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Satanás Advierte

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Acababa de terminarme de leer el libro que editó el Teatro Español sobre las conferencias realizadas en torno a Enrique Jardiel Poncela allá en el año 2001, cuando Gustavo Pérez Puig era director de dicha Institución, revivido el gusanillo jardielesco recordé que la última obra que se estrenó de Jardiel en Madrid fue Angelina o el amor de un brigadier hace más de un año. Casualidades de la vida, pensé, cuando el pasado 8 de septiembre el mismo Gustavo volvió a estrenar en el Teatro Marquina otra obra de Enrique Jardiel Poncela, Las cinco advertencias de Satanás.

Si Satanás advierte, Jardiel divierte. Al salir de la sala comprobé que la obra había tenido más éxito en el público masculino y es que las mujeres siempre se apresuran a tachar a Jardiel de misoginia y machismo. Es tal vez una obra difícil de entender fuera de un contexto histórico literario aún así una jardielada estupenda. Claro que, querido público, ¡Cómo hemos cambiado! Hagan un esfuerzo en pensar en el momento sociocultural en el que fue escrita. Las cinco advertencias de Satanás fue representada por primera vez en 1935, dirigida a un espectador que miraba a Jardiel con escepticismo, esto, tras la segunda guerra mundial y en una España en pleno conflicto.

Entonces el Teatro de Jardiel representó una serie de libertades y de transgresiones, era un experto en complicar las situaciones para luego arreglarlas e introducir el temor con humor unido a lo imaginario aunque en todo momento se mantiene la conexión con lo real, esto es lo que el mismo Jardiel llamaba ” la locura en libertad vigilada”. La irrealidad como alma de la realidad y justificada por ella, algo muy contemporáneo.

Al contrario que la mayoría de sus obras en esencia adelantadas a su tiempo Las cinco advertencias de Satanás se acerca más al tópico de posguerra y por lo tanto es más difícil de cuajar hoy en día, sobre todo entre el sexo femenino. Todo un reto para Gustavo Pérez Puig como productor y para su mujer Mara Recatero como directora.

Esta comedia en cuatro actos fue la favorita del autor. Tuvo muy buena acogida por parte del público y la crítica, ya que la obra aborda el tópico tema del amor, eso si, desde una perspectiva muy jardielesca. Aún así Jardiel se cuidó bien de no introducir elementos demasiado inverosímiles, hasta el mismo Satanás se nos hace cercano y humano cuando se nos presenta como “Leonardo”.

Jardiel gustaba de hacerse su propia crítica ya que un sector de ésta le había vuelto la espalda. Es famosa su frase “ el público paga y el crítico pega”. Estaba tan convencido de la honestidad de lo que hacía que no podía entender que los demás no lo vieran de la misma manera. Sobre esta obra diría que no la consideraba un juguete cómico ni una farsa, sino una comedia dramática con la risa como contrapunto, apoyada primordialmente en la interpretación. Poncela afirmaba arriesgarse con esta obra alejándose de lo modoso y ñoño…pero querido y admirado Jardiel, no sólo hoy en día han cambiado tanto las cosas que hemos llegado a entenderte, sino que ese entendimiento siempre me ha llevado a pensar que tus autocríticas son una prolongación de tu obra. Entretenida, audaz en el diálogo, a veces predecible, taquillera y con un cuidado extremo en el guión, más que una obra intrépida me parece una obra redonda tras la talla de Jardiel, como regalo a aquél público que le obsesionaba.

Explicaré esta afirmación que pudiera ofender a algún jardielista, pues he aquí una que le rinde devoción y respeto.

