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Rubalcaba: ¿cinismo o desesperación?

domingo 02 de octubre de 2011, 18:25h
Suelo decir que prefiero a un cínico listo que a un tonto convencido. Al menos el primero tratará de buscar su propio bien y, en caso de que coincida con el mío, tengo cierta garantía de éxito. Mucho más miedo me da el tonto convencido (http://www.elimparcial.es/sociedad/los-temibles-tontos-60964.html) que suele caminar implacable hacia su destino incierto, llevándose por delante todo lo que haga falta. Si, además, como afirmó el militar alemán Hans Magnus Enszeberger, el tonto es trabajador, el peligro aumenta porque nunca descansa, con lo que las posibilidades de hacer el mal aumentan.

Y digo esto para que vaya por delante que no le tengo especial manía al candidato socialista a la presidencia, Alfredo Pérez Rubalcaba, porque si hay algo que se puede – o podía- decir de él es que listo es un rato y cínico, otro tanto más. Mucho hay que serlo para decir sin despeinarse, después de haber ejercido de jefe extraoficial del Gobierno de Zapatero que, en caso de ganar las elecciones, él aumentará las pensiones y los sueldos de los funcionarios. Sí, él, el mismo Rubalcaba que ha sido vicepresidente del Ejecutivo que los ha congelado y rebajado, respectivamente. Tan cínico es que, a principios de verano, cuando se postuló oficialmente como candidato, no tuvo reparo en presumir de saber qué hacer para solucionar la crisis y crear empleo. La pregunta era, si lo sabes, ¿por qué no se lo cuentas a José Luis?

Rubalcaba diciendo estas cosas me recuerda a una especie de mago chantajista que tiene la solución a la maldición que nos azota pero que nos pone una condición para acabar con ella: vótenme. Y, con sinceridad, ojalá fuera así. Si realmente creyera que Rubalcaba puede hacer algo por nosotros, le votaría sin dudarlo. Pero, por desgracia, me da la sensación de que hoy por hoy el cinismo de Rubalcaba está muy por encima de su inteligencia. Porque si realmente fuera tan listo como cree –o creíamos- habría sido capaz de enderezar el país hace meses e incluso años, sin necesidad de esperar a las elecciones. Habría puesto en práctica esas fórmulas secretas que dice poseer para sacarnos de la crisis, disminuir el paro, subir los sueldos y aumentar las pensiones.

Algunos ilusos dirán que quizás no lo hace por egoísmo, para evitar compartir los méritos e insuflar algo de vida al cadáver viviente de Zapatero. Sin embargo, incluso dentro de su cinismo Rubalcaba es consciente de que llegar a noviembre con una mejora de la situación económica habría sido el trampolín perfecto para lograr salvar a su partido de una debacle electoral e incluso aspirar a una victoria. Pero lo único que va a poder poner en su haber es la congelación de la subida de la luz del último trimestre, un triste espejismo de guiño a los electores, que no es sino pan para hoy y hambre para mañana ya que a la larga lo único que se consigue es engordar el déficit de tarifa.

El cinismo de Rubalcaba supera con creces a su inteligencia –y subestima la nuestra- cuando trata de hacer una campaña que le distancie de un gobierno del que ha formado parte casi hasta al final; o cuando trata de meternos miedo frente a los recortes del PP, ahora que sobre recortes y crisis estamos curados de espanto, gracias entre otras cosas a la política de su partido. Con un PSOE deslavazado, unas cifras y expectativas económicas espeluznantes y unas encuestas descorazonadoras, me pregunto si lo que estamos viendo es fruto del cinismo elevado a la enésima potencia, de la pura desesperación o de una combinación de ambos. Eso sí, de inteligencia, ni rastro.
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