www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Cambio

martes 01 de noviembre de 2011, 19:49h
La vida es un continuo transformarse, el cambio es consustancial con la naturaleza: Pantha Rei, todo cambia, era el resumen de la filosofía de Heráclito, el mismo que decía que nunca baja a bañarse el mismo hombre al mismo río. El río representa la vida, siempre cambiante; y el que baja a bañarse parece el mismo, pero no lo es porque el tiempo nos cambia a todos. Y además no existe la neutralidad, o mejoramos o empeoramos. Hay quienes saben crecer y envejecer; saben ir limando sus defectos y ganando sabiduría de vida. Y hay quienes el tiempo, el paso de la vida, los va caricaturizando haciendo cada vez más patentes sus defectos. El paso del tiempo mejora a unos y empeora a otros. El tiempo, en esto del cambio, se comporta como el sol, porque como reza el proverbio, “es el mismo sol el que seca la arcilla que el que funde la cera”.

Todo cambio trae consigo una crisis, o viceversa, lo cierto es que crisis y cambio andan siempre de la mano. Esto ocurre en lo grande y en lo pequeño, en la Historia de la Humanidad y en la vida de cada cual. Los cambios de paradigma, los cambios de época, los grandes cambios sociales vienen precedidos de tiempos tumultuosos, de revoluciones, de periodos de conflicto y de crisis. Los cambios en la vida de cada uno también están ligados a crisis, pasamos por el “pavo”, la adolescencia, la menopausia o la andropausia, por poner sólo unos ejemplos. Solemos temer a las crisis, pero sin embargo es la superación de las mismas lo que nos hacen crecer. Podría ser de otra manera, pero no lo es, los seres humanos aprendemos más de los tiempos difíciles y crecemos con la adversidad. Las crisis tienen siempre una doble faz, sufrimiento y ocasión de crecimiento. De forma atroz lo expresaba Nietzsche: “Lo que no me mata, me fortalece”.

Estamos probablemente al final de una época, comenzamos a tener cierta perspectiva de ello. Nos ha tocado vivir en uno de esos momentos en que todo cambia y surge una nueva era. Así como la caída del Imperio Romano ha sido considerada por los historiadores como el paso de la Edad Antigua a la Edad Media y la Revolución Francesa fija el paso de la Edad Moderna a la Contemporánea, ahora estamos en un cambio de esas magnitudes. Internet, la crisis del sistema capitalista, los avances en la Biología como la clonación, la ingeniería genética o las células madres, suponen hitos más que suficientes para hablar de un cambio de era para la humanidad.

Decía Ortega y Gasset que en toda época histórica conviven tres generaciones: la de los jóvenes, la de los adultos y la de los ancianos. Cuando estas generaciones tienen valores distintos, se generan tensiones que llevan a cambios profundos en las sociedades, mientras que cuando comparten la misma forma de ver el mundo, apenas hay evolución y son épocas calmas. También esto nos confirma que vivimos tiempos de cambios vertiginosos. Los abuelos, los padres y los hijos tienen hoy mentalidades y valores muy dispares. Unos nacieron en la guerra y crecieron en la posguerra; otros somos fruto de tiempos intermedios, del “cuéntame como pasó”; y los jóvenes son de “la sociedad del bienestar”, del mundo globalizado e Internet. Yo soy yo y mis circunstancias, y circunstancias tan distintas dan lugar a generaciones tan dispares.

En estos próximos días, aquí en España, vamos a oír por doquier la palabra cambio, como si fuera una especie de mantra repetitivo. Atravesamos tiempos difíciles y hablar de cambio es rentable. Hay cambios que han de venir del sistema, llámese político, social o financiero, son cambios que no dependen del individuo sino de la colectividad. Pero en estos tiempos convulsos que nos ha tocado vivir, cada uno de nosotros, cada individuo, puede llevar a cabo cambios que no dependen del sistema sino de cada cual. Cambios en actitudes. Hay una que debemos evitar, caer en el victimismo; y otra que debemos fomentar, optar por el optimismo. Para lo primero, nada mejor que creer en uno mismo, en la potencialidad de cada cual, renunciando a la ingenua actitud de que de otros depende por completo nuestro futuro. En cuanto al pesimismo o al optimismo, podríamos decir muchas cosas, frases de esas brillantes y ocurrentes, clichés, como que un pesimista es un optimista bien informado; o que hay que dejar el pesimismo para tiempos mejores. Pero sólo diré algo que es de Perogrullo, el futuro no existe, no está escrito, se construye en el presente, en el día a día. Los profetas de “malagüero” sólo sirven para angustiarnos y la angustia nos paraliza.

Terminemos con algo de humor, la vida es demasiado importante para tomársela en serio. Dicen que la diferencia entre un optimista y un pesimista es la que hay entre una mariposa y una mosca. La mariposa en un campo de estiércol se posará en la única flor que encuentre, la mosca en una pradera de flores se posará en la única caca que encuentre.

Creer en nosotros mismos, no caer en el victimismo, optar por el optimismo, apoyarnos en los nuestros, hay que ser optimista, el pesimismo hay que dejarlo para tiempos mejores.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+

0 comentarios