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El sí de los argentinos

viernes 28 de octubre de 2011, 21:45h
En las democracias bipartidarias, los votantes cuentan con dos opciones centrales: si aprueban al partido del gobierno, lo reeligen; si no lo aprueban, escogen al partido de la oposición. Este es el sistema “binario” de los países políticamente desarrollados. En España es inminente, por ejemplo, la sustitución del PSOE por el PP en la cima del poder.

Pero no ocurre así en las democracias subdesarrolladas, en las cuales un “partido dominante” gana habitualmente las elecciones por delante de partidos menores que no consiguen perturbarlo. Este el caso de la Argentina, cuya fuerza política dominante continúa siendo el peronismo. En las elecciones presidenciales del último domingo, la candidata peronista Cristina Kirchner, que buscaba la reelección, logró el 54 por ciento de los sufragios en tanto que los seis candidatos “menores” que la desafiaban, si bien sumados hubieran alcanzado el 46 por ciento, individualmente se dispersaron a un punto tal que el más votado de ellos sólo llegó al 17 por ciento. ¡Treinta y siete puntos de diferencia entre el primero y el segundo! Dicho de otro modo, el domingo último Cristina aplastó a sus rivales.

Desde 1983, cuando volvió la democracia a la Argentina, hubo siete elecciones presidenciales. En cinco de ellas ganó el peronismo, cuya estada en el poder ha sumado nada menos que 22 años. Si le agregan los cuatro años que tendrá hasta 2015 la actual presidenta, el movimiento peronista habrá gobernado el país por 28 años contra los 8 años que duraron de sus rivales. He aquí, en números, la breve historia de la Argentina democrática que, en otras palabras, es la historia de su partido dominante.

Como dijo alguna vez un destacado político chileno: “a nosotros nos separa de los argentinos algo más que la cordillera de los Andes: el hecho de que ellos, pero no nosotros, conocieron el peronismo”. Cuando lo fundó en 1945, Juan Domingo Perón no llamó al peronismo “partido” sino “movimiento”. ¿Qué quería decir con esto? Que, mientras los partidos se alojan de forma estable en algún lugar del espectro ideológico – el PP español, por ejemplo, en la centroderecha, y el PSOE en la centrozquierda- el peronismo, al ser en cambio un “movimiento”, se “mueve” hacia su derecha o hacia su izquierda bajo el imperio de las circunstancias. Cuando llegó la hora liberal en 1989, así, el peronismo de Menem ocupó triunfalmente la centroderecha, y cuando el signo idológico se desplazó hacia la izquierda en 2003, surgió el peronismo de los Kirchner.

De este modo, cada vez que el humor de los votantes cambiaba, algún peronista estaba allí para representarlo en desmedro de los demás “partidos” no peronistas, otra vez frustrados. Esta fórmula, políticamente exitosa, privó sin embargo a la Argentina de un auténtico sistema bipartidario. Cada vez que la Argentina moderna giró de la izquierda a la derecha o viceversa, hubo algún peronista “movimientista” dispuesto a conducirla.

Una segunda razón, esta vez no “política” sino “sociológica, explica la victoria de Cristina. En 2001, hace diez años, la Argentina atravesó una “crisis griega”. El poder, entonces en manos no peronistas, pareció disolverse. Cuando cundió el pánico, entonces se confirmó que nuestro país es culturalmentee autoritario porque, más que temer el despotismo como los norteamericanos en 1974, cuando escharon a Richard Nixon por “demasiado fuerte”, teme más que nada a la anarquía de los presidentes “débiles.”. En 2003 escogió por eso a un presidente como Kirchner, decididamente “mandón”.

Kirchner, que había digitado a su mujer para sucederlo en 2007, murió súbitamente hace exactamente un año. Lo que ha demostrado Cristina en este año de poder ya sin su marido, es que ella también es “mandona”. El último domingo el país la votó abrumadoramente, con el alivio que genera la certeza de que ella también manda. “Como ande turbia la cuestión del mando, escribió Ortega y Gasset, todo lo demás marchará impura y torpemente”. Esta sentencia se ha comprobado de nuevo entre nosotros. Con Cristina, alguien manda. ¿Que manda con un estilo autoritario heredado de su marido? ¿Que podría caer en la tentación de avasallar a las instituciones de la república? Este, en el sentir de la mayoría de los argentinos, es un mal menor si se lo compara con la memoria todavía fresca de la anarquía cuya amenaza sintieron agudamente hace apenas una década.

Mariano Grondona

Doctor en Derecho

MARIANO GRONDONA es Abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires

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