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Sacar la lengua a los talibanes

domingo 23 de octubre de 2011, 18:53h
Un escándalo sacude a los habitantes del Oasis. El cantante y líder del grupo de rock catalán Sopa de Cabra, el gerundense Gerard Quintana, ¡habla castellano en la intimidad! Los telespectadores lo descubrieron el pasado lunes en el programa de TV3 “El convidat”, que presenta Albert Om. La dinámica de la emisión es siempre la misma: Om se instala un par de días en casa de un famoso y comparte su vida más o menos privada. En este caso, Quintana aparecía dirigiéndose a su mujer y a sus dos retoños en castellano. En el programa reconocía, además, que él también hablaba en casa con su padre, de origen no catalán y policía nacional, en esta lengua. Desde el final de la emisión, los indignados (siempre hay indignados de guardia) empezaron a llamarle, a mandarle correos y mensajes de twitter. Los insultos y reproches, como él mismo aseguraba en un artículo publicado en “El Periódico” el jueves, abundaban. “El teléfono y el ordenador parecía que tenían vida propia y cada vez más mala leche”, escribió. En un programa de radio, en el que le entrevistaron ante las dimensiones que estaba adquiriendo el asunto, el rockero se defendió diciendo que su lengua es el catalán, pero que “no soy ningún taliban”. La polémica estaba servida. La tormenta de críticas ha sido muy destacable; todos los periódicos catalanes se han ocupado, un día u otro de la semana, del tema.

Para entender algunas de las claves del asunto debe recordarse que, en los últimos meses, Quintana se ha declarado públicamente independentista. De hecho, convirtió los conciertos de Sopa de Cabra en Barcelona, el pasado septiembre, y, más adelante, en Gerona, en un clamor por la “libertad de Cataluña”. Un medio de comunicación, con pretendido ingenio, tituló la crónica de uno de los actos “Independencia hasta la Sopa”. En los conciertos se vieron muchas banderas esteladas y se oyeron muchos gritos por la independencia. El cantante hizo referencias, entre otros, a Lluís Llach y a los Países Catalanes y afirmó que vienen tiempos de barbas, en alusión a un posible triunfo de Rajoy (aunque en una entrevista posterior aseguró que también Rubalcaba luce barba y que ambos forman “una idea de España que parte de una Transición tramposa”). Tópicos y tonterías varias se dan la mano en las declaraciones –oportunistas o no, hay opiniones para todos los gustos- de este supuesto “intelectual” mediático y mediocre, que se ha manifestado últimamente a favor de la autodeterminación y que, en 2010, apoyó la convocatoria de una manifestación contra la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto por parte de Òmnium Cultural, una asociación cuyo santo y seña es la defensa de la lengua “oprimida” de Cataluña.

Cuatro reacciones a la utilización en familia del castellano por parte de Quintana merecen atención. Dejo al margen las decenas y decenas de mensajes que se han podido leer gracias a la magia de la galaxia internet. La primera es la de Jordi Basté, el presentador del programa de radio “El món a RAC1”, que salió rápidamente en defensa del cantante, no sin antes afirmar, pero, que el hecho de que éste hablara en castellano con su familia “le sorprendía y le extrañaba”. La segunda es la de la escritora y periodista Empar Moliner, que en el diario “Ara” publicó un artículo titulado “Nosaltres, els talibans”, en el que daba la vuelta a las declaraciones de Quintana y se preguntaba si hablar en catalán con los seres queridos le convierte a uno automáticamente en un talibán. La ceremonia de la confusión prosiguió con Pilar Rahola en “La Vanguardia”, que, fiel a su costumbre de ofrecer una de cal y otra de arena, según el momento y el público al que se dirige, mostraba su enfado con la polémica y añadía que a veces los catalanes “no necesitan al enemigo exterior para hacer el imbécil”. Como cuarta reacción y, seguramente, la más abracadabrante quiero citar las encuestas realizadas por “e-noticies” y “El Periódico”, en las que se preguntaba: “¿Qué te parece que Gerard Quintana hable en castellano en su casa?” A un 43% de los participantes en la encuesta del primer medio les parecía mal y a un 20% le daba igual; en la del segundo, a un 77% le parecía bien. Lo significativo no son, evidentemente, los resultados, sino la propia pregunta. La respuesta “¿A usted qué le importa?” no estaba contemplada en ninguno de los dos casos.

La relación con la lengua de los nacionalistas catalanes y de los catalanes adoctrinados nacionalmente, que son ya una legión, no deja de sorprenderme. La cuestión lingüística se ha convertido en una auténtica obsesión. Las declaraciones de las últimas semanas del presidente de la Generalitat Artur Mas constituyen un buen ejemplo. En este caso, el del “asunto Gerard Quintana”, sin embargo, no tratamos de la enseñanza obligatoria en catalán, sino del derecho y la conveniencia de hablar en Cataluña con la familia, en casa, en privado, en otra lengua que no sea el catalán. La confusión normalizada entre público y privado es muy preocupante. ¿Nos hemos vuelto todos locos? No lo sé, pero no dejo de preguntármelo ante espectáculos tan lastimosos como el que se ha vivido esta semana. Para mí, como me enseñó el añorado Jorge Semprún, el lenguaje prima sobre la lengua y el acto de comunicarse sobre cualquier otra consideración. Dejar el tema lingüístico, como argumento y como arma, en manos de los talibanes catalanes me parece un craso error. A los talibanes, yo, particularmente, prefiero –y se lo recomiendo a los lectores de este periódico- sacarles la lengua.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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