¿Cómo hubiera retratado Jardiel a Satanás si no hubiera existido la censura? Sin duda el personaje de Lucifer en su enfoque seudometafísico es muy jardielesco y un recurso muy típico de la época que hoy nos llega trasnochado, pero es evidente que este Satanás campechano y simpático, llamado Leonardo se ha cuidado de no toparse con la iglesia, incluso ajusticia los malos actos a través de sus advertencias, es más un castigo divino. Dudo que éste trato a Satanás fuera sólo por no tener problemas con el régimen, Jardiel tuvo a lo largo de su vida una relación de amor-odio con el público, ya que consciente de su importancia lo tuvo siempre presente a la hora de escribir sus obras. Lo que me deja un sabor a condescendencia por parte de Jardiel ante ellos, como si pudiera oírle pensar…” Si estuvierais preparados para lo que tengo en esta cabeza y lo que siente este corazón, todo sería mejor, el mundo sería mejor, mi obra sería mejor, si cabe”.

Son muchas las situaciones de la obra que indican la sombra de la censura, como la insistencia de Félix cuando descubre que su amada es su hija, en que “ no habían tenido relaciones sexuales”, por díos, ni hablar de incesto. Por otro lado toda esta situación traída a nuestros tiempos puede resultar algo telenovelesca y Jardiel era consciente de ello, roza el folletín tan apreciado por el “ gran público”.

Otro ejemplo es el retrato de las diferentes clases sociales, cosa que hace con graciejo y sin exageraciones, cuidándose de no ofender a nadie. El personaje del criado es un recurso que da mucho juego , un papel que Juan Lombardero borda y sirve de vínculo entre el nuevo Jardiel y el antiguo Jardiel en un guiñe al público.

Muchos son los cuidados y moderaciones que tuvo Jardiel en esta obra pero también es profunda su firma en ella, tal vez más profunda que en ninguna, aunque no lineal. Cuando Jardiel se derrama en esta obra parece que nos abre su alma.

En definitiva Jardiel había adquirido una obsesión por el éxito y modificaba sus textos intentando moldearlos con el fin de gustar a todos los públicos. No quiero decir con esto que cayera en absoluto en los tópicos y chabacanería popular, mantuvo siempre un humor inteligente jugando con la inteligencia y la razón, esto unido al don del verbo fluido y preciso hace que sus obras tengan una calidad y una firma inconfundible.

El mismo Jardiel no gustaba del romanticismo en escena, cuando tiene que decidir el corazón mejor que lo haga la cabeza, por ello no sucumbe a tratar el amor como tal, sino como un sentimiento cotidiano y frívolo tratado con ironía. Elije un personaje muy de su época, el maduro Don Juan que es Ramón, en esta ocasión interpretado por Andoni Ferreño y la joven inocente, Coral, interpretada con virtuosismo por Aloma Romero, una joven que encandiló al público tanto por su interpretación como por su belleza. Hablando de romanticismo y como curiosidad, en la escena más tierna de la obra pudimos escuchar el tango “ Por una cabeza” uno de los tres tangos preferidos del maestro Gardel.

Por otro lado Félix el joven que aporta la visión cómica al drama termina también siendo ajusticiado por Satanás, teniendo que asimilar la norma social del matrimonio como castigo, y es que si el patrimonio es un conjunto de bienes el matrimonio, es un conjunto de males.
Poco famoseo pude reconocer entre en el estreno por culpa de las dioptrías que son unas señoras que se ponen siempre delante y no me dejan ver, aunque como dice mi amiga Mamen, somos siempre “los mismos”. Reconocí a un pequeñito Pepe Ruíz escapándose a la francesa, al productor de teatro Jorge Fin, Álvarez del Manzano, Victorita Buero, viuda de Buero Vallejo, el escritor y mano derecha del dramaturgo Miguel Martín autor del libro El hombre que mató a Jardiel Poncela, Fernando Vizcaíno, Álvaro Luis de Caliente y Frío, la señora de García Candau…entre talones, telones y tacones poco más vi. Lo que si puedo es aconsejares que vayan al Teatro Marquina antes del 20 de octubre y se dejen llevar por el humor de este genio del veintisiete.
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