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tribuna

El órdago que no fue de Papandreu

lunes 07 de noviembre de 2011, 10:39h
El primer ministro griego, Yorgos Papandreu, estuvo a punto de convocar un referéndum para que los ciudadanos de su país se pronunciasen sobre las medidas de ajuste económico impuestas por la UE y el FMI. Fue todo un órdago. Mario Onandía explicaba en uno de sus libros el significado de las dos palabras vascas “hor dagor”: “ahí está”, o mejor, “ahí queda eso”. Onaindía encontraba que el juego del mus, de donde proviene la palabra castellana, se correspondía con una mentalidad nada pragmática. El mus y el órdago se contraponían con el póker y el cálculo racional.

Papandreu acarició la idea de echar un órdago. Múltiple y en toda regla (de ataque). Desde luego, Papandreu quería que los griegos aceptaran los durísimos ajustes que les han impuesto los distintos organismos que les han prestado fondos, y les han perdonado parte de su deuda internacional. Con el referéndum pensó en ganarles la partida a todos sus adversarios. En primer lugar, quería triunfar sobre sus propios “indignados”, usando para ello -¡oh paradoja!- su método emblemático: consultando todas las decisiones económicas siempre al pueblo. (Los alemanes que tienen prohibido constitucionalmente los referéndums se enfurecieron aún más con Grecia). Pero el órdago iba también contra la Unión Europea, y directamente, contra los bancos alemanes y franceses que eran acreedores de las empresas y del Estado griego. ¡Se ponía al euro ante el abismo, y además, obligaba a toda Europa a ayudarle para que ganase la consulta! En tercer lugar, y lo que fue más decisivo, Papandreu lanzaba un órdago al partido conservador “Nueva Democracia”, y a su líder Antonis Samaras. Al igual que ha sucedido en Portugal, Irlanda y España, la oposición parlamentaria de Samaras se ha negado a compartir los costes electorales de las medidas económicas impuestas por sus socios europeos. Papandreu, y no le falta razón, imputa al gobierno anterior de “Nueva Democracia” de su endeudamiento (en parte por comprar armamento alemán y francés), y de la falsificación de las estadísticas económicas.

¿Y si Papandreu perdía el referéndum? Sus consecuencias interiores serían dramáticas: Grecia salía del sistema euro. Y con la vuelta del dracma, y la subsiguiente devaluación, los bienes griegos se depreciarían hasta el límite de que Grecia se situaba al alcance de diversos compradores, y Turquía tenía apetencias que venían de lejos. En la Unión Europea las cosas no serían menos dramáticas. Portugal ha vivido con angustia estas “últimas horas griegas”. El Gobierno portugués acaba de anunciar que los funcionarios que cobren más de 1.000 euros mensuales, no recibirán la paga extra de Navidad. Pero no sólo los países débiles como Portugal, Irlanda, Italia y España tendrían apuros graves. Es que todo el sistema financiero europeo podría entrar en “crisis sistémica”, como advirtió el anterior presidente del Banco Europeo.

Papandreu ha dado marcha atrás. Lo que no pudieron los gobernantes socios suyos en Europa, ni tampoco los demás organismos económicos internacionales, lo logró su ministro de Finanzas, Evángelos Venizelos, y una parte del grupo parlamentario del PASOK. Aquéllos le indicaron con dureza que congelaban el préstamo de 8.000 millones de euros, pero lo único que consiguieron de Papandreu fue que adelantase la fecha de la consulta. El primer ministro griego no es un político blando, como la mayoría de sus colegas de la UE. Es nieto e hijo de primeros ministros, sufrieron exilios, y su padre creó el PASOK, un “movimiento” con claras connotaciones nacionalistas –“panhelénicas”-, y que en su origen (año 1974) era partidario de que Grecia se saliese de la OTAN y de las instituciones europeas. De manera que los atildados y conservadores colegas no tuvieron otro remedio que manifestarle que respetaban la decisión griega de consultar a su pueblo. Pero su arriesgada decisión chocó con el pensamiento de su ministro de Finanzas, y de una parte de su grupo parlamentario.

Papandreu cedió porque no le siguió todo su grupo parlamentario. Fue un triunfo de la democracia interna, del régimen parlamentario griego, en comparación con la torpeza de la burocracia ilustrada que dirige Europa. ¿Qué pasará con Papandreu después? Lo lógico sería que cediese el cargo. Sin embargo, tiene una gran capacidad política, y no sería extraño que lograse formar una coalición con algunos conservadores. Un pequeño partido de centroderecha puede estar interesado. Dejaría a “Nueva Democracia” desprestigiada ante los europeos. Tal vez entonces consiguiese lo que buscaba con su fallido referéndum: asumir el “rescate” europeo, y al mismo tiempo, doblegar la prepotencia de “los mercados”, y sus servidores, los políticos que no creen en la política.
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