos, cristianos o musulmanes.

Se nos dirá: ¿cómo es que la Iglesia Católico esperó cinco siglos para valorar a Lutero? En 1521, el Papa Médicis que excomulgó a Lutero era una típica expresión del Renacimiento, incluso en su conducta, por decir lo menos “ultraliberal”. Recién ahora otro Papa pone las cosas en su lugar. Esto tiene que ver con los ritmos extraordinariamente pausados de una institución como la Iglesia, que ya lleva dos mil años sobre la faz de la Tierra. ¿No fue recién en 1992 que una comisión eclesiástica promovida por el Papa Juan Pablo II reivindicó a Galileo admitiendo que, cuando lo condenó la Iglesia en 1633, lo que en el fondo hicieron quienes lo obligaron a abjurar de sus novísimas tesis científicas mediante la tortura, no fue defender la doctrina cristiana en cuanto tal sino la antigua la concepción secular del Universo de Aristóteles, desviando así la flecha de su celo religioso?

¿Adónde instala el episodio que estamos comentando la imagen de Benedicto XVI? A la luz de lo que acaba de pasar ¿es posible definir todavía al Papa Ratzinger como “ultraconservador”, como “reaccionario”, tal como algunos lo venían haciendo? Diversos episodios anteriores ya permitían visualizarlo, al contrario, como un Papa audaz. Basta recordar por ejemplo que Ratzinger, cuando aún era cardenal, al presentar la tesis que lo habilitó como miembro de la Comisión Pontificia de las Ciencias confesó su afinidad con la tesis revolucionaria de un monje fransciscano, Joaquín de Fiore, quien sostuvo en plena Edad Media que la historia se divide en tres partes: la etapa del Padre, correspondiente a los judíos, la etapa del Hijo, propia de los cristianos, y la etapa del Espíritu Santo, en la cual habrán de coincidir todas las religiones monoteístas en una gran convergencia ecuménica. En las grandes encíclicas que ha promulgado hasta ahora, Benedicto respaldó dos tesis nada convencionales: la primera, que no es que tengamos la “obligación” de amar a Dios sino que Dios, inexplicablemente “enamorado” de nosotros, “nos amó primero”; la segunda, que para aquellos que no tienen fe aun queda la reserva de la “esperanza” de que aquello que dice la fe resulte, finalmente, verdadero.

En los años sesenta, cuando culminaba el Concilio Vaticano II, se destacaron dos jóvenes teólogos que bordeaban la heterodoxia. Uno de ellos era Hans Küng, quien al fin se inclinaría por una visión cuasiprotestante acorde con su tradición suiza. El otro fue Joseph Ratzinger, a quien el papa Pablo VI llamó a dialogar con urgencia para evitar que siguiera la senda del rebelde Küng. ¿Cómo se puede sostener todavía, a la luz de estos antecedentes que la visita de Benedicto a Erfrut no hecho sino confirmar, que el Papa actual es un archiconservador, si hasta el gran escritor liberal Mario Vargas Llosa viene de escribir que “es el Papa más inteligente que he conocido”?

Lo que pasa que ese gran teólogo renovador que es el Papa Ratzinger es, además, “tímido”. Su mundo no es la plaza sino el aula. Juan Pablo II fue al contrario un “gran pastor” multitudinario, aunque más conservador. Quizá lo que ha ocurrido en Erfurt ayude a comprender a este Papa en el fondo revolucionario que es Benedicto XVI quien, más que que provenir del tomismo de sus antecesores, ha abrevado en una escuela diferente, no ya en la de Santo Tomás de Aquino sino en la de san Buenaventura y san Agustín, la misma escuela en la que se formó Martín Lutero.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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