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De patatas y piratas

sábado 15 de octubre de 2011, 19:35h
Francis Drake (1543-96) está considerado como un pirata por los españoles y un héroe por los ingleses. Según la leyenda inglesa, Drake se encontraba jugando a los bolos en el momento en que recibió la noticia de la llegada de la armada española, pero en lugar de partir inmediatamente decidió seguir el juego: “Tenemos tiempo de acabar la partida. Luego venceremos a los españoles”. Y así fue. La reina Isabel I recompensó a Drake por sus servicios a la corona inglesa, nombrándole caballero.

Según una estatua de Drake, erigida en Offenburg, Alemania, en 1835 y destruida por los Nazis en 1938, Drake era visto como un héroe por otras razones. En la base de la estatua se proclama que él fue:

“El difusor de la patata en Europa
en el año de Nuestro Señor de 1586.
Millones de personas
que trabajan la tierra
bendicen su memoria inmortal.”

Drake, esculpido en la estatua con una espada en una mano y una patata en la otra, no fue el introductor de la patata en Europa, aunque sí fue la segunda persona en dar la vuelta al mundo en barco después de Juan Sebastián Elcano y en ese viaje pasó cerca de tierras con patatas. Murió en lo que hoy en día son aguas de Panamá.

A quienes habría que erigir un monumento por la patata es a los pueblos andinos, como reconoce Charles C Mann en su libro 1493: How Europe’s Discovery of the Americas Revolutionised Trade, Ecology and Life on Earth (“1493: Cómo el Descubrimiento Europeo de América Revolucionó el Comercio, la Ecología y la Vida en la Tierra”), publicado por Granta. El libro continúa su 1491: The Americas before Columbus (“1491: las Américas antes de Cristobal Colón”).

El descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492 es generalmente percibido en términos económicos – la semilla de la globalización del comercio–
y no biológicos o ecológicos. Antes de Colón, pocos criaturas terrestres habían cruzado los océanos para establecerse en territorios tan distintos de sus paisajes originales

Mann desarrolla de forma amena el término del historiador Alfred W Crosby quien en 1972 inventó la expresión Columbian Exchange (algo como el Intercambio colombino) para describir el tráfico no solo de seres humanos entre continentes. Más que el descubrimiento de un Nuevo Mundo, Mann ve en los viajes de Colón la creación de un solo mundo a raíz de la colisión de dos mundos anteriores y el comienzo de una nueva era biológica conocida como el Homogenoceno (la homogeneización de las especies)

El paludismo humano y la fiebre amarilla no existían en América antes de 1492 (parece que había paludismo entre monos). El mismo Colón escribió en una carta sobre una enfermedad que afectó a su propia gente (lo llamo çiçiones, una palabra que aún no existe en el diccionario de la Real Academia Española) y que probablemente era paludismo. Ambas enfermedades, hasta cierto punto, estuvieron detrás del tráfico de esclavos porque mataron tantos trabajadores europeos en las plantaciones de tabaco y de azúcar que daban lugar a la importación de africanos capturados.

China rápidamente adoptó plantas alimenticias de América – boniatos, maíz, cacahuetes, guindillas, piñas – para alimentar su enorme población. Los boniatos se convirtieron en una comida cotidiana.

Pero ningún cultivo tuvo tanto impacto como la patata, que no hay que confundir con los boniatos (es de otra familia botánica). La patata más común (solanum tuberosum) ayudó a forjar los imperios españoles y británico porque permitió alimentar a poblaciones en crecimiento y erradicar el hambre, lo cual creó estabilidad política. No es una exageración decir que la patata estimuló el auge del Occidente.

La patata alimenta a más seres humanos que cualquier otro alimento porque contiene todos los nutrimentes esenciales salvo las vitaminas A y D (proporcionadas por la leche).

En el caso de Irlanda, el país que comió más patatas per cápita que cualquier otro en el mundo, esta planta permitió que la población creciera de unos 1,5 millones en el siglo XVII hasta 8,5 millones o más en el siglo XIX. Esto pasó porque la patata permitió a los niños nacidos sobrevivir la pobreza y vivir muchos más años, y no porque contenga algún elemento que fomente la fertilidad.

Sin embargo, tanta dependencia de la patata (se estima que un tercio de la población comía solo patatas) explica por qué la hambruna de 1845-52 causó la muerte de hasta un millón de personas y dio lugar a la emigración masiva de irlandeses.

Otro producto de América que benefició al Occidente es el guano, los excrementos de aves marinas acumulados en las costas de Perú y Chile. Al principio pocos querían transportar por mar toneladas de mierda (había muchos otros recursos mucho más rentables), pero cuando ganó fama de ser un fertilizante potente, el trafico empezó a ser intenso.

William Chislett

Escritor

WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano

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