www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Física, Química y ... lo que haga falta

domingo 06 de abril de 2008, 23:33h
Desde hace unos días todo mi alrededor se revuelve asustado. Las personas menos sospechosas de retrógradas o conservadoras se llevan las manos a la cabeza por una serie de televisión que nos ha hecho darnos cuenta de lo pasados de moda que estamos. Yo soy de la generación de "Compañeros", aquella serie de adolescentes que ya en su día causó algún que otro escándalo por el calentón que llevaban encima sus protagonistas. Valle y Quimi, los héroes de la serie, me parecían el súmun de la rebeldía. Él, el quinqui orgulloso, que esconde un corazoncito noble y amoroso bajo su aspecto macarra. Ella, la malota sexy y leal, con toque choni. Puede que esa serie exagerara el componente sexual o macarril de unos pipiolos de 16 años, pero por lo menos, al final acababa con una pequeña moraleja que nos dejaba la conciencia tranquila antes de irnos a la cama. Sí, Quimi robaba, vale, pero lo hacía en plan robinhoodiano. Valle era algo ligera de cascos, sí, pero en el fondo lo hacía por inseguridad. Y así con todo.

"Física o Química", sin embargo, es un sobresalto continuo, que se regodea en los aspectos más extremos de los adolescentes. Los profesores se lían entre ellos y con los alumnos. Los alumnos se enrollan entre ellos, a dúo, en trío o como haga falta, haciendo gala de unas habilidades sexuales que sonrojarían al Marqués de Sade. Las drogas están presentes en todos los capítulos, de todo tipo y condición y sin censura alguna. Vamos, que el nombre le viene que ni pintado, porque en la serie no hay más que física continua, sexo, y química, droga. Sus creadores se defienden asegurando que lo único que hacen es representar la realidad tal cuál es y ésta, obviamente, incluye las drogas y el sexo. Hasta ahí bien. El problema está en que la realidad que se muestra en esa serie está falseada, obviamente, porque, al fin y al cabo, se trata de ficción. Pero su público potencial es un público influenciable e inflamable. Y la televisión tiene un poder socializante increíble y, por tanto, una enorme responsabilidad. Por supuesto que sería absurdo retratar a los adolescentes de hoy en día como monjitas de la caridad a las que les salen sarpullidos con sólo oler el humo de un porro. Sin embargo, la cuestión es que la serie no retrata a los jóvenes. Materializa sus sueños más extremos y les da nuevas ideas. Antena 3 es libre de emitir cada noche a jóvenes drogándose y practicando orgías, eso no es lo peligroso. Lo preocupante es que a esas imágenes no les acompañe un discurso racional que ayude a entender a sus espectadores que eso no es lo normal o que, al menos, no debería serlo.

Puede que empiece a parecerme a esas abuelas que se asustan ante la degradación de las nuevas generaciones, pero me preocupa que desde la televisión se lance una imagen simpática y cotidiana de los consumidores de ketamina, mientras se da a entender que lo más normal del mundo es que una chavala de 16 años demuestre su amor a un chico practicándole una felación. Y juro que sólo tengo 24 años.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.