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Entrevista

Gutiérrez Aragón: "En Euskadi hay una situación parecida al franquismo"

sábado 05 de abril de 2008, 19:40h
¿“Todos estamos invitados” es una sugerencia a que no demos la espalda a una realidad que nos atenaza día a día?
Exactamente esa es la idea. Yo llevo muchos años yendo al festival de San Sebastián. Allí me he creado un grupo de amigos, muchos de los cuales tienen que llevar escolta desde hace varios años. Es algo que, con el tiempo, te llega a parecer hasta normal, parece que han nacido con el escolta adosado a su cuerpo. Eso me produjo una reflexión que me llevó a pensar ¡qué injusto es todo que nos acostumbramos a algo tan antinatural como eso!

Y tenía que reivindicarlo “en formato cine”, la mejor manera en la que sabe expresar sus emociones…
Pensé que era la mejor manera en la que iba a transmitir lo que sentía. Quería hacerlo desde dos frentes bien distintos. Por un lado el de Xavier, el papel que hace José Coronado, que es un hombre normal, ciudadano como todos, que hace frente a la actuación abertzale y, como consecuencia, es amenazado. Esa situación le produce una inquietud que se traduce en el miedo que todos podemos llegar a sentir por algo así.

Y, por otro lado, está el personaje de Oscar Jaenada, un “gudari” que pierde la memoria tras una acción terrorista.
Ese era el otro frente que me interesaba. Yo conocía la historia verídica de un etarra que había perdido la memoria, que recibió un tiro de la guardia civil tras un atentado contra unos camiones. Cuando despertó del coma tenía la misma sensación de virginidad de un recién nacido. No sabía quién era y, por tanto, era un chico inocente de mente. Sus compañeros querían reconstruirle la memoria, recordándole que era un valeroso “gudari”,y el resto de la gente sólo quería alimentarle la idea de que era un ciudadano normal. Me interesaba mucho expresar la dualidad de resolver la nueva vida hacia un lado o hacia otro.

¿Qué fue lo más difícil de todo el proceso?
Me interesaba transmitir que muchas veces para vivir es necesario olvidar, porque es una manera de sobrevivir. Estas reflexiones eran el “background” que me llevó a hacer la película. Lo más difícil de todo fue el encontrar la fórmula apropiada para enlazar las dos historias…

Uno sale de la proyección con una sensación de bastante angustia ¿Es lo que quería conseguir?
Todos sabemos quiénes somos y dónde estamos. Con esta película no hace falta decirle a nadie qué es lo que pasa, porque todos sabemos lo que es y donde está ETA. Lo que intento en la película es enfocar la situación a las personas que miran hacia otro lado. Yo, que ya soy mayor, viví el franquismo y era una dictadura en la que, si no te metías en líos, no te pasaba nada. En el País Vasco hay una situación muy parecida a la del franquismo o cualquier otra dictadura. Mientras haya una sola persona amenazada, ninguno somos libres. Eso es algo que debemos tener todos muy claro. En Euskadi sólo hace falta que salte una chispa para que surja la tragedia.

¿Esta película es el resultado de una deuda moral con sus amigos vascos o, simplemente, con usted mismo como ciudadano de “a pie”?
Una película tiene que ser una película y cumplir las leyes básicas de atraer y distraer. Cuando yo la empecé a rodar quería hacer sólo una película y no un testimonio, pero qué duda cabe que al tratar un tema como el de ETA me obligué a enfrentarme a la historia de una manera abierta y me comprometí a explicar la situación real que existe en el País Vasco. Es difícil hacer ficción de algo que está pasando cada día, porque es mejor tener una distancia temporal o histórica para evitar que te golpee el titular, pero no me podía permitir mirar hacia otro lado. De ese compromiso personal nació “Todos estamos invitados”.