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EL GOLFO, PRÓXIMO

sábado 05 de abril de 2008, 22:26h
El viajero que visite Dubai (1,6 millones de habitantes), una ciudad-Emirato del Golfo Pérsico en clara expansión, deberá prepararse para afrontar un inhabitual shock cultural.

El impacto se producirá no tanto porque sea una ciudad bonita (que no lo es), sino más bien por la fascinación de encontrar una gran urbe -en todos los sentidos del término- en pleno desierto. Dubai es una ciudad con un skyline impactante (el número de edificios de más de 50 pisos de altura es apabullante), conjugado con playas de arena y aguas impolutas y una gran diversidad de oferta de ocio. Ésta es además una ciudad tremendamente cosmopolita, sorprendentemente limpia y con claras intenciones de ser un verdadero “hub” financiero, turístico y aeroportuario. Es toda una sorpresa encontrarse, en una parte del mundo tan turbulenta como es ésta del Golfo, con lo que sin duda es ya el Singapur del mundo islámico.

Esta ciudad-Emirato, de islamismo aperturista (se puede beber alcohol –con restricciones asimilables- y las mujeres pueden disfrutar de la playa en bikini), y donde entre otras llamativas exageraciones se construye la torre más alta del mundo (Burj Dubai, que sin estar terminada tiene ya más de 130 pisos, con la reconocida intención de ser la edificación más alta del mundo), se encuentra a tan solo seis horas y media de avión de la frontera occidental de Alemania. Dato que no es asunto baladí, teniendo en cuenta que ciudades como Dusseldorf o Colonia se encuentran a unas cinco horas y media de vuelo de las Islas Canarias...

Dubai no es solo sol, playa, lujo y el paraíso para compradores compulsivos. Es también exponente claro de apertura de la economía del petrodólar -que quizás haya empezado a ver con alguna inquietud un posible cambio energético mundial, al que sólo parece faltarle que le pongan certificado de nacimiento. Quizás sea por eso que Su Alteza Sheik Maktoum bin Rashid Al Maktoum (Vice-Presidente y Primer Ministro de los Emiratos Arabes Unidos y Gobernante -“Ruler”- de Dubai) piensa en la diversificación, ha abierto el país al exterior e impulsa una pujante economía con la ayuda importada de mano de obra barata (Filipinas, India, Pakistán) y mentes cualificadas (Reino Unido, India). El hecho de que dos prósperos barrios dubaitíes se hayan bautizado “la ciudad de las ciencias” y “la ciudad del conocimiento” (con delegaciones de más de 30 universidades de todo el mundo) es una clara declaración de intenciones.

Dubai también son excentricidades curiosas: un lugar en pleno desierto donde se puede esquiar sobre nieve (!) todo el año, que tiene el que para muchos es el aeropuerto con las mejores tiendas libres de impuestos del mundo y con una oferta comercial variada y a precios imbatibles (cientos de tiendas occidentalizadas y un "mercado del oro" que merece la visita); una ciudad donde se puede hacer todo tipo de deporte acuáticos, asistir a un Gran Premio de F1 o apostar en las carreras de caballos con los premios más importantes del planeta, es un lugar, cuando menos, insólito.

Las cifras se encargan de recordarnos que todo esto no es (sólo) Disneylandia: los Emiratos Árabes Unidos tienen dos de los puertos más importantes del mundo (Jabel Ali y Port Rashid), con 10.7 millones de toneladas métricas de trafico en 2007 y con un crecimiento un 19% mayor en 2007 que los puertos del resto de Oriente Medio, Europa y Asia. Dubai está diversificando su economía, tiene un mercado bursátil incipiente pero boyante y está concentrando su crecimiento en sectores de futuro como el turismo y el ocio -con muy importantes inversiones en infraestructura de gran calidad, hotelera y residencial (oferta turística competitiva para varios cientos de miles de nuestros turistas). Hong Kong y Singapur tuvieron neonatologías similares.

Dubai no oculta ninguna de sus intenciones –ni siquiera la de su posible consideración como puente de inversión hacia países de la zona (con economías no necesariamente petro-millonarias), lugares por lo general deficitarios en infraestructuras y capacitación de la sociedad civil, en los que la asistencia técnica y financiera europea es sin duda necesaria.

Dicho esto, llama la atención que ni un solo hotel español haya abierto sus puertas en la ciudad-Emirato por el momento.
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